NOTA: DEJEN SUS PIEDRAS DE PODER CHICOS!
Takeshi aprovechó la distracción para bajar su otra mano por la cadera de Saeko, siguiendo la línea externa de su muslo hasta rozar la piel desnuda bajo su falda.
El cuerpo de Saeko se tensó de golpe, sus músculos rígidos bajo el contacto de sus manos. Al notar esto, él se detuvo abruptamente sabiendo que se había dejado llevar por la emoción del momento.
Esta no era una simulación en la que pudiera permitirse actuar de forma tan dominante. Si bien aquel "yo" en la simulación reflejaba cómo podrían desarrollarse las cosas si se dejaba llevar por el impulso, sabía perfectamente que la realidad era distinta. En el fondo, no se atrevía a ser tan inescrupuloso.. no de verdad.
Con Shizuka, en cambio, todo había sido diferente. Muy diferente. Admitía aunque a regañadientes que había recurrido a tácticas deshonestas, aprovechándose de su ingenuidad para obtener ciertos beneficios. Ambos sentían una atracción mutua, y eso era lo único que le permitía justificarlo… o al menos intentarlo.
Al final, todo resultaba demasiado complicado, y no quería pensar más en ello. Tal vez era simplemente un hipócrita, buscando desesperadamente la forma de excusar lo baja y jodidamente mala que era su moral.
El pecho de Saeko subía y bajaba aceleradamente, intentando recuperar el aire perdido, y al escuchar la disculpa sincera de Takeshi, salió lentamente del trance momentáneo de aquella apasionante situación.
La realidad del entorno, los cadáveres y la sangre a su alrededor, volvieron a enfocarse ante sus ojos, pero no para asustarla, sino para contrastar con lo que acababa de suceder.
Saeko lo miró a los ojos y vio el remordimiento en él eso le provocó una sonrisa suave, casi imperceptible, Saeko sacudió ligeramente la cabeza mientras sonreía suavemente.
—E-está bien, sensei... —respondió Saeko, todavía con el aliento entrecortado— En verdad no es necesario que pongas esa cara tan seria. No es como si me estuvieras obligando o algo así.
Hizo una pausa, desviando la mirada por un instante con una mezcla de vergüenza y honestidad, antes de volver a mirarlo directamente a los ojos.
—Yo tampoco lo detuve, ¿verdad? —susurró ella mientras ahuecaba su rostro con sus manos y lo miraba con dulzura, esta confesión flotó en el aire pesado entre los dos.
Después de esa pequeña pausa Saeko continuó —Al contrario... mi cuerpo reaccionó mucho más de lo que imaginé. Con todo lo que hemos pasado hoy... supongo que realmente nos emocionamos o algo así.
Saeko llevó una de sus manos al pecho, intentando calmar el frenesí de su propio corazón, mientras la otra permanecía cerca del rostro de Takeshi rozandolo ocasionalmente.
La atmósfera extraña que envolvía a Takeshi había impuesto sobre sí mismo comenzó a disiparse ante la honestidad de Saeko.
—Si me detuve fue por una reacción natural de mi cuerpo, no por rechazo sensei —continuó ella bajando levemente la voz —Nadie me había tocado así antes... me sentí... extraña. Pero no una mala extrañeza. Solo fue demasiado intenso por un segundo.
Takeshi la miró, procesando sus palabras y viendo que no había señal de haber fingido en su rostro. Sus manos que se habían retirado de su cuerpo, ahora flotaba indecisa en el aire, queriendo volver a tocarla pero conteniendose.
—¿Segura? —preguntó Takeshi, su voz volviendo a una calma más profunda, buscando una confirmación total en sus ojos.
—Sí, sensei. Solo... quizás un poco más despacio la próxima vez —admitió Saeko, permitiéndose una pequeña sonrisa burlona a pesar de su rubor —Pero nunca pensé sensei que fueras este tipo de persona, normalmente siempre actúas como si tuvieras todo bajo control.
....
Ante esto, Takeshi se golpeó la nariz con el dedo índice, un gesto torpe de pura vergüenza. Evitó el contacto visual, sintiendo cómo el calor subía por su nuca hasta las puntas de sus orejas.
La realidad era que, en su vida anterior, no era muy bueno con las mujeres de hecho, su experiencia era nula.
Conseguir pareja había sido una tarea titánica, frustrante y, a menudo, aterradora. Vivía en una época donde el simple temor a una denuncia injustificada, o una palabra mal interpretada, bastaba para acabar con un hombre para siempre.
