Cherreads

Chapter 72 - Capítulo 71: Megalomanía

Misha camino unos pasos por delante de los demás mientras Gallagher los observaba desde la distancia, apoyado contra un pilar, con los brazos cruzados.

Misha comenzó a subir las escaleras.

Stelle, Marzo y Himeko lo siguieron con tranquilidad. A cada paso, el punto más alto del arrecife se volvía más cercano, aquel rincón donde el viejo Mikhail Char Legwork descansaba en un sueño eterno.

"Ha pasado mucho tiempo." Murmuro Misha. "Más del que pensé que tardaría. Pero supongo que eso también es parte del viaje."

Relojito que caminaba a su lado volteó a verlo.

"¿Entonces ahora toca descansar? ¡Muy bien, eso nunca está mal!" Preguntó, ladeando la cabeza.

"¿Después de eso nos iremos a una nueva aventura?"

Misha sonrió, pero negó con la cabeza.

"No. Para mí, al menos ya no."

Relojito se detuvo en seco.

"¿No…?" Repitió, desconcertado. "Pero Misha… tú me enseñaste que la expedición Trazacaminos nunca termina."

"Lo hice." Afirmó Misha. "Y sigo creyéndolo."

Relojito frunció el ceño confusión.

"¿Qué quieres decir?"

Misha se detuvo al llegar arriba de las escaleras. Frente a él, el cuerpo anciano de Mikhail Char Legwork descansaba en el sofá.

"Pero ahora ya no soy yo quien debe decidir el próximo destino."

Relojito lo miró fijamente.

"Esa es ahora una decisión que deberás tomar por tu cuenta."

"Misha, te estas comportando de forma extraña." Dijo Relojito. "Mucho más de lo normal."

Por un instante, la ceja de Misha tembló.

Relojito se acercó un poco más a Misha.

"Si quieres, puedo usar Trucorreloj contigo," propuso. "Tal vez te ayude a sentirte mejor."

"No hace falta." Respondió Misha de inmediato. "Estoy bien."

Se giró para poder darle una mirada a Stelle, Marzo y Himeko. Les dedicó una pequeña sonrisa antes de volver a mirar a Relojito.

"Diganme algo, Relojito, Stelle." Continuó. "Trucorreloj parece capaz de resolver muchas cosas dentro del sueño, ¿verdad?"

Relojito dudó.

"Supongo."

"Eh... ¿Tal vez?"

Misha miró a Stelle.

"¿Y tú sabes cómo funciona realmente?"

Stelle abrió la boca, pensó unos segundos y luego se encogió de hombros.

"No." admitió. "Nunca lo pensé demasiado a fondo."

Misha les dio la espalda mientras se acercaba al sofá.

"No se trata de entenderlo todo."

Apoyó una mano cerca del cuerpo de su yo anciano.

"Todos en algún punto de su vida se sienten perdidos y sin dirección." Continuó. "Ya sea aquí, en los sueños, o en la realidad."

Cerro sus ojos por unos cortos instantes.

"Tal vez nuestras mentes se llenen de dudas y busquemos una salida fácil. E incluso a veces llegamos a desear que otro decida por nosotros."

Misha sonrió mientras recordaba a todos aquellos que conoció durante su viaje.

"Pero incluso así al final encontramos en el interior de nuestros corazones la fuerza para avanzar con tenacidad ante las dificultades de la vida y tomar decisiones que jamás hubieras imaginado que serías capaz de tomar."

Alzó su vista con una expresión serena.

"No importa si lo que sentimos es tristeza, alegría, miedo o ira. Ese pequeño empujón es suficiente para dar un paso y con eso basta para descubrir una dirección que jamás creímos posible."

Volteandose hacia Relojito, Misha le dio hizo una petición.

"Espero que tú y Stelle puedan compartir ese empujoncito con los demás." Dijo. "Eso es Trucorreloj. No es una solución mágica, sino la voluntad de alguien que, incluso después de haberse quedado atrás, sigue resonando en el interior de cada uno de los que se han atrevido a llamar a la puerta del Expreso Astral y unirse a su tripulación. La voluntad del Aeon Trazacaminos."

