En el salón del viejo castillo,
reposa tu cuadro,
envuelto en brillo.
Tus ojos me siguen,
dulces,
severos,
como los amores que fueron sinceros.
Tu rostro no envejece,
tu piel no se apaga,
mientras mi vida,
fugaz,
se embriaga.
A veces juraría oír tu risa,
cuando el viento roza la vieja cornisa.
Te pintó mi pena,
mi amor y mi herida,
te dio la eternidad que niega la vida.
Y aunque el tiempo borre mi pobre memoria,
tú vivirás,
amor...
en el arte y la historia.
