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Chapter 73 - Capítulo 72: Tejido en Falsedades

Las escaleras y plataformas se sucedían con una regularidad casi ceremonial. A diferencia del espacio anterior, este entorno estaba cuidadosamente dispuesto. Las decoraciones seguían patrones simétricos, los pasillos se abrían con una intención clara y los maniquíes ya no aparecían retorcidos ni sometidos, sino esculpidos en poses elegantes. Cada uno parecía representar una disciplina artística distinta. Algunos evocaban el ballet, otros el teatro, la música o la oratoria.

Marzo vio aquella vista con curiosidad.

"Esto es tan diferente." Comentó mientras observaba a su alrededor. "Todo se ve mucho más ordenado en el espacio anterior. Incluso ellos…"

Señaló a los maniquíes.

"Parece como si estuvieran posando para una obra."

"Escuchen entonces este relato. Tras la lucha por el poder, siete grandes linajes se alzaron sobre la Tierra de los Exiliados. Árbol. Fruta. Flor. Ave. Hierba. Bestia. Insecto."

Mientras hablaba, avanzaban hacia una plataforma circular. El suelo estaba cubierto por una alfombra roja de terciopelo, y alrededor de ellas se alzaban espejos altos, iluminados por filas de luces blancas como las de los camerinos de las celebridades.

"Por supuesto." Continuó Sunday. "De esas siete, hoy sólo permanecen cinco. Esta etapa de la historia es rica y compleja, así que intentaré resumirla sin perder su esencia."

Stelle bostezo mientras intentaba soportar el aburrimiento.

"La paz nunca existió realmente en la Tierra de los Exiliados. El líder de la Familia Alfalfa intentó desertar hacia la Corporación. Buscó sobrevivir entregando su lealtad a cambio de libertad. Sin embargo, fue capturado por su propio hijo mayor y ejecutado en el acto. El hijo tomó su lugar como cabeza de familia, preservando el honor a través de la sangre."

A medida que avanzaban, los maniquíes comenzaron a moverse. Algunos se encaraban entre sí, otros gritaban insultos, y pronto la confrontación escaló hacia golpes, empujones y asesinatos entre ellos.

"La Tierra de los Exiliados enfrentaba enemigos externos e internos." Dijo Sunday. "Aunque hacia el exterior los siete linajes aparentaban cooperación, cada uno seguía sus propias ambiciones. Esa hipocresía fue la semilla de un conflicto interminable."

Otra plataforma se abrió ante ellas. Esta vez, el suelo estaba cubierto de maniquíes acostados en posición fetal. No luchaban ni se movían. Simplemente yacían allí, inmóviles.

"La Familia Ciruela fue la primera en caer." Prosiguió. "Todo gracias a los planes de la Familia Alfalfa durante el evento conocido como el Desierto Blanco. Su poderío pasó a la historia. Luego cayó la Familia Polilla. Junto a uno de los Anónimos partieron para extender los rieles estelares dejados por el Expreso. Fueron asediados por los restos del Enjambre, lamentablemente ninguno regresó."

Siguieron movimiendose por las plataformas.

"Años después, cuando Gopher Wood entró en contacto con la Familia y se ganó el respeto de los cinco linajes restantes, la Tierra de los Exiliados adoptó el nombre que hoy conocen. La Tierra de los Sueños."

Un maniquí se adelantó desde el borde de la plataforma. Su cuerpo era de un negro pulido, contrastado por un mohicano dorado y ropajes del mismo color. En una mano sostenía un cáliz dorado.

"Damas." Dijo con una leve inclinación. "¿Serían tan amables de ayudarme a purificar el veneno que los instigadores han extendido por mi mansión?"

A sus pies, cinco maniquíes permanecían postrados, con las cabezas tocando el suelo.

Marzo abrió la boca para preguntar, pero Stelle se adelantó.

"Está bien." Dijo sin dudar.

Marzo soltó un suspiro.

"¿Por qué aceptas todo tan rápido?" Le preguntó.

Stelle se encogió de hombros.

"Parece necesario para seguir avanzando." Respondió. "Y de todas formas íbamos a hacerlo."

Himeko asintió.

"Coincido." Dijo mientras avanzaba junto a Stelle. "Será mejor escucharlo."

Marzo frunció los labios e hizo un puchero pero finalmente las siguió.

El maniquí elevó el cáliz ligeramente.

"Deseo su ayuda para que puedan recuperar la calma de la razón." Dijo. "Y liberarnos de las cadenas de la hipocresía."

Las tres se apartaron unos pasos.

"Para este punto," Murmuró Marzo. "Parece que la Familia tuvo un impacto enorme en Penacony. Pero no me siento cómoda con él. Suena educado, pero… algo no está bien."

"Creo que exageras." Respondió Stelle.

Himeko intervino con calma.

"Tal vez ese sea el propósito de Sunday." Dijo. "Que leamos entre líneas. Ver cómo la Familia transformó Penacony y notar lo familiar que resulta cuando se compara con lo que hicieron los antiguos carceleros."

Stelle se acercó al primer maniquí de la izquierda, quien vestía ropajes de artista y se inclinó un poco hacia él.

"¿Por qué estás así?" Preguntó.

El maniquí levantó su rostro.

"En ausencia de mi señor soy libre." Respondió. "Pero sin él… ¿a quién le cantaré?"

La voz del maniquí negro resonó detrás de ellas.

"Los corazones de los corruptos sólo podrán ser salvados por la melodía de la tranquilidad."

Esta es la proclama del Nuevo Señor.

El maniquí inclinado extendió la mano hacia Stelle.

"Ayúdame." Dijo. "Permíteme alzarme."

Stelle lo ayudó a ponerse de pie.

"Serviré a mi nuevo señor." Proclamó entonces. "Así como su noble voz guió a los perdidos en el cosmos."

Mientras tanto, Marzo tomó el camino opuesto y se detuvo frente al primer maniquí de la derecha. Vestía ropajes de contador. Su mirada era rígida y devota.

"Mi señor regresará." Dijo con fervor. "Y cuando lo haga, seré recompensado por mantenerme leal hasta el final."

El maniquí de negro alzó su cáliz.

"La razón exterminará el veneno del pasado que impide ver el futuro."

Esta es la proclama del Nuevo Señor.

Marzo lo ayudó a ponerse de pie.

"Ahora que mi señor se ha ido, ya no esperaré una recompensa." Murmuró. "Tomaré lo que merezco. Incluso si debo hacerlo por la fuerza."

Himeko se acercó al maniquí que permanecía en el centro. Su figura era más robusta que la de los demás y vestía ropajes propios de un escolta. Portaba una lanza apoyada contra el suelo, y aunque estaba arrodillado, su postura conservaba una rigidez marcial.

Alzó la cabeza al percatarse de su presencia.

"Como el guardaespaldas más leal." Declaró con firmeza. "Ahora que mi señor ha sido expulsado, poseo el legítimo derecho de reclamar sus dominios como míos."

"Sin serenidad, no hay escapatoria de la penumbra donde acecha la muerte."

Así lo declaró el Nuevo Señor.

Himeko no respondió y en su lugar opto por extender su mano para ayudarlo a ponerse de pie.

El guardaespaldas se irguió, pero su cuerpo comenzó a temblar.

"Ha pasado mucho tiempo desde que mi señor se fue…" Murmuró. "Entonces… ¿por qué aún tiemblo al recordar las sombras de sus creaciones?"

Stelle y Marzo avanzaron hacia los dos últimos maniquíes arrodillados. Uno vestía las ropas de una consejera. El otro llevaba un uniforme pulcro de mayordomo.

"Sin mi señor creí que encontraría la libertad." Dijo la consejera con amargura. "Pero sólo terminé siendo guiada por los ciegos."

El mayordomo levantó la vista con una expresión rígida.

"Me convertiré en un nuevo señor." Declaró. "O esperaré el regreso del anterior. ¡Pero jamás juraré lealtad a un nuevo señor!"

El cáliz del maniquí negro brilló al alzarse.

"Sólo con corazones calmos se evitará caer en las instigaciones de los enemigos ocultos." Declaró el Nuevo Señor. "Deseo que recuperen la calma de la razón y rompan las cadenas de la hipocresía."

Stelle y Marzo los ayudaron a ponerse de pie.

"Debo buscar un nuevo señor." Dijo la consejera. "Y declararle mi lealtad."

"Sin un señor…" Murmuró el mayordomo. "¿Quién me otorgaría la verdadera libertad?"

El Nuevo Señor elevó su cáliz una vez más.

"Agradezco a los forasteros." Dijo con cortesía. "Han devuelto la cordura a mis sirvientes."

Luego se volvió hacia ellos.

"Su viejo señor jamás regresará." Continuó. "Sólo mediante la justicia y el apoyo mutuo incondicional alcanzaremos la perfección. Al quitarnos el velo de la hipocresía y abrazarnos unos a otros, veremos la auténtica verdad."

