NOTA: ¿ALGUIÉN LEYENDO? DEJA COMENTARIO ME ANIMA A ESCRIBIR MÁS, POR CIERTO DEJEN LAS POWER STONEEESSSSS! xD
Meiko Shiraki no insistio más al ver que Takeshi parecía confiado, después de todo desde su punto de vista esto era realmente inútil.
Si fuera ella, definitivamente podría usar la mesa como escudo improvisado y abrirse paso a la fuerza, confiando en su brutalidad física. Pero Takeshi no era por menospreciarlo… pero en apariencia, no parecía alguien capaz de algo así.
—¿Crees que haría algo si no estuviera seguro de poder hacerlo? —preguntó Takeshi, mirando a Shiraki Meiko de reojo quien lo miraba con ojos extraños.
Tras escuchar su tono firme, Meiko no insistió más.
¡Bang!
La puerta del aula vibró violentamente. La presión del exterior era cada vez mayor; demasiados zombis se agolpaban contra ella, empujando sin descanso.
Shiraki Meiko reaccionó de inmediato y tomó una mesa cercana, colocándola frente a su cuerpo como un escudo.
¡Bang!
La puerta finalmente cedió con un estruendo ensordecedor, desplomándose hacia dentro. Los zombis irrumpieron en el aula con gruñidos ásperos y movimientos torpes, extendiendo sus brazos putrefactos en todas direcciones.
Sin dudarlo, Takeshi levantó una mesa, la sujetó con firmeza y cargó hacia adelante.
—¡Ahora! —gritó.
¡Bang!
Impulsado por su talento de Fuerza Monstruosa, Takeshi embistió de lleno contra el grupo de zombis que acababa de entrar.
El impacto fue brutal: varios cuerpos salieron despedidos, estrellándose contra las paredes y el suelo, con sus extremidades retorcidas en ángulos imposibles.
—¿¡Qué…!? —Meiko abrió los ojos con sorpresa al ver esto con completa incredulidad.
Podía sentirlo con claridad: la fuerza de Takeshi no era inferior a la suya. De hecho, por un instante, le resultó inquietantemente similar.
Un zombi logró aferrarse al borde de la mesa de Takeshi, intentando morderlo. Sin soltar el escudo improvisado, Takeshi giró el cuerpo y lo estampó contra un pupitre, dejándolo inmóvil.
—¡Meiko, deja de pensar y muévete! —la llamó Takeshi con urgencia—. ¡Salimos juntos!
—¡De acuerdo!
Al ver la situación a Meiko no le importo que Takeshi dejará los honoríficos de lado, saliendo de su sorpresa Meiko asintió y cargó también con su mesa.
Su embestida fue igual de feroz, varios zombis cayeron al suelo como bolos, aplastados o empujados violentamente fuera del camino.
Aunque no estaban completamente eliminados, quedaron lo suficientemente desorientados como para no poder levantarse de inmediato.
Ambos avanzaron como dos camiones a toda velocidad, atravesando el pasillo con mucha brutalidad, choques y gruñidos resonaban haciendo la escena más emocionante.
Las mesas crujían, los zombis caían, y el suelo quedaba cubierto de zombies con sus extremidades retorcidas emitiendo gruñidos furiosos.
En cuestión de segundos, llegaron a la entrada del primer piso de la Preparatoria Fujimi.
…
—¡Rápido! ¡Suban al autobús! —gritó Saeko Busujima desde el exterior.
Ella y los demás ya habían llegado al autobús escolar y habían abierto la puerta. Gracias a que la mayoría de los zombis se concentraron en el edificio, el trayecto fue sorprendentemente relajado.
Salvo algunos zombies lentos que fueron destrozados con facilidad por Saeko y Rei todo salió como estaba planeado
Shizuka Marikawa ya estaba sentada en el asiento del conductor, con el motor encendido. —¿Todavía no han salido Ryuzaki-sensei y Shiraki-san? —preguntó con preocupación.
—Aún no —respondió Saeko, sin apartar la vista del edificio.
¡Bang!
De repente, la puerta del primer piso explotó hacia afuera.
Takeshi y Shiraki Meiko salieron disparados, cada uno cargando una mesa, usándolas para atravesar la salida.
Al romper la puerta, varios zombis que se encontraban justo detrás quedaron inconscientes o aplastados bajo los escombros.
—¿Qué demonios…? —murmuró Takagi Saya—. ¿Esos dos no son humanos… verdad?