Relojito lo miró en silencio y Misha le devolvió la mirada.

"Quiero que sigan adelante. Que no miren atrás. No solo por ustedes, sino también por este planeta que yo y mis compañeros llamamos hogar."

Se inclinó un poco hacia Relojito.

"Aunque tus manecillas giren sin parar llevando innumerables dudas, miedo e incertidumbre... Se que siempre encontrarás el camino para ti y los demás hacia el mañana que tanto desean."

Misha se puso de pie y apoyó su mano sobre el hombro del anciano Mikhail Char Legwork antes de girarse hacia los demás.

"Aquí termina mi viaje." dijo. "A partir de ahora… les toca a ustedes caminar."

Una suave luz comenzó a envolver su cuerpo.

El cuerpo joven de Misha se deshizo en motas brillantes, seguido por el anciano. Ambas figuras se disolvieron juntas, como si siempre hubieran sido una sola, y el viento del Arrecife Flujosueño dispersó la luz hasta que no quedó nada.

Dejando sólo un asiento vacío.

...

Gallagher observó cómo Stelle, Marzo y Himeko se alejaban en dirección al Momento Dorado.

Suspiró y miró la silla vacía.

"Quién lo diría." Murmuró. "El plan del viejo loco funcionó."

Se rió por lo bajo mientras encendía un cigarro.

"¿De verdad todos los Trazacaminos son así de idiotas? Decidiendo todo en el momento sin pensarlo mucho." Dio otra calada a su cigarro.

"Nuestro deseo va a hacerse realidad... Es una pena que no puedas verlo con tus propios ojos." Gallagher se encogió de hombros. "Aunque, siendo honestos, puede que yo tampoco llegue a verlo. Ya sabes, cuando se descubre la falsedad de existencias como la mía, solemos desaparecer."

"Ese chico... tampoco es tan distinto a ellos." Dijo. "Tan terco como una mula, no escucha a nadie, tal vez hubiera sido un buen Trazacaminos si la situación fuera diferente. Pero que más da, el destino es impredecible. Creo... que sin las Vías atándonos, quizá habríamos tenido buenas charlas."

Abrió una lata de Feliz Alma y bebió un sorbo.

"¿Cuánto tiempo ha pasado ya, desde que todo esto comenzó?"

Alzó la vista al cielo nocturno del Arrecife Flujosueño.

"Ay Mikhail, me pregunto... ¿Aun puedes verme desde donde sea que estés? ¿Aun tendrás los oídos claros para oír los aullidos de este viejo perro a la luna?" Se preguntó. "¿Recuerdas lo que nos gritaban? 'Malditos traidores, váyanse al infierno'... Ja."

Sacudió la cabeza.

"Si desear la libertad significa irse al infierno… supongo que pronto cenaremos juntos allí, viejo tonto."

Sacó un par de botellas de un compartimento oculto y preparó un cóctel.

Alzando su vaso mientras se apoyaba una vez más en el pilar, Gallagher sonrió.

"A la nueva generación." Dijo. "Una copa de 'Hola y adiós'"

Mientras una ligera brisa ondeaba su ropa, Gallagher suspiro mientras observaba esa silla ahora vacía.

"...Por el mañana imperfecto."

**********

Una parvada de cuervos descendió en silencio, posándose a distintas alturas alrededor de Sunday. Sus alas negras se plegaron con una sincronía inquietante, como si compartieran un mismo pensamiento.

"El tiempo se acorta." Dijo el Maestro de los Sueños. "Restan apenas tres horas para el Festival Carismonia."

Sunday no respondió. Su mirada permaneció fija en el horizonte mientras le daba la espalda.

"Gracias a los Anónimos." Continuó el Maestro de los Sueños. "Los secretos han salido a la luz. Naves de la Familia y de la Corporación ya se están movilizando hacia Asdana."

Sunday dejó escapar una leve sonrisa.

"Tu última confesión fue… inesperada." Dijo. "Jamás imaginé que te hubieras dividido en tres edictos."

"Precisamente por eso este momento es crucial." Respondió. "Dime dónde está Robin. Su papel como Armonizador es indispensable."

Sunday ladeó la cabeza.