Himeko frunció el ceño.

Los maniquíes comenzaron a levantar sus armas.

"¡Hey! ¿No los ayudamos? ¡¿Qué les ocurre?!" Dijo Stelle mientras les gruñia con molestia.

"No deseo cometer actos crueles contra los amables forasteros que ofrecieron su ayuda." Respondió el Nuevo Señor mientras agitaba suavemente su cáliz. "Pero comprendan esto. Mis sirvientes sienten vergüenza por haber sido vistos en un estado tan patético y anti estético. Y si debo elegir entre forasteros y mis sirvientes… la elección es evidente."

"Prepárense." Ordenó Himeko.

Stelle adoptó su postura con el bate. Marzo tensó su arco y una flecha de hielo tomó forma. Himeko activó su sierra.

Los sirvientes se lanzaron al ataque.

El Nuevo Señor bebió del líquido púrpura de su cáliz.

"La nieve cubre por completo a Asdana." Murmuró. "Los cielos tiemblan. La tierra se tambalea al borde del colapso. En los confines de un universo seco y estéril… los pobres retoños germinarán bajo el sol naciente."

El guardaespaldas intentó empalar a Marzo, pero Stelle bloqueó el golpe con fuerza. Las flechas de Marzo atravesaron al Cantante, que se fragmentó en hielo sobre el suelo. El Contador fue despedazado por la sierra de Himeko.

La consejera intentó emboscarla con su estoque, pero Marzo la interceptó con una lluvia de flechas que permitió a Himeko destrozarla.

Stelle sonrió mientras combatía al guardaespaldas. El mayordomo cayó rápidamente ante el ataque coordinado de Marzo y Himeko.

El guardaespaldas rugió y atacó con todas sus fuerzas intentando ensartarla, pero su rígido cuerpo no podía seguirle el ritmo a Stelle.

"¡Eres demasiado rígido!" Se quejó Stelle. "Y muy predecible."

Cargó su bate con energía y lo derrotó de un solo golpe.

"¡Que aburrido!"

El Nuevo Señor se irguio, y le dio una mirada escrutadora.

"Es lamentable que mis pobres sirvientes hayan perecido." Dijo. "Pero al menos cayeron dandoles batalla con todo lo que tenían."

Alzó el cáliz y arrojó el líquido púrpura al suelo. La sustancia se extendió con rapidez mientras la electricidad comenzó a recorrer su superficie.

"¡Aléjense!" Gritó Himeko.

Marzo disparó intentando acabar rápidamente con él, pero el Nuevo Señor rompió las flechas con un movimiento de su brazo. Aun así, la congelación fracturó parte de su extremidad.

"Para dejar semejante marca en mi cuerpo... Inconcebible, tendré que destruirte."

Indignado, se lanzó al ataque, intentando derramar el contenido del cáliz sobre ellas.

Tras lograr escapar del área de daño, Stelle y Himeko crearon una distracción. Aprovechando la oportunidad creada por sus compañeras, Marzo disparó una lluvia de flechas que congelaron el líquido esparcido.

Aprovechando la distracción del Nuevo Señor, Himeko cercenó la mano que sostenía el cáliz. El líquido cubrió al Nuevo Señor y la electricidad lo atravesó mientras la sustancia se volvía fangosa y finalmente se solidificaba.

Stelle le dio el golpe final causando que sus restos se esparcieran en el suelo, como si fuera una pieza de porcelana que se cayó al piso.

Sunday retomó su narración.

"Hasta el final persiguieron su ilusoria libertad, convirtiéndose en esclavos de ese deseo." Dijo. "Así concluye el segundo acto. En medio de una Armonía imaginaria, la Tierra de los Exiliados comenzó su camino hacia la Tierra de las Celebraciones."

"Es demasiado dramático." Se quejó Marzo.

Stelle la miró inexpresivamente.

"¿Recién ahora te das cuenta?"

Himeko observó el espacio en silencio.

"Me pregunto cuántos cambios trajo la Familia." Dijo. "...Y cuántos de ellos fueron realmente buenos."

Subieron las escaleras hacia la plataforma final. Un nuevo cuadro se transformó en un portal.

Marzo se estiró mientras exhalaba con algo de pereza.

"¡Por fin!" Dijo. "Vamos al último acto de esta extraña y pretenciosa obra."

.....

"Los anillos planetarios fueron utilizados para establecer la ley." Murmuró Sunday. "Y con ella, sancionar un nuevo código de conducta para las masas."

El espacio ante ellas se abrió de forma abrupta.

A diferencia de los actos anteriores, este escenario era vasto y desolado. Los colores parecían haberse drenado del entorno, dejando una paleta apagada y casi estéril. Las plataformas flotaban con una geometría estricta y, frente a ellas, una cantidad abrumadora de maniquíes se reunía sobre una plataforma central mucho más amplia.

Marzo observó la escena con el ceño fruncido.

"…Debo admitirlo." Murmuró con una expresión extraña. "A Sunday realmente parecen gustarle mucho los maniquíes."

Stelle ladeó la cabeza.

"¿Crees que tenga interés en el ventriloquismo?"

Sunday continuó sin inmutarse.

"Lo que presenciaron en los actos primero y segundo fue el pasado y el presente de Penacony. Se los mostré con la esperanza de que comprendieran mi deseo de cambio. De que se conmovieran al ver por qué es necesario."

Hizo una breve pausa.

"Ahora les mostraré el futuro."

Las plataformas comenzaron a alinearse lentamente.

"Este es el acto final." Dijo con solemnidad. "La Oda al Orden."

En la plataforma principal, una figura femenina destacó entre los demás maniquíes. Vestía ropajes de directora de orquesta y sostenía una varita alzada con elegancia. Su postura era firme, su presencia absoluta.

"Si el pueblo no es sabio, entonces decidiremos por el pueblo." Declaró con firmeza. "Nosotros decidiremos por el pueblo y cargaremos con las consecuencias. Nos apoyaremos mutuamente. Protegeremos a los débiles y enfrentaremos a los poderosos."

La varita descendió suavemente.

"Antes de que hubiera un Rey, todo seguía su curso natural. Así seguirá siendo incluso tras su partida."

Todos los maniquíes inclinaron la cabeza en una reverencia perfecta hacia la Concejal.

Marzo ladeó la cabeza.

"¿Y ahora qué?" Preguntó en voz baja. "¿Hablamos con ellos… o vamos directo a los golpes?"

Stelle avanzó unos pasos hasta estar frente a los maniquíes.

"Hola." Dijo con simpleza.

Nadie reaccionó. La Concejal ni siquiera la miró.

Stelle frunció el ceño.

"Hey ¡No me ignoren!"

Sunday suspiró suavemente.

"Perdonen mi negligencia, me he olvidado de decirselos." Dijo. "Este último acto es un tanto… diferente a los anteriores."

La Concejal se irguió y se giró hacia ellas. Los maniquíes la imitaron al unísono.

"Es hora de que el antiguo Rey nos hable del antiguo rito."

Sin más advertencias, los maniquíes se lanzaron al ataque. Lanzas descendieron desde todas direcciones, avanzando con una coordinación perfecta. La Concejal movío su varita con precisión, dirigiendo a las filas mientras liberaba ondas de sonido que recorrían el aire.

No eran rápidos.

Pero eran implacables, y su número realmente vasto.

Stelle esquivó por poco una lanza y respondió derribando a varios de un solo golpe. Marzo congeló una formación entera con una lluvia de flechas, mientras Himeko avanzaba cortando filas con su sierra.

"¡Cuidado con la formación!" Advirtió Himeko.

Mientras combatían, una nueva voz se superpuso a la escena.

"Descendiendo por la infinita escalinata en espiral, avanzaré hacia el futuro con cuidado. No es necesario que recuerden mi nombre ni busquen mi existencia. El contorno de mi mente se entrelazará con otras experiencias."

Los maniquíes caían, pero seguían avanzando.

"En la vastedad de la ensoñación nocturna, dejaré rastros tenues a mi paso. No hace falta recordarme ni registrarme. Lo que es mío se marchitará. Los demás trascenderán su delicada naturaleza."

La Concejal intentó reorganizar a sus filas, pero una embestida conjunta la golpeó con brutalidad. Cayó al suelo y el control se rompió con ella.

El camino hacia un nuevo portal quedó despejado.

...

Al cruzarlo, regresaron al Gran Teatro.

Marzo abrió la boca, sorprendida.

El lugar ya no estaba envuelto en sombras, ni había hojas de libro flotando por el aire. Telones rojos caían desde lo alto y una iluminación dorada bañaba cada rincón con una luz cálida.

La figura de Sunday no era visible, pero su voz podía escucharse con claridad.