Recordó cómo Meiko podía patear cabezas de zombis como si fueran balones, y por un momento todo pareció tener sentido. Pero entonces frunció el ceño.
Meiko… sí. ¿Pero Takeshi-sensei?
No fue la única en notarlo. Saeko Busujima y Rei Miyamoto también observaron la escena con expresiones de desconcierto.
Shizuka, en cambio, simplemente sonrió con los ojos llenos de admiración. —Takeshi-sensei es increíble, ¿verdad?
Tras salir del edificio, Takeshi y Meiko se dirigieron directamente al autobús escolar sin detenerse.
Incluso en el exterior, lograron abrirse paso entre los pocos zombis restantes, empujándolos violentamente fuera del camino.
—No sé ustedes —murmuró Saya con incredulidad —pero empiezo a sentir que esos dos dan más miedo que los zombis.
Saya no mentía después de todo por muy feroces que fueran los zombies eran en su mayoría estúpidos que actuaban por puro instinto, pero estos dos monstruos no eran así, si uno de estos dos te daba un puñetazo al menos podrías terminar con una varias costillas rotas.
O en el peor de los casos al igual que antes Meiko con los zombies te volaría la cabeza ¿verdad?
Con un estallido que hizo vibrar el aire, Takeshi aplastó a un zombi usando la mesa como si fuera un ariete improvisado.
El impacto le dio de lleno en la cabeza. La cabeza como sandía estalló en pedazos, la sangre y el material cerebral salpicó por todos lados, el cuerpo del zombie se sacudió un par de veces, los brazos temblándole de forma extraña, y luego se desplomó sin volver a moverse.
Meiko Shiraki no se quedó atrás. Avanzaba con una ferocidad implacable, usando la mesa para embestir y rematar sin piedad a cualquier zombi que se interpusiera en su camino.
Sus movimientos eran limpios, precisos y brutales. Por un momento, daba la impresión de que Takeshi y Meiko no eran dos personas, sino dos autos deportivos lanzados a toda velocidad por una pista estrecha.
Cualquier zombi que chocara contra ellos estaba condenado a salir volando o en el peor de los casos con la cabeza volada en pedazos.
Un cadáver se aferró al borde de la mesa de Takeshi, intentando morder. Él frunció el ceño, giró el cuerpo y, con un movimiento rápido, estampó al zombi contra la pared.
El cráneo se abrió con un sonido desagradable antes de que el cuerpo se deslizara al suelo salpicando sangre y sesos.
—No te detengas Meiko! —grito Takeshi sin mirar atrás.
—No pienso hacerlo sensei, avanza!—respondió Meiko, empujando a otros dos zombis por las escaleras de a lado.
Uno de los zombies al ser lanzado se pego con el filo de la barandilla y su cráneo quedó incrustado en el metal.
Desde el autobús escolar, Shizuka Marikawa, Saeko Busujima y los demás observaban la escena con expresiones entre la sorpresa y el asombro.
—Marikawa-sensei, Takeshi-sensei y Shiraki-san ya salieron —avisó Saeko con calma —Podemos partir en cualquier momento.
—¡De acuerdo! —respondió Shizuka, asintiendo mientras llevaba las manos al volante, lista para arrancar.
—¡Oigan! ¡Los del autobús! ¡Esperen un momento! ¡No nos dejen atrás!
La voz llegó desde el lateral del patio, cargada de urgencia.
—¿Eh? —Takeshi giró la cabeza instintivamente.
Vio a un hombre de mediana edad, trajeado, con gafas bien acomodadas y una expresión falsa de serenidad, liderando a un grupo de estudiantes que corrían desesperados hacia el autobús.
Su postura era recta, casi ejemplar. A simple vista, parecía un profesor responsable y digno de confianza.
Takeshi lo reconoció al instante.
Koichi Shido.
Un hombre hipócrita, con una fachada moral impecable y un carácter tan retorcido como repulsivo. El mismo responsable de que Rei Miyamoto hubiera tenido que repetir curso.
Shizuka Marikawa dudó. No arrancó de inmediato. Cómo médica, no podía ignorar a personas pidiendo ayuda, y además, el autobús aún tenía asientos disponibles.
—¿Quiénes son esos? —preguntó Saya Takagi, frunciendo el ceño mientras observaba al grupo acercarse.
—Es Shido-sensei, de la clase 3-A —respondió Saeko tras una breve mirada—Lo reconozco.
Al escuchar ese nombre, el rostro de Rei Miyamoto se tensó de inmediato. Sus manos se cerraron con fuerza alrededor de su arma.