"¿A qué te refieres?" Preguntó con suavidad.

Luego dio un paso al frente y apoyó una mano sobre su pecho.

"Yo me encargaré."

"Robin es quien debería ser la estrella del Festival Carismonia."

"No cantará para el Orden." Replicó Sunday sin vacilar. "Así que tomaré su lugar."

Un suspiro escapó del Maestro de los Sueños.

"Siempre fuiste más maduro de lo que tu edad sugería." Dijo. "Por eso confío en que comprendas el peso de esta elección."

Sunday cerró los ojos por un instante.

"Sé que mis acciones pueden verse como una traición."

Y al abrirse no había rastro alguno de vacilación en ellos.

"Pero no puede haber dos soles. Y si es necesario… el que ya existe debe caer."

El Maestro de los Sueños guardó silencio. Luego asintió.

"Ya veo, entonces te has decidido por este camino."

"¿Por que aceptaste esto tan rápido? ¿Acaso todo esto estaba previsto y formaba parte de tus planes?"

"Dime." Respondió el Maestro de los Sueños, "¿Crees en el karma?"

"Si realmente existe." Dijo Sunday. "Cada uno carga con el suyo. El mío no tiene nada que ver con el tuyo."

El Maestro de los Sueños suspiró una vez más.

"El telón está por levantarse." Dijo. "Como mi hijo, tomarás la Armonía y revelarás tu karma."

"Hay algo que necesito saber." Dijo Sunday.

Los cuervos fijaron su mirada en él.

"Hay algo que necesito saber." Dijo al fin. "¿Por qué Penacony? ¿Por qué elegir un mundo de sueños y esperanza, en lugar de uno plagado de desesperación?"

"Por justicia. Si la perdemos en nuestros corazones… ¿qué nos diferenciaría de la Armonía?"

El Maestro de los Sueños desvió la mirada.

"Nunca logré ver los verdaderos secretos de la Propagación." Admitió. "Esa parte del plan quedó en manos de otro edicto. Pero el activo ya está asegurado. Con el Stellaron plantado en la Mansión de los Roble, el éxito es inevitable."

Sunday entrecerró los ojos, comprendiendo algo.

"Apresúrate." Dijo el Maestro de los Sueños. "Este es el momento de dar un paso adelante."

Ese era el Edicto Divino de Medianoche.

"00:00. Porque las estrellas pertenecen a todos. Nunca han pertenecido a nadie. Si amas a todos, entonces no amas a nadie."

"Te equivocas, el paraíso no llegará a la medianoche, sino al mediodía. Iniciare el primer y único Edicto del Gran Septimus."

Sunday le dio la espalda nuevamente.

"12:00. Ascenderé a los cielos y me convertiré en el ardiente sol."

Uno a uno, los cuervos cayeron al suelo inertes. El Segundo Edicto Divino llegó a su fin. Dejando el Orden en manos de Sunday.

"Al bañarse con mi luz, el pueblo prosperará, y el mal será erradicado."

En el Gran Teatro vacío de Penacony, sólo el coro del Firmamento y los pasos de Sunday rompían el silencio mientras contemplaba los preparativos finales.

"Caminaré por el camino del Orden como tú querías." Murmuró. "Pero no seguiré tus enseñanzas ni tus edictos. Mientras sea la única estrella en el cielo, aunque no pertenezca a nadie… al menos la crueldad dejará de existir."

*********

SAM descendió y, al tocar el suelo, su armadura se desvaneció en motas de luz.

Firefly quedó de pie, observando el exterior.

Una niebla violácea cubría la zona, y ejércitos de memes custodiaban los alrededores de la Mansión de los Roble. Las raíces se extendían por sus muros, retorciéndose como venas, mientras el chillido de innumerables insectos llenaba el aire.

Firefly frunció el ceño.

"¿Así que aquí ejecuta sus planes…?" Murmuró.

"…¿O aquí encontrará su redención?"

Al sentir una presencia detrás de ella Firefly se volteó de inmediato.

Un hombre de cabello negro peinado hacia atrás la observaba con ojos entrecerrados tras unos lentes. Vestía una túnica negra, similar a la de un sacerdote.