"El Aeon imbuyó de significado al mundo y perfeccionó todas las existencias del cielo y la tierra. Finalmente, pudo descansar de la creación."

Las tres avanzaron hacia el centro del escenario.

"A pesar de sus buenas intenciones." Continuó Sunday. "Todos los seres pensantes gritaron a Ena. Ella definió el Cosmos con Orden. Pero eso sólo reveló cuán profundamente eran sus marionetas. Así, los seres se unieron… y expulsaron al Aeon al olvido."

Himeko fruncio el ceño.

"Prepárense."

Stelle chasqueo su lengua con molestia.

"Genial, y ese idiota aún no está aquí." Murmuró. "Cuando vea a Aleph le voy a dar un puñetazo. No pienso perdonarle que no se molestara en aparecerse aquí."

"Festejos y cantos vibraron al unísono." Declaró Sunday. "Y las voces enloquecidas clamando por la Grandiosa colmaron el mundo."

Ecos distorsionados de júbilo llenaron el teatro.

Al final de una espléndida alfombra roja, la espalda de Sunday se hizo visible. Al girarse, las miró con una expresión calmada.

"Así concluyen mis relatos sobre el Orden." Dijo. "Deseo saber qué reflexiones han hecho y si han logrado comprender mis razones."

Antes de que pudieran responder, inclinó ligeramente la cabeza.

"Gracias por dedicar tiempo a escuchar estas palabras, aunque no sean más que una nota al pie en la historia del cosmos. Lo que realmente importa es el curso que tomará este río en el futuro cercano."

Extendió sus manos.

"Deseo que presencien desde la primera fila cómo, en el Festival Carismonia—"

"Vas a fallar. Detendremos tus planes." Interrumpió Stelle.

Sunday cerró los ojos por un instante y luego asintió con calma.

"Ya veo, han elegido que camino por el cual continuar." Dijo. "Admiro la profundidad de tu devoción a la Vía que sigues y a la filosofía que la sostiene."

Marzo se cruzó de brazos y dio un paso al frente.

"Hmph. Es lo natural." Dijo sin titubear. "¿Quién querría vivir en un mundo donde todos serían simples títeres?"

Sunday frunció el ceño al oír a Marzo.

"Estás equivocada."

Himeko dio un paso al frente antes de que pudiera continuar.

"Mientras quieras sumergir a la gente en un letargo eterno, nadie va a ver tus deseos con buenos ojos. No importa cuán hermosa sea una jaula. Sigue siendo una jaula."

Sunday se quedó momentáneamente en silencio antes de darles la espalda.

"Ustedes…" Murmuró. "Al igual que él, son incapaces de comprender lo que realmente busco."

Caminó unos pasos, con sus manos entrelazadas a la espalda.

"No pretendo revivir a un Aeon." Continuó. "Tampoco deseo convertirme en uno. Lo que busco es un paraíso eterno. Un mundo libre de la influencia de todos los Aeones. Un mundo sostenido por el Orden, donde la felicidad y la dignidad de la humanidad no dependan del azar."

Himeko negó con su cabeza.

"Eso es justamente lo que está mal." Dijo. "La gente nunca va a vivir con felicidad ni dignidad mientras haya alguien por encima de ellos decidiendo cómo deben vivir."

Marzo asintió.

"En ese paraíso tuyo, tú terminarías siendo el Ser Supremo. No hay diferencia."

Stelle fue más directa.

"Cambias un dios por otro." Dijo. "Y esperas que lo acepten con una sonrisa."

Sunday exhaló lentamente.

"Entonces es evidente que llegar a un acuerdo es imposible." Dijo. "Si este enfrentamiento es inevitable, desenvolvamos nuestras Vías. Que su choque decida el verdadero futuro de Penacony."

Mientras seguía de espaldas, tres siluetas comenzaron a desprenderse de su sombra.

"Antes del preludio al futuro." Añadió con calma. "Reflexionen una última vez sobre las preguntas que les hice."

Las figuras avanzaron y la luz reveló sus formas.

"¿Son el día y la noche lo mismo?"

La primera figura arrastraba cadenas y blandía un látigo cubierto de púas junto a una tonfa dorada.

"¿Justos y pecadores son lo mismo?"

La segunda sostenía un cáliz del que goteaba un líquido oscuro, de aspecto ominoso.

"Si haces débil..."

La tercera vestía ropajes de directora, con la varita aún en mano y una mirada vacía.

Sunday se giró mirándolas por encima de su hombro.

"¿A qué dios rezarás cuando busquen consuelo?"

Las sombras se lanzaron al ataque.

La Concejal alzó la varita y comenzó a dirigir los movimientos desde la retaguardia. El Nuevo Señor esparció el líquido de su cáliz por el suelo, cerrando rutas y forzando posiciones. La Carcelera avanzó de frente con su látigo silbando en el aire mientras la tonfa buscaba castigar a media distancia.

Himeko lanzó su sierra doble, acoplada al dron, que comenzó a girar en el aire y se incrustó entre las tres sombras, obligándolas a separarse.

Stelle se interpuso de inmediato ante la Carcelera. Esquivó por poco el látigo, que pasó rozándole el rostro, y respondió con un golpe seco del bate.

"¿Sabes lo peligroso que es apuntar a la cara? ¡Y por encima de todas las cosas apuntando a mi rostro!" Gritó bastante enojada. "¡Ve, Marzomon! ¡Usa flecha helada!"

Mientras la mantenía ocupada, Marzo se deslizó hacia un ángulo abierto y desató una ráfaga de flechas heladas contra la Concejal.

"¡Deja decirme así!"

Tomada por sorpresa por la lluvia de flechas tras apenas lograr esquivar las cierras, la Concejal no logró moverse a tiempo.

Libre de presión, Marzo se giró y comenzó a bombardear al Nuevo Señor, congelando el suelo a su alrededor y bloqueando cada intento de derramar el contenido del cáliz.

El Nuevo Señor alzó su cáliz, flechas impactaron una tras otra, congelando el líquido antes de que pudiera expandirse. Himeko apareció a su costado y, con un solo movimiento, la sierra le cercenó la cabeza.

La Carcelera rugió y redobló sus ataques.

"¡¿Podrian darme una mano?! ¡Es difícil concentrarse cuando te atacan con una tonfa y un látigo!"

Stelle evitó otro golpe por centímetros.

"¡Y debería ser ilegal apuntar siempre a la cara!"

Marzo giró sobre sí misma y disparó una flecha concentrada al suelo, congelando los pies de la Carcelera. Himeko cerró la distancia y el combate terminó de forma abrupta.

Entonces se oyó un aplauso lento.

Las tres levantaron la vista mientras un escalofrío recorría sus espaldas.

"¿Dónde está Sunday?" Murmuró Marzo.

El telón del Gran Teatro cayó.

Más allá del escenario, el cielo nocturno se abrió ante ellas desde la cima del Gran Teatro.

"Les concederé el honor de presenciar el verdadero sol que se alzará sobre este mundo."

Los restos de los maniquíes comenzaron a elevarse. Incluso las sombras derrotadas ascendieron, desarmándose en fragmentos que flotaron en el aire.

"Diez mil trescientas treinta y seis rocas se convertirán en las cuerdas armónicas a mi servicio."

Un coloso metálico emergió sobre el Gran Teatro. Oro y obsidiana recubrían su cuerpo. Cuatro brazos se desplegaron y en uno de ellos sostenía una batuta. Una visera dorada ocultaba sus ojos. Sus labios no se movían, pero la voz de Sunday emanaba de ellos.

"Yo soy el afinador supremo."

Dominicus, el Gran Coro Armonioso.

"Wow."

Marzo se quedó inmóvil con la boca abierta.

"Prepárense."

Himeko chasqueó su lengua y activó su arma mientras cambiaba su postura..

Los ojos de Stelle brillaron.

"Ese botín…" Murmuró. "Va a ser legendario."

¿Cuantos créditos valdría todo ese oro?

"Díganme." La voz resonó desde el gigante. "¿Por qué creen que Orden y Armonía se fusionaron?"

Stelle levantó la mano.

"¿Porque incluso los hippies tienen que trabajar en algún momento de sus vidas?"

Septimus soltó un suspiro cansado.

"Porque ninguna de las dos Vías puede tolerar la discordia."

La batuta se alzó, pero antes de que descendiera, un rugido atravesó el aire mientras un dragón de agua surcando el cielo se enroscó alrededor del coloso.

"¿Dan Heng?" Murmuro Stelle mientras lo veía.

Desde el cielo, dos figuras surcaron el espacio.

"Espero no les moleste que haya llegado un poco tarde." Comentó Dan Heng mientras asentia en su dirección antes de volver su atención al control del dragón.

"No tengas piedad."

A su lado, el general Jing Yuan desató el ataque del Caballero Divino.