Para entonces, Takeshi y Meiko ya habían alcanzado el autobús escolar, aún sosteniendo las mesas, con restos de sangre oscura y fragmentos de carne adheridos a la madera.
Takeshi levantó la vista hacia el grupo que se aproximaba… y sus ojos se estrecharon con cautela.
Takeshi también notó de inmediato la expresión distorsionada en el rostro de Rei Miyamoto.
Era plenamente consciente de la situación de Rei y, al mismo tiempo, sentía una repulsión instintiva hacia Koichi Shido. No necesitaba pensar demasiado para saber qué clase de persona era.
—Takeshi-sensei, ignoremos a esa gente y vámonos. Dejemos que esa escoria se quede atrás —dijo Rei Miyamoto con los dientes apretados.
Ella sabía que, si Takeshi daba la orden en ese momento, Shizuka Marikawa arrancaría el autobús sin dudar y dejaría atrás a Koichi Shido y a su grupo.
Takeshi dirigió la mirada hacia el hombre que lideraba al grupo. Además de Koichi Shido, había varios estudiantes con uniformes escolares, jadeando mientras corrían.
Aunque esos estudiantes no eran más que carne de cañón desde el punto de vista de la trama, salvarlos todavía otorgaba una pequeña recompensa. No eran completamente inútiles.
En cuanto a Koichi Shido… Takeshi no tenía la menor intención de salvarlo.
De hecho, permitir que se acercara al autobús solo para luego negarle la salvación haría que la desesperación fuera aún mayor.
Tener la oportunidad de vivir justo frente a los ojos y verla desaparecer debía ser una experiencia exquisitamente cruel.
Si podía, Takeshi planeaba sacar a los estudiantes de la Academia Fujimi y dejarlos en un lugar relativamente seguro. Eso era lo máximo que estaba dispuesto a hacer por ellos.
—Miyamoto-san, esas personas no parecen estar mordidas y el autobús es lo suficientemente grande —dijo Takeshi con calma—Podemos esperar un poco.
—¡Takeshi-sensei, ese bastardo de Koichi Shido no merece ayuda! —Rei lo sujetó del brazo, claramente alterada.
Takeshi se inclinó ligeramente y susurró cerca del oído de Rei: —Nunca dije que fuera a salvar a Koichi Shido. Solo a los estudiantes.
Mientras hablaba, una leve sonrisa apareció en su rostro.
No era una sonrisa amable, sino una sonrisa despiadada, su desagrado hacía Koichi Shido no venía por la trama, durante su breve estancia de trabajo en la Preparatoria Fujimi escucho rumores acerca de Koichi Shido empleaba su alto estatus como profesor y de su gran familia para abusar de las estudiantes de la preparatoria, también se decía que amenazaba a las madres de algunos estudiantes para realizar cosas "inapropiadas".
Aunque eran rumores conociendo la personalidad desagradable y mezquina de este tipo no era del todo imposible que sea cierta.
—¿Eh…?— Rei se quedó rígida sin poder creer del todo lo que Takeshi había dicho —¿En serio…?
Takeshi asintió —Por ahora vuelve al autobús, deja que yo me encargue.
Rei Miyamoto sorprendida asintió levemente y tal como lo dijo Takeshi volvió al autobús, en cuanto a Takeshi estaba esperando la oportunidad, silenciosamente se acercó hacía el grupo de Koichi Shido.
Koichi Shido no tenía ni idea que sus minutos de vida estaban en cuenta regresiva, sin importarle quienes estuvieran en el autobús apuntó hacia el y dijo con arrogancia. —Rápido, suban al autobús, no olviden mantener el orden.
Bajo su liderazgo, los estudiantes comenzaron a subir de manera sorprendentemente ordenada. A simple vista, Koichi Shido parecía el modelo perfecto de un profesor responsable.
Justo entonces, un estudiante con gafas, que llevaba varios libros apretados contra el pecho, tropezó por correr demasiado rápido y cayó pesadamente al suelo.
—¡Maestro…! Me torcí el tobillo… por favor, ayúdame —suplicó, con el rostro pálido de miedo.
Koichi Shido se detuvo y ajustó sus gafas lentamente. Su expresión se ensombreció por un instante, apenas perceptible, era claro que la petición de este estudiante le había desagradado.
—¿Te torciste el tobillo…? —repitió con frialdad.
Takeshi observaba la escena en silencio, con los ojos entrecerrados sin querer hacer nada por el momento.