Firefly dio un paso atrás.

"Gopher Wood…"

El hombre negó con calma.

"Es normal que no lo sepas." Dijo con una sonrisa serena. "No soy Gopher Wood. Soy uno de los Edictos Divinos en los que él se dividió."

Firefly tensó su postura, lista para combatir.

"Conozco tu verdadera naturaleza." Dijo con firmeza. "Sea cual sea tu objetivo, no te dejaré cumplirlo."

La sonrisa en el rostro del Edicto permaneció imperturbable a pesar de la clara hostilidad que Firefly le dirigía.

"Tranquilízate." Respondió. "No soy más que un pensamiento formado por la memoria. No muy distinto a esos memes que podrías destruir de un solo golpe."

La miró con interés.

"Entonces dime… ¿por qué temerme?"

Firefly no respondió.

"Aunque a pesar de mis palabras, tu preocupación no es infundada." Continuó él. "Hay una razón por la que estoy aquí, pero no es la que tú crees."

Firefly sostuvo su mirada.

"Continúa."

El Edicto Divino no pareció sorprendido.

"Ni siquiera yo de todas las personas puedo decir que conozco la totalidad de los planes maliciosos del Maestro de los Sueños." Dijo con calma. "Pero hay algo que sí sé. Él estaba esperando tu llegada. Por la caída de aquella legionaria de Glamoth. Aquella a la que sacrificó con sus propias manos para servir a sus fines. Él espera que seas tú quien, a través de mi, obtenga justicia. Que la veas y la presencies."

El Edicto se giró y comenzó a caminar, dándole la espalda.

"Conozco este lugar mejor que nadie y por lo tanto seré quien cumpla el papel de tu guía."

Avanzó unos pasos más.

"No lo tomes como algo trivial." Añadió. "¿No es acaso ser testigo de su confesión equivalente a revelar la verdad detrás de las atrocidades cometidas en nombre de su ambición?"

"Hazte a un lado." Respondió Firefly con frialdad. "No interfieras."

El Edicto negó lentamente.

"¿De qué sirve ser superior en fuerza si al final no puedes comprender lo que estás a punto de presenciar?" Dijo.

"Sin alguien que te explique lo que presenciaras. Sin alguien que disipe la niebla de tu incertidumbre ¿Que tan segura estas de que seras capaz de entender verdaderamente todo?"

Firefly exhaló con desgana.

"Guía el camino." Dijo. "Pero en el instante exacto en que muestres algún comportamiento extraño… te arrancaré la cabeza."

El Edicto sonrió suavemente y retomó la marcha.

...

A medida que avanzaban, Firefly notó algo que le crispó los nervios.

Los memes extrañamente no se lanzaban sobre ellos para atacarlos, optando en su lugar por permanecer allí inmóviles.

"¿Por qué no reaccionan?" Preguntó.

"Son guardianes." Explicó el Edicto. "Y mientras estén en mi presencia, no te harán daño."

Al llegar a la entrada de la Mansión de los Roble, Firefly se detuvo. Sus ojos recorrieron las estatuas de los gemelos carceleros mientras veía también la jaula mediana ubicada al medio que contenía una figura encogida en posición fetal que apenas cabía en el interior de la jaula.

Firefly frunció el ceño.

"¿La Mansión de los Roble siempre fue así de… particular?"

"No." Respondió el Edicto. "No al principio. Cuando Gopher Wood tomó control del Dulce Sueño, jamás negó la entrada a nadie. Siempre que persiguieran sus sueños con sinceridad. No importaba cuán sospechosos fueran, ni el peso de su pasado."

Se detuvo frente a la jaula.

"Creía en la redención. Creía que cualquiera podía mejorar si abrazaba la Armonía de todo corazón."

Firefly observó las esculturas en silencio.

"Parece que esas expectativas nunca se cumplieron." Murmuró.

El Edicto asintió.

"No." Confirmó. "Los malvados nunca aprendieron. Y en su arrogancia, conspiraron entre ellos. Enviaron un mensajero al cosmos buscando a la Familia Principal. Lo único que recibieron fue rechazo y vergüenza."

El Edicto se giró hacia ella.