El impacto sacudió el teatro entero.

En medio del caos, una piedra salió despedida y golpeó la cabeza de Stelle.

...

Stelle gimió cuando sintió que alguien la sacudía.

"Ugh... cinco minutos más…" Murmuró mientras fruncia el ceño y enterraba su rostro en la almohada.

"¡Levántate!" Dijo Marzo. "No seas perezosa."

Stelle respondió lanzándole una almohada a la cara.

"¡Eres cruel!" Protestó Marzo, frotándose la frente mientras fulminaba a Stelle con la mirada. "¡Vine amablemente a despertarte y me lanzas una almohada a la cara!"

Stelle parpadeó, todavía medio adormecida.

"…¿Mi habitación?" Repitió, ladeando su cabeza con desconcierto. "¿Desde cuándo tengo una habitación en este hotel? Se suponía que no había cupo y que estaba compartiendo contigo."

Marzo la observó en silencio durante un segundo y luego estalló en carcajadas.

"Definitivamente esa roca te pegó demasiado fuerte." Dijo entre risas. "Seguro tuviste algunos sueños extraños."

Antes de que Stelle pudiera replicar, Marzo la tomó de la mano y tiró de ella con energía.

"Vamos. Himeko, Dan Heng y el señor Welt nos están esperando en el bar cerca de la recepción."

Mientras se dejaba arrastrar fuera de la cama, Stelle frunció levemente el ceño.

"…¿Por que Marzo no mencionó a Aleph? ¿Acaso se le olvido? Bueno, hay cosas más importantes que comprobar."

Stelle decidió dejarlo pasar por el momento.

"Entonces…" Añadió. "¿Qué pasó mientras yo estaba fuera de combate?"

"Dan Heng usó el ábaco de jade que nos dio la Alianza Xianzhou." Explicó Marzo con naturalidad. "Invocó al general Jing Yuan y entre todos le dieron una paliza monumental a Sunday."

Stelle soltó un suspiro largo, claramente aliviada.

"Bien." Dijo. "Me habría sentido muy molesta si me perdía eso."

Caminaron hacia la recepción, y en el trayecto una figura conocida se cruzó en su camino.

"Me alegra verlas a ambas en buen estado." Comentó Black Swan con tranquilidad. Luego miró directamente a Stelle. "Más tarde me gustaría hablar contigo en privado."

Stelle asintió sin pensarlo demasiado, y ambas continuaron su camino.

Ninguna de las dos percibió cómo, al darles la espalda, la expresión de Black Swan se tensó, pasando de la cordialidad al desconcierto más puro.

....

El bar estaba bastante animado, pero Himeko y Welt no se veían por ninguna parte.

"Deben seguir ocupados con el General." Dedujo Marzo. "¡Busquemos a Dan Heng!"

Lo encontraron en una zona más apartada del lugar, apoyado contra la barra mientras conversaba con Boothill.

Dan Heng se giró al verlas y relajó los hombros.

"Me alegra mucho ver que estás bien, Stelle." Dijo con sinceridad.

"¡Hey, niña mapache!" Saludó Boothill con entusiasmo. "Me alegra ver que sobreviviste."

Stelle giró lentamente la cabeza hacia Dan Heng, clavándole una mirada seca.

"Bocón."

Dan Heng se puso rígido de inmediato.

"Yo— eh— Lo siento."

Marzo olfateó el aire de forma exagerada.

"…¿Huelen eso?"

Stelle frunció el ceño.

"Alcohol."

Boothill soltó una carcajada y le dio una fuerte palmada en la espalda a Dan Heng, que casi se fue de cara contra la barra.

"No se preocupen, tal vez se pasó un poco de copas." Dijo entre risas. "Pero no es como si hubiera contado secretos vergonzosos."

Stelle entrecerró los ojos.

"…¿Qué secretos?"

"Oh, ya sabes." Continuó Boothill con total despreocupación. "Que disfrutas dormir en cajas de cartón, que te gusta colarte en los ductos de ventilación cuando te aburres y algo sobre que redactaste un documento oficial declarando la independencia de los pantalones."

El puño de Stelle comenzó a cerrarse lentamente.

Marzo levantó sus manos con nerviosismo.

"E-Esperen, podemos hablarlo con calma—"

" Ah y tú" Añadió Boothill, girándose hacia ella. "¿Eres la niña con miedo a las babosas y problemas con amigos imaginarios?"

Marzo cerró su boca de golpe y dio un paso al lado de Stelle, mientras fulminaba a Dan Heng con la mirada.

Dan Heng desvío su mirada y fingió observar un punto lejano del bar.

"¡Te voy a acusar con Aleph!" Declaró Stelle mientras lo señalaba.

Dan Heng y Marzo se giraron hacia ella al mismo tiempo.

"…¿Quién es Aleph?" Preguntaron ambos.

"…¿Qué?" Stelle se quedó con la boca abierta.

**********

Sin importarle sus opiniones, Stelle los arrastró hacia el vestíbulo principal.

Allí estaban Himeko y Welt, conversando tranquilamente con Jing Yuan.

"En este asunto la Alianza Xianzhou tomará su posición como aliados del Expreso Astral asegurándose de mediar y apelar a la razón mientras tratamos de evitar que toda la política molesta surgida del desastre causado por el ex jefe de la Familia Roble termine por causarles daño a futuro." Dijo Jing Yuan.

"Agradecemos mucho su intervención." Respondió Himeko. "Sin su apoyo, Penacony lo tendría mucho más difícil."

Jing Yuan rió suavemente.

"Para eso están los aliados y los amigos." Dijo. "Además, si no fuera por que ustedes lograron evitar que los restos del Orden dieran el paso final de su plan... realmente no habría mucho que pudiera hacer para apoyarlos, afortunadamente dicha situación no se dio."

Fue entonces que se percató de la presencia de Stelle, Marzo y Dan Heng.

"¡Oh! Miren nada más, la toda poderosa heroína de nuestra era, el Bate Galáctico." Saludó con una sonrisa. "Es bueno ver que te encuentras en buen estado."

Himeko y Welt se acercaron a Stelle.

"¿Te sientes bien?" Preguntó Himeko con preocupación mientras se acercaba y movía el cabello de la frente de Stelle dejando al descubierto el lugar donde la roca la había golpeado.

Stelle negó con la cabeza.

"Eso no importa ahora." Dijo, señalando acusatoriamente a Dan Heng y Marzo. "¡Ellos están siendo malos conmigo! ¡No quieren decirme dónde está Aleph para golpearlo y encima fingen no saber de quién hablo!"

Himeko suspiró y acomodó suavemente el cabello de Stelle.

"Oye, ¿qué haces?" Preguntó Stelle.

"Perdón." Respondió Himeko, sin explicar más.

Welt suspiró.

"…Es Evie otra vez."

"¡No digan eso!" Protestó Marzo. "¡Evie es real!"

Dan Heng decidió ignorar el tema por completo.

"Señor Yang." Dijo. "¿Se encuentra bien? Tengo entendido que usted y Robin estuvieron aprisionados por Sunday."

Welt asintió lentamente.

"Hizo uso de la afinación." Explicó. "Nos confinó dentro de su mente. No sufrimos daño físico… pero la impotencia de no poder intervenir, de ser simples espectadores, realmente me dejó un sabor algo amargo en la boca."

Welt soltó un suspiro

"Si el General Jing Yuan no hubiera destruido el Coro Armonioso…" Dijo mientras se llevaba una mano a la sien. "Robin y yo jamás habríamos recuperado nuestra libertad."

Marzo abrió los ojos con sorpresa.

"¿Entonces…?" Murmuró. "¿Eso quiere decir que si no lo destruían… nosotros también podríamos haber quedado atrapados sin darnos cuenta?"

Welt asintió.

"Exactamente."

Marzo tragó saliva.

"…Eso es aterrador."

Himeko se cruzó de brazos.

"Al menos eligió enfrentarnos de frente." Dijo con serenidad. "Si Sunday hubiera optado por métodos más mezquinos, podría habernos derrotado sin que siquiera supiéramos cuándo ocurrió."

Dan Heng frunció ligeramente el ceño y desvió la conversación.

"General Jing Yuan ¿Qué ocurrió finalmente con Sunday?"

"Fue despojado de su posición como cabeza de la Familia Roble." Explicó. "Se lo declaró el principal responsable de los sucesos que llevaron a este desastre. Actualmente está siendo transportado a Pier Point, donde será juzgado por ser considerado un peligro para la paz del Cosmos."

Jing Yuan resoplo.

"La Familia no tardó en señalarlo a él y a los restos del Orden como rebeldes que instigaron una revuelta interna." Continuó. "De ese modo lograron desligarse por completo de sus acciones y, lo más importante, evitar que la Corporación aprovechara la situación para reclamar Penacony como un activo."