Bastaba con que una mujer decidiera mentir o exagerar para que tu vida se arruinara de la noche a la mañana; tu reputación, tu trabajo y tu futuro podían desvanecerse con una simple acusación, sin importar la verdad o la mentira. Bueno al menos así era en su país puede que la situación en otros lugares fuese diferente.
Dejando eso de lado estaba realmente avergonzado. Habían quedado en que sería solo un par de besos nunca esperó que las cosas se salieran de control. Afortunadamente, se detuvo a tiempo. De lo contrario… bueno, habría sucedido lo que inevitablemente tenía que suceder.
Saeko y Takeshi se levantaron con cierto aire de vergüenza. Él, por supuesto, la ayudó a incorporarse al terminar y calmar sus emociones Takeshi haciendo uso de su fuerza monstruosa tal como habían hecho en los otros pisos, reunió los cadáveres de los zombis con ayuda de Saeko en un solo lugar.
Por suerte, los pisos del primero al tercero no albergaban demasiados de esos monstruos, y se aseguraron de eliminarlos con rapidez y precisión, evitando ensuciar más de lo necesario. De otro modo, ninguno de los dos habría podido dormir tranquilo esa noche.
Además, no planeaban permanecer mucho tiempo en aquel lugar, así que no valía la pena preocuparse demasiado por la limpieza.
Aun así, Takeshi tenía la idea de sacar los cuerpos al estacionamiento, claro, eso sería después de darse un baño y pasar por la piscina
El calor era realmente insoportable; incluso alguien como él, con una fuerza superior al promedio, no podía escapar de las garras de la temperatura.
Si se esforzaba demasiado bajo este calor, probablemente terminaría deshidratado o, peor aún, sufriría un golpe de calor. Si eso llegaba a suceder, la situación se volvería verdaderamente problemática.
Una vez terminado todo esto Saeko y Takeshi se prepararon para continuar limpiando todos los pisos restantes.
.....
—¡Guaaau! ¿Podemos usar todos estos trajes de baño? ¿No se ven demasiado caros para que sean gratis? —exclamó Saya Takagi, dejando escapar una exclamación de asombro mientras sus ojos barrían la tienda que tenía ante sí.
Se encontraban en una pequeña pero exquisita boutique de ropa situada estratégicamente al borde de la piscina privada del hotel.
Aunque Mai Sakurajima había mencionado que era pequeña, la realidad era que el espacio estaba optimizado para dar una sensación de amplitud lujosa, contaba con unos cien metros cuadrados de superficie, perfectamente distribuidos.
El interior estaba abarrotado, pero de una manera ordenada y elegante, con multitud de percheros desplegados en hileras que exhibían todo tipo de diseños imaginables.
Desde bikinis mínimos hasta trajes de una pieza sofisticados, cada prenda parecía gritar calidad. Además, para comodidad de la clientela, la tienda disponía de dos probadores espaciosos y privados con cortinas de tela gruesa, garantizando que la experiencia de cambio fuera cómoda y exclusiva.
Justo en la entrada, dos maniquíes de plástico con posturas provocativas servían de anuncio estaban vestidos con elegantes trajes de baño que brillaban bajo la iluminación cálida del local.
Todo en el ambiente, desde los aromas hasta la disposición de la mercancía, indicaba que aquello no era una tienda cualquiera, sino un establecimiento especializado en moda de playa de alta costura.
—Que no te sorprendas tanto Takagi-san —intervino Mai Sakurajima con una sonrisa, cruzándose de brazos mientras observaba a su nueva amiga
—Estos trajes de baño fueron proporcionados directamente por el dueño del hotel para aquellos clientes que por descuido o capricho, no trajeron los suyos. Es un servicio adicional completamente gratis. De hecho, sé por información fidedigna que abrieron deliberadamente esta boutique justo frente a la piscina para facilitar la comodidad de los huéspedes.
—Oh... —murmuró Saya, procesando la información mientras asentía lentamente —Así que es así.
Tras asimilar la explicación de Mai, Saya entró de lleno en la tienda de trajes de baño, acercándose a los percheros con una curiosidad.
Dado de donde venía, Saya estaba acostumbrada a rodearse de lujos y poseía un ojo entrenado para los materiales finos.