"Ese fue el verdadero origen de la revuelta que devastó Penacony. La que terminó con la vida del Maestro de los Sueños… y lo condenó a existir como un ente incorpóreo, atado al sueño."

Miró a su alrededor.

"Poco después, la mansión fue decorada así."

Firefly lo miró de reojo.

"¿Esto era una advertencia para sí mismo… o para quien lo sucediera?" Preguntó.

"No lo sé. Pero déjame hacerte una pregunta. ¿Cuántos están atrapados en sus sueños? Si la senda que caminas está labrada en sufrimiento… ¿por qué te niegas a abandonarla?"

Firefly se cruzó de brazos con un ceño fruncido.

"Yo... creo que puedo entenderlo. Al menos en cierta parte."

El Edicto la observó.

"Este fue un punto culminante para él." Explicó. "Un momento que lo obligó a cuestionar sus elecciones y su fe en la Armonía. Lamentablemente mis propios recuerdos están incompletos. Por lo que carecen de la respuesta que tomó entonces."

Alzó su cabeza con una expresión contemplativa.

"¿Tal vez sea esa la razón por la cual existo? Para recorrer el mismo camino, pero con un corazón maduro y sin empañar por el peso de sus actos. Con la esperanza de validar su decisión… o tal vez elegir algo distinto."

Firefly negó con la cabeza.

"Elegir… Ahora ya es demasiado tarde."

El Edicto no estuvo de acuerdo.

"No lo creo. A veces los actos más bondadosos pueden nacer de corazones malvados y los más atroces, de corazones bondadosos."

La miró fijamente.

"Sea cual sea el caso del Maestro de los Sueños, yo lo juzgaré por mí mismo. Y tomaré mi propia decisión."

Con un extraño crujido vieron a las estatuas moverse y despejarlos obstáculos a sus lados, abriendo dos caminos.

"Con autoridad se debe apedrear a los culpables." Susurró el carcelero del camino con una alfombra roja. "Si no humillas a los malvados… ¿cómo demuestras justicia?"

"Sólo a través del engaño se puede continuar." Murmuró el otro. "Si deseas portar la esperanza, no reveles el sino aciago."

Firefly miró ambas rutas.

"¿Cuál tomó Gopher Wood?"

"El escogió el camino de la fuerza." Respondió el Edicto. "Pero eso aquí no importa."

Se giró hacia ella.

"Lo que importa ahora es cual elección tomaras tú."

Firefly dio un paso adelante, y finalmente escogió el camino de la alfombra púrpura.

"Una vez eliges." Dijo el Edicto. "Todos los demás caminos colapsan. Ya sea aquí en el sueño o en la realidad. No sirve de nada anhelar el pasado ahora distante si no puedes sostener en tus manos el pesado futuro."

Bajo la mirada de Firefly, la escalera de la alfombra roja se resquebrajó.

Y cayó al vacío.

...

Al final del camino, una pantalla se alzó frente a ellos.

Cuando Firefly se acercó, la superficie cobró vida. La imagen de un descomunal hombre de piel oscura y cabello gris, cubierto de heridas que soltaban sangre dorada se mostró allí.

"¿Nanook?" Murmuro Firefly.

El Edicto Divino habló en voz baja.

"Al final, el camino de la mayoría de los humanos parece conducir siempre al mismo desenlace. Como si la voluntad individual no tuviera impacto real alguno. Como si todo estuviera ya decidido."

Antes de que Firefly pudiera responder, el suelo bajo sus pies se desdibujó.

Y la imagen los absorbió, recomponiendo el mundo con la textura de un recuerdo remanente.

El Maestro de los Sueños en su forma como un cuervo se encontraba sobre la parte alta de un sofá.

Frente a él, una representante de la Familia Principal lo observaba sin expresión alguna.

"Eres consciente de que ya se me ha informado sobre la manifestación de Nanook." Dijo el Maestro de los Sueños. "Y de la caída del Centurión Eterno. Por eso mi pregunta es simple. ¿Qué trae a un prestigioso mensajero de la Familia Principal hasta una frontera como Penacony, sabiendo lo problemático que resulta siquiera alcanzar este lugar?"