Welt asintió con comprensión.

"Parece que, al final, todos tenían agendas ocultas." Murmuró. "No puedo decir que me sorprenda."

Marzo levantó la mano con cierta inquietud.

"¿Y Robin?" Preguntó. "Ella es inocente, pero sigue siendo su hermana. No puedo evitar pensar que—"

Jing Yuan suspiró.

"Ese es un asunto particularmente delicado." Admitió. "La Familia y la Corporación pueden ser extremadamente inflexibles. Mediar entre ambas facciones no será un asunto sencillo."

Miró el comunicador en su muñeca.

"Pronto debo asistir a una reunión." Dijo.

Se volvió hacia ellos con una leve sonrisa.

"Sin embargo." Añadió. "Deseo extenderles una invitación formal para participar. Como facción profundamente involucrada en los sucesos y responsables directos de detener al causante, están más que calificados para estar presentes."

Sonrió levemente.

"Y aun si las otras partes no estuvieran de acuerdo, la Alianza Xianzhou no permanecerá de brazos cruzados mientras sus aliados son tratados con desdén." Hizo una breve pausa. "Aunque, siendo honestos, dudo que haya objeciones. Por alguna razón, la Corporación parece tener una opinión bastante favorable de ustedes."

Himeko asintió con una sonrisa.

"Si se tomó la molestia de invitarnos de manera tan formal." Respondió. "Sería descortés no asistir."

Marzo dio un paso atrás de inmediato.

"Yo soy alérgica a ese tipo de reuniones." Dijo. "Papeles, discursos, política… todo eso me da urticaria."

Welt río un poco.

"No te preocupes." Dijo con calma. "Himeko y yo podemos encargarnos."

Marzo dejó escapar un suspiro de alivio y entonces se giró hacia Stelle, quien había guardado silencio durante prácticamente toda la conversación.

"…¿Te pasa algo?"

Stelle parpadeó tontamente.

"No, no me pasa nada."

"Si no te importa." Dijo Dan Heng. "Puedo acompañarlas de regreso al Expreso Astral. Pom-Pom mencionó que quería darles una sorpresa."

Poco después, Himeko y Welt se marcharon junto a Jing Yuan.

Stelle los observó alejarse y luego siguió a Dan Heng y Marzo, todavía con una sensación extraña que no lograba definir.

En el camino se toparon con dos figuras conocidas.

"Ah, justo a quienes buscábamos." Dijo Topaz con una sonrisa. "Sabes, dicen que recibir una buena noticia luego de una dura batalla levanta el ánimo, así que permíteme ser quien te lo suba. Desde Pier Point, los altos mandos de la Corporación han declarado que renuncian de forma permanente al reclamo sobre Penacony."

Aventurino asintió mientras les guiñaba un ojo juguetonamente.

"En otras palabras." Añadió. "Penacony queda fuera de su alcance para siempre."

Marzo tomó a Stelle de los hombros y la sacudió con entusiasmo.

"¡¿Escuchaste eso?!" Exclamó. "¡Es una noticia increíble!"

Dan Heng simplemente asintió en silencio.

Más adelante, se cruzaron con el Dr. Ratio, quien conversaba con un holograma de Tornillum. Ambos interrumpieron su charla para saludarlos.

"Ah, con que la niña mapache despertó. Felicidades, ¿Te has enterado? La Sociedad del Conocimiento ha manifestado un gran interés en la calamidad ocurrida aquí."

"El Círculo de Genios también ya han comenzado las negociaciones para iniciar estudios formales." Declaró Tornillum.

"Como compensación por el permiso se contribuirá con tecnologías avanzadas para apoyar la restauración de Penacony y mejorar sus infraestructuras."

Stelle frunció el ceño.

"..¿Desde cuándo estas facciones se interesan por investigaciones tan… mundanas?"

"Deja de ser tan amargada." Dijo Marzo con una sonrisa. "Al final del día, es un resultado positivo."

...

Tras varios minutos avanzando y siendo detenidos una y otra vez por personas que afirmaban ser sus fanáticos, Stelle volvió a sentirse profundamente desconcertada.

"Superestrellas del Concurso Feliz Alma™…

¿No se suponía que ese título era de Marzo y Aleph? ¿Desde cuándo Firefly y yo…?"

Al llegar al Expreso Astral, se encontraron con Himeko y Welt en la entrada del vagón principal.

"La reunión fue bastante breve, mucho más de lo que creí y todo terminó mejor de lo esperado." Comentó Welt. "Ya se ha hecho todo lo que podríamos haber hecho por Penacony."

Himeko asintió.

"Ya no hay razones para que el Expreso permanezca más tiempo en Penacony, será mejor reunirnos todos para decidir el próximo destino."

Marzo tomó a Dan Heng y a Stelle de las manos.

"¡Vamos!" Exclamó, arrastrándolos al interior.

Al cruzar la puerta, Stelle se detuvo un instante mientras miraba el suelo.

No había rastro de la grieta por la que Pom-Pom los había reprendido tantas veces a ella y a Aleph cuando jugaban al duelo de bates para decidir quién se comía el helado robado de Marzo.

"¡Todos al vagón principal!" Anunció con entusiasmo Pom-Pom. "¡Estoy muy feliz de dar la bienvenida a dos nuevos pasajeros!"

"... ¿Boothill y Black Swan?" Murmuro con desconcierto.

Boothill apoyó ambos codos sobre la mesa del vagón principal y miró alrededor con una sonrisa

"Entonces, ¿cómo se decide el próximo destino?" Preguntó con curiosidad. "¿Votación, sorteo… o un duelo a muerte entre voluntarios?"

Black Swan alzó una mano de inmediato.

"Alto ahí, vaquero." Dijo con una sonrisa suave. "Como recién llegados, quizá lo más prudente sea escuchar primero las propuestas de quienes llevan más tiempo a bordo, antes de apresurarse a imponer un rumbo."

Boothill chasqueó la lengua.

"Qué decepción. Un duelo habría sido mucho más divertido." Boothill se recosto en el sofá mientras subía sus botas a la mesa y usaba su sombrero para cubrirse el rostro. "Pero supongo que tienes razón." Concedió a regañadientes.

"Aburrido, aunque educado."

Marzo dio un pequeño salto en su lugar, visiblemente animada.

"¡Es genial tener nuevos pasajeros!" Dijo con entusiasmo. "No pasa muy seguido. De hecho, la última que se unió fue Stelle."

Stelle frunció el ceño al oír su nombre.

"¿En serio fui la última?"

Marzo se volvió hacia Black Swan y la señaló con un dedo acusador.

"Eso sí, ni se te ocurra usar esos trucos raros de Memokeeper para jugarnos una mala pasada."

Black Swan dejó escapar una pequeña risa.

"No te preocupes querida." Respondió con calma. "Ni siquiera notarás mi presencia."

Marzo se estremeció.

"Eso no me tranquiliza en absoluto."

Boothill inclinó la cabeza, observando el entorno con interés.

"Oigan, tengo una pregunta realmente importante." Dijo. "Díganme ¿Qué tan fuerte es el alcohol a bordo de este cacharro?"

Dan Heng negó con la cabeza.

"No tenemos alcohol abordo." Respondió. "Pero si lo deseas, puedes intentar con combustible para cohetes o con el café de Himeko."

Boothill quedó pensativo durante unos segundos.

"…Combustible para cohetes."

Pom-Pom dio un pequeño salto para llamar la atención de todos.

"¡Muy bien, muy bien!" Dijo agitando sus manitas. "¡Regresemos al tema principal! Es hora de decidir nuestro próximo destino."

Se tomó un momento antes de continuar, visiblemente emocionado.

"Y antes de eso, quisiera agradecerles." Añadió. "Gracias a ustedes pude descubrir qué ocurrió realmente con Mikhail y con todos los que se quedaron en Penacony hace tanto tiempo."

Pom-Pom se recompuso, dio unas pequeñas palmadas con sus manitas y continuó.

"Muy bien. Estas son las propuestas. La primera opción fue propuesta por Himeko." Anunció. "Se trata de Lushaka, el planeta oceánico. Un mundo cubierto enteramente por agua, hogar de numerosas razas acuáticas y también el mundo natal de Mikhail, un Anónimo de antaño."

"Segunda opción." Continuó. "Melustanin, el mundo de las Ágatas, propuesto por Welt. Es famoso por ser el primer planeta afectado por un Stellaron y por ser el lugar donde ascendió Idrilla, la Belleza."

"La cuarta opción es Edo Star. Un planeta atrapado en una región de tormentas de iones, actualmente en guerra con la Legión Antimateria. Ha dejado de enviar señales de socorro recientemente, lo que llevó a la Corporación a solicitar una investigación."