No necesitaba tocar las telas para saber su calidad, pero aun así, extendió la mano hacia una de las prendas colgadas en el extremo, atraída por su corte y colorido.
Al examinarla más de cerca, sus dedos rozaron la superficie suave y resiliente del tejido dejándola completamente maravillada
—¿Eh? ¡Vaya! ¡Un traje de baño muy lindo, y además es de diseñador! —gritó Saya, incapaz de contener su entusiasmo mientras inspeccionaba la etiqueta interior —Y la tela es increíblemente buena. Es una mezcla de fibras sintéticas de alta tecnología, resistencia al cloro y tacto sedoso.
Saya sostenía el traje de baño frente a sí, evaluando su confección con la mirada crítica de una experta.
Aquellos bañadores no eran prendas estándar encontradas en cualquier supermercado, eran auténticas piezas de alta gama, confeccionadas por marcas de diseñador reconocidas internacionalmente.
Los precios, aunque no estaban a la vista, podían adivinarse por la calidad de los acabados. La riqueza de Saya le permitía juzgar instantáneamente que la mercancía de esa tienda estaba muy por encima del promedio.
Se sintió tentada a tomar varios de aquellos modelos para llevárselos a casa y añadirlos a su propio closet pero pensando que podría ser llevada a prisión detuvo sus movimientos.
Sin embargo justo cuando dudaba recordó el apocalipsis zombie al momento siguiente el rostro de Saya se ensombreció "Supongo que a nadie le importaría si los tomará simplemente y ya." pensó Saya con ironía.
Mai Sakurajima quién estaba justo a su lado mirando de aquí a allá naturalmente notó el rostro melancólico de Saya pero no dijo nada después de todo también estaba del mismo humor.
—Jeje, es cierto —rió Saya para aliviar sus ánimos, al mismo tiempo asintió levemente mientras una sonrisa de complicidad se dibujaba en su rostro —Un hotel de este nivel no puede permitir fallos en los detalles, ni siquiera en cosas tan insignificantes como estas ¿verdad?
Mientras las dos chicas conversaban sobre la costura y las telas, la paciencia de la tercera integrante del grupo llegó a su límite.
—¡En serio, para qué molestarse con todo eso! ¿Qué importa la marca? —gritó Shizuka Marikawa, interrumpiendo la charla con su voz vibrante y llena de energía —¡Pongámonos los trajes de baño y vayamos a nadar ya! ¡Qué ganas tengo de quitarme este calor de encima!
Sin dar tiempo a más demora, Shizuka comenzó a desvestirse con una falta de vergüenza absoluta.
Mientras hablaba, se quitó la ropa con movimientos fluidos. Pronto, Shizuka se quedó completamente desnuda en medio de la tienda.
Su magnífica figura, esculpida por la naturaleza y mantenida con esmero, quedó en plena exhibición bajo la luz del local. La piel de Shizuka, suave y tonificada, brillaba levemente, capturando la atención de cualquiera que estuviera en la sala.
Lo primero que destacaba era su impresionante busto. Dos imponentes picos de carne blanca y suave se erguían orgullosos, desafiando la gravedad con una forma y volumen que parecían casi irreales dada su perfección.
Los pezones, todavía rosados y sensibles al cambio de temperatura, coronaban esos dos masas de carne de suavidad, erigidos y prominentes, buscando el contacto con el aire fresco.
Pero la vista no terminaba ahí. Al bajar la mirada por el abdomen con un poquito de grasa de Shizuka, la impresionante vista de su entrepierna también se mostraba en su totalidad.
El lugar estaba suavemente depilado con un vello ligero y dorado que enmarcaba el pliegue, revelaba los labios mayores, carnosos y ligeramente separados, insinuando la húmeda y cálida profundidad que se ocultaba entre sus muslos.
Todo su cuerpo, una sinfonía de curvas y pliegues sensuales, estaba allí, expuesto sin pudor alguno, reclamando la atención de las personas.
¿¡Nani!?
Ambas chicas exclamaron con incredulidad al ver a Shizuka actuar con tanta naturalidad. Aunque la escena las tomó por sorpresa, no era algo completamente inesperado después de todo, allí solo había chicas, así que no debía haber ningún problema.
Lo que realmente las dejó sin palabras fue la figura de Shizuka. Mai Sakurajima al ver esto miró el busto de Shizuka, después el suyo y se deprimió de inmediato.
"Esto...esto... No es un sueño ¿verdad" Pensó Mai completamente deprimida.
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