"La respuesta es igual de simple." Replicó ella. "He venido a impartir el castigo."

El Maestro de los Sueños frunció ladeo su cabeza con confusión

"¿Castigo?" Repitió. "He sobrevivido a duras penas a una revuelta que me mató. Estoy atado al sueño como consecuencia directa de ello. ¿De qué crimen se me acusa ahora?"

"No finjas no comprender mis palabras. Me refiero a los que ya confesaste por tu cuenta."

"Eso es imposible." Dijo al fin. "Nunca—"

"La Familia no tolera la incompetencia." Interrumpió el mensajero. "Ni siquiera en un líder fronterizo. No sólo fallaste en aplacar la revuelta sino que incluso moriste en el proceso. Si no fuera por la manifestación de Nanook, el Centurión Eterno habría descendido sobre Penacony y exterminado a todos los criminales."

El Maestro de los Sueños mantuvo su silencio mientras su cuerpo se estremecia.

"Sobrevivir tan repetidamente… y sin poder hacer nada…"

El mensajero ignoró su murmullo sin importancia.

"Sin embargo, tu fracaso no culminó en una aniquilación total. Felicidades, eso te concede una oportunidad. Puedes enmendar tus errores y recuperar el respeto que la Familia perdió por tu causa."

"¿Y cómo pretenden hacerlo?" Preguntó él. "¿Que orden debo cumplir? ¿O es que la vida que apenas mantuve será dicho precio?"

"No. En su lugar, se te consedera una bendición."

El Maestro de los Sueños alzó la vista.

"Te impondremos otro crimen." Continuó el mensajero. "Tu maldad toca los cielos. Gopher Wood, quien una vez fue alabado perderá todo significado. Mientras tu cuerpo viva, tu espíritu estará muerto."

El Maestro de los Sueños cerró los ojos.

"Si ese es el precio, lo aceptare."

"No será aquí." Dijo ella. "Ni ahora. Aún no mereces el honor de fundirte en la fuente. Primero te afinaré. Serás incapaz de hablar mientras te abro los ojos."

El mensajero extendió su mano permitiendo que su energía se extendiera hacia el interior del cuervo.

"Aunque sean confundidos con creaciones de la Destrucción por las calamidades que arrastra, despejaré toda duda de tu ser." Dijo. "Presenciarás la fuerza que da y quita. La misericordia concedida por la Triple Cara. El cáncer nacido de la Armonía."

La imagen del Stellaron se manifestó.

"Venera." Ordenó. "Y aprende."

El recuerdo terminó, Firefly y el Edicto regresaron al presente mientras la pantalla se apagaba.

"Entonces…" Dijo Firefly. "¿El Maestro de los Sueños manipuló el Stellaron por orden de la Familia?"

El Edicto negó lentamente.

"Quisiera decir que fue 'forzado'." Admitió. "Pero creer eso no es distinto a engañarse a uno mismo. Sea cual sea el verdadero rostro de la Familia, aquí no es lo importante. Este fue el momento en que Gopher Wood dejó de seguir la Armonía."

Firefly guardó silencio por unos cuantos momentos.

"¿Qué habrías hecho tú si hubieras estado en su lugar?"

"Los habría traicionado. Pero no habría sido por una razón que no sea que La Familia no es merecedora de obediencia."

"¿Entonces justificas lo que hizo después?"

"No." Dijo el Edicto. "Comprender no es absolver. ¿Crees tu que sus crímenes son del tipo que merezca perdón o clemencia?"

Firefly guardó silencio.

"Si, yo tampoco lo creo." Mencionó el Edicto.

Continuaron avanzando por el camino, allí pudieron ver una vieja silla que los aguardaba al final de las escaleras. Sobre ella descansaba la proyección de un anciano.

"¿Quién es?" Preguntó Firefly con curiosidad.

"Mikhail Char Legwork." Respondió el Edicto. "El hombre que se hacía llamar El Relojero."

Firefly frunció el ceño.

"¿Su muerte fue culpa del Maestro de los Sueños?"

El Edicto en lugar de responder, saco un objeto desde su bolsillo.

Era un reloj de bolsillo roto de aspecto algo simple y poco ostentoso.