"Y por último." Dijo mirando a Black Swan. "Petrivia, el Cinturón de Cristal. Un vasto cinturón de asteroides cristalizados tras el ataque del Señor Supremo Zephyro. Actualmente alberga a una compañía de Plañideros."

Marzo se llevó una mano a la frente.

"Por un lado, Lushaka suena perfecto para broncearse." Comentó. "Pero por el otro, lo de Edo Star suena bastante preocupante."

Dan Heng asintió.

"El cese de comunicaciones podría significar que ya no queda nada por hacer." Dijo. "Pero también podría no ser así. Investigar al menos nos permitiría confirmar la situación."

Stelle levantó la vista.

"Yo preferiría comprobarlo." Dijo con firmeza. "Si existe aunque sea una posibilidad de ayudar, quiero saberlo."

Tras escucharla, Welt intercambió una mirada con Himeko.

"Entonces estamos de acuerdo." Dijo finalmente.

Himeko asintió.

"Edo Star."

Pom-Pom dio una palmada final.

"Perfecto." Anunció. "Prepárense todos. Trazaremos de inmediato la ruta óptima para llegar lo antes posible."

...

Más tarde, Stelle caminó por el vagón sin un rumbo claro.

Había hablado con todos y ninguno recordaba en lo absoluto a Aleph o a Acheron. Incluso los sucesos relacionados con ambos parecían haber ocurrido de otra manera.

"¿De verdad fue un sueño…?"

Pero eso tampoco encajaba.

"¿No se olvidan los sueños al despertar?

Entonces… ¿por qué puedo recordarlo todo con tanto detalle?"

Se sentó en uno de los sofás del vagón principal y se llevó las manos a la cabeza, incapaz de ordenar sus pensamientos.

"¿Que pensamientos podrían reducir a nuestra valiente heroína a tal estado?" Pregunto una voz a su lado.

Stelle levantó la vista.

"¿Qué te ha parecido este viaje por el mundo de los sueños?" Preguntó Black Swan.

"No lo sé." Respondió Stelle. "Hay demasiadas cosas que no quedaron claras."

Black Swan sonrió.

"Revisa el bolsillo de tu abrigo."

Stelle obedeció. Sus dedos rozaron una delgada carta de tarot que tenía escrita la palabra "Aeon", pero extrañamente no había imagen alguna en ella.

"Creo que es momento de repasar lo ocurrido." Dijo Black Swan.

La voz de Pom-Pom resonó por los altavoces.

"Pasajeros, tomen asiento. Prepárense para el salto."

Black Swan dejó escapar un suspiro.

"Dime, Stelle." Preguntó. "¿De verdad te parece que este es un final perfecto?"

"No." Respondió sin dudar.

"Claro que no." Dijo Black Swan. "Hay huecos que no pudieron llenarse. Así que fueron sellados… de la forma más perezosa posible."

Se inclinó un poco hacia Stelle.

"Lo que importa es la verdad." Añadió. "El Expreso Astral cayó ante Sunday. Todos ustedes fallaron y quedaron atrapados junto al Sistema Estelar Asdana dentro del Sueño de Ena."

Stelle abrió sus ojos en shock.

"Pero no todo está perdido." Continuó Black Swan. "Aún queda una esperanza, débil y tenue... pero suficiente como para cambiarlo todo y revertir el tablero. Como sabrás este sueño no logró replicar dos entidades." Dijo.

"Sus nombres ya deberías poder identificarlos. Así que dime." Concluyó. "Si los cimientos son tan endebles… ¿por qué no derribarlo todo de una vez?"

Aleph dejó escapar un suspiro mientras se dejaba caer en el sofá que había arrastrado hasta uno de los pasillos laterales del hotel. El tapizado crujió bajo su peso cuando apoyó la espalda y bajó la mirada hacia sus manos, que apretó entre sí con torpeza, como si aún no estuviera completamente acostumbrado a su nueva fuerza.

Sus dedos se cerraron con más fuerza.

"Maldita sea…"

Su murmullo se perdió en el oscuro y solitario pasillo.

"Aleph."

Una voz surgió desde el extremo más oscuro, Aleph alzó su mirada al reconocer de quien e trataba.

Acheron estaba allí, parada tranquilamente en la oscuridad mientras le daba una mirada. No parecía sorprendida de encontrarlo, como si hubiera sabido desde el principio dónde buscar.

Durante unos segundos se miraron sin decir nada.

Finalmente, Acheron avanzó y se detuvo frente a él.

"Dime algo." Dijo. "¿Esto lo elegiste tú… o alguien te empujó a hacerlo?"

Aleph frunció el ceño, desconcertado.

"¿De qué estás hablando?"

Acheron en lugar de responder, tomó asiento a su lado y, antes de que Aleph pudiera reaccionar, tomó su brazo izquierdo con un movimiento algo brusco.

Una armadura exoesqueletica cubría por completo su brazo izquierdo con un diseño preocupantemente similar al de los Exploradores del Vacío de la Legión Antimateria.

Aleph se llevó su mano libre a la nuca mientras soltaba una risa un tanto falsa.

"Ah… eso." Dijo. "Supongo que se ve peor desde afuera."

Acheron no estaba riéndose en lo absoluto.

"Respóndeme." Insistió. "¿Estás seguro de seguir con esto?"

Aleph dejó escapar un suspiro mientras dejaba caer su brazo izquierdo sobre el sofá. Pronto se sobresaltó al sentir cómo Acheron entrelazaba sus dedos con los suyos.

Aleph bajó la mirada hacia sus manos unidas y soltó una risa seca.

"... Es curioso se siente muy similar a aquel día." Murmuro.

"¿Aquel día?" Preguntó Acheron, genuinamente confundida.

Aleph la miró un instante, luego negó otra vez y guardó silencio.

"No es nada, simplemente olvídalo."

Acheron lo observó un pero al final decidió no insistir.

"¿Como lograste salir del sueño?"

"Era ridículo." Respondió. "Demasiado falso como para tragármelo."

Su mente se desvió hacia un recuerdo reciente.

Kevin y Su entraban primero, escoltando a Mei, que sostenía un enorme pastel de cumpleaños con cuidado. Kevin miraba alrededor como si esperara que algo saliera mal en cualquier momento. Su caminaba a su lado listo para corregirle el rumbo si hacía falta.

"Te dije que podía traerlo sola." Protesto Mei.

"Y yo te dije que no." Respondía Kevin. "La última vez terminaste en otro edificio."

Un hombre de cabello castaño con mechones grises se acercó con una sonrisa tranquila y le dio una palmada en la espalda.

"Feliz cumpleaños." Dijo.

Una mujer pelirroja aparecía justo después y, sin pedir permiso, les colocó a Kevin y a Su unos sombreros de fiesta.

"No se quejen." Dijo con una sonrisa dulce. "Les quedan bien."

Desde las escaleras bajaron más personas.

Su hermano mayor bajo cargando una caja grande. Su hermana mayor caminaba detrás con una expresión divertida mientras que sus hermanas menores casi rodaban escalones abajo, arrastrando regalos envueltos de manera dudosa.

"¡Llegamos!" Dijo Marzo.

Bronya y Seele entraron juntas cargando un gran paquete junto a Hook y los Topos. Sampo saludaba desde el fondo, por alguna razón estaba disfrazado del Joker. Luka levantaba el pulgar mientras le regalaba un conjunto de ropa idéntico al suyo. Gepard intentaba mantener el orden sin éxito. Serval se colaba con un amplificador. Lynx saludaba con timidez mientras se escondía detrás de Pela. Clara avanzaba con cautela hacia la mesa de los dulces mientras era seguida por Svarog.

Cocolia observaba todo con una expresión difícil de leer. Arlan y Asta discutían algo difícil de entender, Peppy y Stelle competían por quien lograba atrapar los frisbys arrojados por Firefly. Fu Xuan entraba mirando el techo mientras murmuraba una maldicion hacia Jing Yuan por ser un explotador laboral. Kafka sonreía de una manera que le enviaba escalofríos por la espalda... ¿Era acaso un moño lo que adornaba su cabeza?

Si... Tal vez era mejor ignorar eso.

Silver Wolf ya estaba sentada en el sofá jugando con sus videojuegos como si siempre hubiera estado allí.

Blade permanecía apoyado contra una pared con una expresión de pocos amigos. Jing Yuan conversaba con Yanqing sobre formaciones de espadas y los secretos de como tomar la siesta perfecta.

Mike gritaba algo desde atrás mientras huía del martillo de Herta. Huohuo estaba entrando en pánico mientras Guinaifen intentaba hacerle la maniobra heimlich a Sushang quien se estaba ahogando tras comenzar a comer rápidamente los postres.

Aleph, en medio de todo, sintió una punzada incómoda.

¿Por qué había soñado que Welt y Himeko eran sus padres?

¿Por qué había aceptado sin cuestionarlo que los demás fueran sus hermanos?

