Desperté en un campo de luces cansadas,
y el alba llegaba con alas heladas.
El rocío lloraba sobre las flores,
como mi pecho lloró tus amores.
En tus labios hallé mi amanecer,
en tus brazos,
mi razón de ser.
Pero el sol,
celoso del brillo en tu piel,
te arrebató al mundo,
cruel y fiel.
Aún sueño contigo en cada mañana,
cuando el cielo tiembla y el alma llama.
Y en ese instante,
cuando el día respira,
tu nombre,
amor mío...
el viento suspira.