"Era una de sus posesiones más preciadas." Dijo. "Nunca lo desechó. Y antes de desaparecer, se lo entregó a quien crió como a un hijo. Pero no creo que sea el momento de hablar de esto, mejor concentrarse en el recuerdo."

Gopher Wood se encontraba junto a la silla.

"He venido por una confesión." Dijo al anciano dormido. "Sé que no obtendré respuesta, pero aun así necesito preguntar."

Se inclinó levemente.

"¿Cómo se siente morir?" Murmuró. "Yo ya estuve muerto una vez. Fue breve, y al final regrese al reino mortal."

Sonrió con cansancio.

"Si hubieras tenido mi suerte… ¿habrías elegido distinto?"

Negó con la cabeza.

"No." Dijo con suavidad. "Siempre fuiste terco. Aunque supongo que lo eras porque jamás estuviste cara a cara con una muerte inevitable."

El Maestro de los Sueños permanecío de pie junto a la silla, con la mirada fija en el rostro inmóvil de Mikhail.

"Siempre me he preguntado si me culparías por lo que hice." Dijo al fin. "Si al despertar de ese sueño eterno me señalarías como al verdadero responsable."

Apoyó una mano sobre el respaldo de la silla.

"Intenté revelar el tercer rostro de Xipe. Sabía que Armonía y Orden no eran todo. Estaba convencido de que el último debía ser la Propagación, lamentablemente me equivoqué. No era eso."

Levantó la vista, como si observara algo que sólo él podía ver.

"Pero el destino no me abandonó. En su misericordia me permitió comprender una verdad." Continuó. "El terror causado por La Propagación era mi respuesta. El Enjambre Devora Estrellas hizo que la humanidad rezara al Orden por protección mientras eran asolados por el más profundo miedo y desesperación. El punto más alto de la Vía del Orden no fue otro que el momento en que el Enjambre estaba más activo en el cosmos."

Una breve risa escapó de sus labios con un dejó de amargura.

"Luego Ena desató aquella guerra que provocó que cayera desde la cima. Nadie quiso aceptar una escalera construida con mentiras." Sus ojos se entrecerraron. "Estaban equivocados."

Se inclinó un poco hacia adelante.

"La Grandiosa buscaba justicia. Pero la gente nunca rezó por justicia, de principio a fin el deseo por el que clamaban sus plegarias eran para dejar de tener miedo."

Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor de la silla.

"Eso fue lo que no entendimos."

Alzó la mirada por última vez hacia el rostro de Mikhail, y por un instante no hubo soberbia ni certeza en sus ojos.

"¿Me perdonarías?" Preguntó en voz baja.

"¿Lo harías, Mikhail? Mi siguiente acto será una herejía en mi búsqueda de reparar el error de los dioses. Restauraré la manecilla que falta en el reloj celestial. Le enseñaré a la humanidad a temer el final, para que vuelva a desear el Orden. Sé lo que hay de aborrecible en mis actos. Conozco cada uno de mis pecados... Y aun así, no habrá arrepentimiento alguno en mi persona."

Enderezó su espalda mientras dirigía su mirada hacia el horizonte.

"Cuando el paraíso llegue, este sacrificio no será olvidado."

El recuerdo se deshizo, dejando a Firefly y al Edicto frente a la silla solitaria una vez más.

"Está loco." Dijo con frialdad. "Usar la Propagación como cimiento para su paraíso. Restaurar el Enjambre para que la gente suplique por el Orden."

Sus manos temblaron.

"Es repulsivo."

"Tal vez por eso hizo lo que hizo con aquella legionaria." Respondió. "Buscaba comprender cómo los legionarios de Glamoth estaban dotados del poder de la Propagación."

Firefly cerró los ojos por un instante, conteniendo la ira que le subía por el pecho.

"Ese poder no es algo que se pueda controlar con simplemente desearlo." Dijo al abrirlos. "Debemos darnos prisa."

A medida que continuaban avanzando a su alrededor, la estructura comenzó a resonar con ecos de los pensamientos antiguos del Maestro de los Sueños.

"Ya he creado el paraíso… aunque nadie pueda reconocerlo…"

Las escaleras empezaron a descender.