El apego le resultó vergonzoso incluso dentro del recuerdo, ni siquiera conocía a esas personas desde hacía tanto tiempo… y aun así, por un breve instante había querido que se quedaran allí, que ese momento no se rompiera.

Un leve movimiento lo sacó de la ensoñación, Acheron le había apretado el hombro.

"Te perdiste." Dijo. "¿Qué viste?"

Aleph parpadeó y volvió al pasillo.

"Nada." Respondió de inmediato.

Acheron siguió sosteniendo la mano de Aleph con firmeza, sus ojos permanecían fijos en él, como si intentara encajar algo que no terminaba de tomar forma.

"Cambiaste." Dijo suavemente.

Aleph parpadeó con desconcierto.

"¿Cambiar… cómo?"

En lugar de responder, bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas y decidió apretar su agarre un poco más, lo suficiente para que Aleph lo notara.

"No importa." Murmuró. "No es eso lo que quiero preguntar."

Aleph frunció el ceño.

"Entonces dime qué es."

"Con mi condición…" Acheron cerró momentáneamente sus ojos mientras se concentraba en la cálida sensación presente en su mano. "No es raro que mis recuerdos y ciertas sensaciones se desvanezcan como la bruma siendo arrastrada por un fuerte viento..."

Acheron bajo su cabeza mientras soltaba un suspiro.

"Y aun así. Cada vez que estás cerca… experimento una sensación bastante cercana y agradable, como si..."

Aleph abrió su boca para responder, pero finalmente la cerro sin saber que decir.

"... Realmente te conociera de verdad." Añadió. "Como si ya hubiéramos compartido cosas que no debería olvidar."

Sus miradas volvieron a cruzarse. Una sensación extraña recorrió sus cuerpos mientras el pasillo se desdibujaba, dejando en su lugar un aula amplia, iluminada por la luz de la tarde con entanas abiertas, escritorios alineados, mientras se podía escuchar el murmullo lejano de los estudiantes yendo a sus clubes o a sus hogares.

Frente a él, se encontraba una chica bastante hermosa, llevaba un uniforme negro de secundaria, ajustado con pulcritud. Un par de lentes oscuros descansaban sobre su nariz y su cabello largo estaba recogido en un moño prolijo.

Ella también lo estaba mirando con la misma sorpresa.

Frente a ella se encontraba un chico bajo, de cabello castaño cayendo hasta los hombros. El uniforme masculino le quedaba extraño, se veía demasiado grande en algunos lugares, demasiado rígido para un cuerpo que no encajaba del todo en él.

"¿Qué…?" Murmuraron ambos casi al mismo tiempo.

Ambos retiraron sus manos de golpe mientras retrocedían.

Acheron le dio nuevamente una mirada a Aleph, mientras lo comparaba con aquel chico. A diferencia de su primer encuentro su cabello había regresado a ser castaño, dos cuernos adornaban su cabeza. El dorado se había desvanecido de sus ojos para dar lugar a una extraña mezcla de rosa y púrpura.

"… Realmente eras más bajo." Murmuró en voz baja.

La ceja de Aleph tembló.

"¿...Perdón? ¡Promedio! ¡Mi estatura era promedio!"

"Yo media sólo 1.65m y era más alta que tu..."

Antes de que Acheron, Aleph se puso de pie y avanzó de golpe empujandola contra la pared.

"¿Acabas de llamarme bajito?" Gruño mientras se inclinaba cerca de ella. "¿Acaso te parezco de alguna manera bajito?"

Acheron alzó la cabeza para poder mirarlo. Incluso así, la diferencia de altura era evidente.

"No dije—"

Sus palabras se quedaron a medio camino cuando sus ojos se encontraron con los de ella por un segundo ambos se quedaron en silencio.

"… Cambiaste." Murmuró Acheron otra vez.

Extendió la mano con cautela y tocó suavemente uno de sus cuernos. Sus dedos trazaron su forma desde la base púrpura hasta hasta el rosa brillante de la punta.

Aleph se estremeció mientras un escalofrío le recorría la espalda.

"… No hagas eso." Dijo en voz baja con una voz casi suplicante.

Acheron no retiró su mano mientras sus dedos suavemente seguían recorriendo su forma, extrañamente disfrutaba ver cómo el cuerpo de Aleph temblaba cada vez que lo hacía.

"¿Cuánto tiempo pasó?" Preguntó en voz baja.

Aleph se alejó un poco para que ya no pudiera tocarlo.

"No lo sé. No podría estar seguro." Admitió.

Acheron dio un paso adelante y Aleph retrocedió.

"¿Por ue te alejas? Me empujaste..." Murmuro Acheron mientras tomaba su mano y lo empujaba contra la pared. "¿No es justo que te devuelva el favor.

Aleph se quedó en silencio mientras la rodeaba con sus brazos sin pensarlo demasiado, ella respondio pasando sus brazos alrededor de su cuello.

Acheron apoyo su cabeza contra su pecho y lo abrazo con fuerza.

"Dime algo." Dijo en voz baja. "¿Estás seguro de lo que vas a hacer?"

"Sí."

Aleph la soltó y dio un paso atrás sin decir nada más, sin siquiera molestar en despedirse se dio la vuelta y comenzó a sumergirse en la oscuridad del pasillo.

"...Estas consciente de que lo que le ocurrió a Alexandra no fue tu culpa ¿verdad?

Aleph se detuvo en seco por un corto instante, pero finalmente por seguir caminando ofrecerle la más mínima respuesta, como si no la hubiera escuchado en lo absoluto.

Viendo su espalda cada vez más lejana, Acheron pudo evitar murmurar con preocupación.

"... Angie."

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Extra: True - 1

La lluvia caía sin cesar sobre la colina oscura. Gotas frías se deslizaban por el rostro del chico mientras abría sus ojos con dificultad. Sentía la ropa pesada por la humedad, su cabeza estaba aturdida y había un sabor extraño en su boca. Se incorporó lentamente, cubriéndose con un brazo mientras evaluaba su entorno. No reconocía el lugar, pero tampoco le sorprendía demasiado. El mareo le recordó de inmediato la última decisión estúpida que había tomado.

"...Ugh… Nunca debí confiar en Kevin…" Murmuró con una voz algo ronca. "¿A quién se le ocurre mezclar helado de vainilla con Monster y vodka? Idiota…"

Se quedó mirando el suelo embarrado un momento.

"Creo que me voy a morir."

A unos metros de distancia, el espacio dejó de ser oscuro y lluvioso.

Era un blanco puro e inacabado que se extendía como un vacío recién creado. Allí, una figura tendida boca arriba abrió los ojos de golpe.

"¡Por favor no más agua fría, Wolfie!" Gritó Caelus mientras se incorporaba bruscamente. Jadeaba como si acabara de escapar de una pesadilla. Sus ojos dorados recorrieron el lugar sin comprender nada. "¿…Dónde estoy? ¿Y mis peluches?"

El grito hizo que el chico levantara la mirada, soltó un gruñido molesto al percatarse de que sus lentes estaban torcidos.

Parpadeó varias veces antes de enfocar correctamente. Al ver al desconocido, frunció el ceño. Caelus, ahora sentado en el suelo blanco, también lo observaba.

"¿Qué…?" Murmuró el chico.

"¿Eh…?" Respondió Caelus.

Ambos se miraron fijamente por unos instantes.

La lluvia seguía cayendo sobre la colina, pero no sobre la parte blanca, como si cada uno estuviera atrapado en su propio mundo.

Caelus fue el primero en moverse. Respiró hondo, acomodó su abrigo y trató de recomponerse. Recordó cierta instrucción de Kafka. Enderezó la espalda y se inclinó ligeramente hacia el chico.

"Buenos días, señorita. Es un honor encontrar tan encantadora presencia en ta—"

El chico lo miró con una expresión plana.

"¿Señorita…?"

"Sí. Kafka dijo que debía practicar así cuando viera a una—"

El chico se levantó sin molestarse en tratar de sacudir el barro de su ropa. El agua de la lluvia seguía resbalando por su cabello.

Su rostro no expresaba enojo, pero sus pasos, tenían algo, algo que hacia que Caelus retrocediera. Extrañamente le recordó a Silver Wolf en aquella ocasión en la que Stelle sin querer formateo su consola.

"La próxima palabra que digas será la última." Dijo con calma mientras le daba una mirada sería.

Caelus alzó sus manos mientras retrocedía.

"Oye, espera, creo que podemos hablar como dos adultos razona—"

El chico más bajo le dio un puñetazo en el estómago.

Caelus se dobló sobre sí mismo con un gemido asfixiado, cayó de rodillas y apoyó una mano en el suelo blanco.

"¡¡A—Aaagh!! ¿Qué demonios te pasa?!"

El chico se limpió sus manos como si hubiera tocado algo sucio.

"Te lo advertí."

Caelus, todavía encorvado, murmuró mientras trataba de ponerse de pie.

"Lo sabía… La maldad innata es inversamente proporcional a la estatura… Mientras más enano eres, más peligroso…"

"No soy enano." Gruñó. "Soy de estatura promedio."

Caelus levantó un dedo tembloroso.

"Eso diría un enano."

El chico avanzó medio paso con una expresión neutral.

"¿Quieres otro golpe?"

"No, no." Dijo Caelus de inmediato, levantando ambas manos en señal de rendición. "Ya entendí. Estatura promedio. Muy promedio. Sumamente promedio."

La lluvia siguió golpeando la colina, pero esta vez algunas gotas empezaron a caer sobre el blanco puro, donde no deberían existir.

El espacio comenzó a mezclarse alrededor de ellos. Lo oscuro se filtraba hacia lo blanco, lo blanco extendía grietas de luz hacia lo oscuro.

Caelus lo notó.

"¿Está… cambiando?"

El chico negó con la cabeza.

"No estoy haciendo nada."

"Yo tampoco." Respondió Caelus. "Al menos creo que no… No sería la primera vez que algo explota sin querer cerca de mí."

"... Eso no suena tranquilizador en lo absoluto."

El espacio continuó deformándose, creando un terreno híbrido entre la colina lluviosa y el vacío blanco.

"¿Cuál es tu nombre?" Preguntó Caelus finalmente, frotándose el estómago.

"Angello." Respondió sin rodeos. "¿Y tú?"

"Caelus. ¡Cazador de Stellaron profesional, hermano mayor promedio, degustador de comidas exóticas, sobreviviente de Silver Wolf en las mañanas!"

Angello soltó un suspiro cansado.

"Eso... ¿esperas que entienda todo lo que acabas de decir?"

"Y a ti." Añadió Caelus. "¿Te escapaste de la fábrica de Pepeshianos?"

"¿Que es un Pepeshiano?"

Grietas de luz y lluvia se extendieron por el horizonte sin sentido aparente.

Caelus observó el cielo fracturado.

"Creo que estamos metidos en algo raro."

Angello ajustó sus lentes y asintió con pesadez.

"Ugh ojala tuviera una botella a mano."

Sin más opciones ambos comenzaron a caminar por el lugar.

Angello noto algo extraño en el suelo. Era un fragmento cristalino de colores irisdicientes.

"¿Esto… es tuyo?" Preguntó, alzando el fragmento con cautela.

Caelus se inclinó para mirar con curiosidad.

Cuando Angello lo tocó, el fragmento se encendió.

"Cubreme."

Frente a ellos apareció la imagen recortada de Caelus y Stelle corriendo por un pasillo mientras SAM destruía un edificio.

"Ah lo recuerdo." suspiró Caelus. "Ese día casi me multan por estacionarme mal."

Angello lo miró de reojo.

"¿Qué hiciste?"

"Le pregunté a Stelle si las Abominaciones de la Abundancia podían oler el miedo."

Angello lo miro en silencio con una expresión en blanco.

"…"

Caelus asintió mientras se rascaba la mejilla con algo de vergüenza.

"Sí podía."

"Increíble." Murmuró sarcásticamente.

El fragmento se apagó y cayó al suelo como ceniza.

Otro fragmento apareció a pocos pasos de donde encontraron el primero.

Caelus lo levantó. Al tocarlo, vieron a Blade golpeándole la cabeza durante un entrenamiento.

"... ¿Por qué tardas tanto en aprender, mocoso?"

"Hmph. Ese hombre no sabe lo que es la sutileza." Comentó Caelus mientras se cruzaba de brazos.

"Ese golpe sonó fuerte." Añadió Angello mientras miraba al hombre con una expresión curiosa.

¿Por qué alguien cubriría sus manos con tantas vendas?

"¡Soy un auténtico hombre acero indestructible! Oh bueno, al menos eso me gusta creer, White Snake dijo que Stelle y yo fuimos especialmente diseñados para resistir una gran cantidad de maltrato físico."

"... Y allí estas de nuevo, mencionando gente que no conozco como si lo hiciera."

"¡El raro eres tú, los Cazadores de Stellaron somos muy conocidos!"

Angello ladeo su cabeza mientras lo miraba con curiosidad.

"¿Eran alguna clase de celebridades, estrellas o mercenarios?"

Caelus desvío la mirada mientras soltaba una risa algo sobre actuada.

"... Puede ser."

Al avanzar encontraron otro fragmento.

Lo levantó, y la imagen mostró a Su dándole ánimos mientras él se estrellaba contra un arbusto montando bicicleta.

"Lo lograrás en el siguiente intento... tal vez."

Caelus lo observó con una sonrisa.

"Te veías adorable."

"Cállate."

Siguieron caminando.

Un trozo de luz tembló bajo el pie de Caelus.

Silver Wolf apareció en la imagen, lanzándole una lata vacía a la cabeza.

"¿Que esta más hueca? ¿La lata o tu cabeza? No deberías tocar ese botón, tonto."

Caelus se cruzó de brazos.

"Ella me ama, sólo que a veces puede ser un tanto intensa cuando se trata de videojuegos."

"¡Manco!" Grito Silver Wolf.

Angello sólo pudo sonreír temblorosamente.

"... Si que es un afecto profundo."

"Ese es el efecto que causo en las mujeres." Comentó Caelus mientras alzaba su pecho con arrogancia.

Angello parpadeó.

"…¿Quieres decir que te golpean?"

"Kafka me dijo que se llaman Tsunderes."

"…No voy a comentar nada." A pesar de eso la mirada de Angello regreso a Silver Wolf.

"¡Oi!" Caelus gruño. "No la mires tanto, si quieres una consiguete tu propia loli de cabello plateado."

"..."

Más fragmentos cayeron como hojas sin peso.

Dante recogió uno. En él aparecía una extraña chica de cabello rosa, acercándose a si mismo con una sonrisa dulce y un tanto molesta.

"Angieeee~ ¿Otra vez ignorando mis mensajes~?" Comentó mientras se apoyaba sobre su espalda.

Angello se estremeció y un poco de sudor frío le bajo por la frente.

"Esa tipa estaba loca…"

Caelus gritó al recuerdo.

"¡Huye! ¡Corre! ¡Es una señal de huida!"

"¡Este es mi recuerdo, no una película de terror!" Gruñó Angello.

"¿Eh? Pero realmente parecía una película de terror."

Uno tras otro, los fragmentos surgían.

Ahora era Caelus quien veía a Stelle saltar por un barranco.

"¡Voy a vencerte, estúpida gravedaaaaaaaaaad!"

"Yo tenía que cuidar a esa maníaca." Murmuró mientras se pasaba una mano por la frente.

"Increíble. Parece estar más loca que tú."

"Deberías haberla visto cuando cuando tuvo un exceso de azúcar, White Snake casi la despelleja por lo que le hizo a su laboratorio."

El siguiente fragmento mostró a Mei, Kevin, Su, Angello y Mike teniendo un picnic.

"Wow, parecen realmente cercanos."

"... Bueno, podría decirse que eran mis mejores amigos y mi mejor amiga."

"¿Por que te sonrojas tanto?" Pregunto Caelus con curiosidad.

"¡Callate, no lo entenderías!"

....

Los ojos de Angello perdieron su luz mientras miraba inexpresivamente la imagen de si mismo besándose con una chica de cabello plateado.

Caelus silbó.

"…¿Lesbianas?"

Angello apretó los dientes, sólo se había dejado el cabello largo, no era para tanto.

"No…"

"En serio, parecías una princesa, algo tipo 'Dama del—'"

"Voy a matarte."

Caelus retrocedió de inmediato.

"Espera, ¡calma! ¡Era un cumplido!"

"¡No te atrevas decir eso, idiota!" Gruño Angello mientras le daba un izquierdaso a Caelus.

"Ugh, estúpido Su ¿El cabello largo hace a uno verse más masculino? ¡Bastardo mentiroso!"

....

Otro fragmento flotó bajo los pies de Caelus. Al tocarlo, se vio a su yo del pasado extendiendo la mano hacia un rayo durante una tormenta.

"Ohhh ¡Recuerdo esto! Fue durante uno de mis días más creativos como gourmet." Explicó Caelus con una sonrisa. "Intenté analizar la composición gustativa del relámpago."

Angello lo miró un largo rato sin expresión mientras se acercaba y tiraba a Caelus del cuello para poder apoyar su oreja contra su cráneo.

Al dar unos golpecitos sólo escuchó un sonido algo hueco.

"…Debe ser realmente pequeño."

"¿A que te refieres?"

"... No importa."

A medida que pasaban los recuerdos a la vista cambiaron, siendo ahora quien los protagonizaba un joven de apariencia bastante similar a la de Caelus.

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