"En el lugar más hermoso buscan el dolor…"

Las voces se volvieron más cercanas.

"Porque creen que nadie merece la felicidad."

Al llegar al final, dos caminos se abrieron ante ellos. Dos escaleras y, entre ambas, un pasillo oscuro que parecía devorarlo todo.

"Más allá de este punto está la antesala de la sala principal." Dijo el Edicto. "Aquí yace la decisión final del Maestro de los Sueños ¿A dónde ir cuando se le da la espalda a la Armonía?"

Firefly observó ambos caminos.

"Elige con calma." Continuó él. "Yo tomaré el opuesto."

Ella lo miró, desconcertada.

"Mi elección no importa." Aclaró. "No puedo cambiar nada. Incluso si despertara… ¿qué podría hacer? Tal vez ofrecería consuelo al Maestro de los Sueños. Y en mi opinión, no lo merece."

Firefly sostuvo su mirada por unos instantes.

"¿Has tomado una decisión distinta a la suya?" Murmuró.

"Sí." Respondió.

Ambos contemplaron los caminos en silencio.

"Espero que todo salga bien." Dijo Firefly.

"Nuestros caminos se separan aquí." Dijo el Edicto. "Buena suerte."

Las voces del Maestro de los Sueños resonaron una última vez cuando cada senda comenzó a manifestar su naturaleza.

El camino de la izquierda se cubrió de raíces, el aire se lleno de un acre olor similar a la sangre putrida, y el chillido hambriento del Enjambre lo inundó todo mientras una luz roja profunda lo recorría.

"Que el fuego divino llueva bajo la Propagación una vez más, anunciando con un canto fúnebre la muerte."

El camino de la derecha se iluminó en un suave índigo, acompañado por el coro del Firmamento y plegarias cargadas de esperanza.

"Que las mentiras de la Armonía sean reveladas ante la espada acusatoria de la verdad."

Firefly giró hacia el camino de la izquierda.

Antes de desaparecer por completo, escuchó la voz del Edicto a su espalda.

"Tú caminas hacia la vida. Yo, hacia la muerte."

Antes de perderla de vista, el Edicto murmuró.

"Sólo los dioses saben cuál es el mejor camino."

Firefly apretó sus puños.

"¿Ya empezó…?" Murmuró.

Se lanzó al combate, abriéndose paso entre la carne de cañón del Enjambre mientras avanzaba sin detenerse hacia la puerta al final del camino.

Y con cada paso, una única pregunta martillaba su mente.

Si el plan del Maestro de los Sueños ya estaba en marcha… ¿Había llegado demasiado tarde para enfrentarlo?

.....

Firefly atravesó la puerta.

La sala de espera se abrió ante ella, bañada por aquel líquido acre que impregnaba el suelo y las paredes. Raíces gigantes atravesaban la estructura desde todos los ángulos, desgarrando columnas y techos. Restos de Insectos del Enjambre yacían esparcidos por doquier, cuerpos destrozados que aún parecían retorcerse en una muerte incompleta.

Firefly apretó los dientes.

"Esto no debería estar ocurriendo todavía…"

La visión la alteró más de lo que estaba dispuesta a admitir. No había tiempo para analizar nada. Si aquel escenario ya se había manifestado, entonces el plan del Maestro de los Sueños estaba avanzando demasiado rápido.

Corrió.

Las puertas dobles al otro lado de la sala se abrieron bajo su empuje, revelando el acceso a la sala principal. Al cruzarlas, los susurros se volvieron más claros ya no fragmentos inconexos sino pensamientos definidos.

"Si yo no tengo otra opción."

Firefly avanzó sin detenerse.

Los chillidos de los insectos resonaban desde niveles superiores. Su mano se cerró alrededor del activador que mantenía a SAM en estado inactivo.

"Entonces tú tampoco serás la excepción."

Un nuevo tramo de escaleras se alzó ante ella, conduciendo hacia otras puertas dobles.

"¿Vivir para morir?"

Subió los escalones de dos en dos, mientras un mal presentimiento se acentaba en su pecho.

"¿Recibir los secretos del Stellaron?"

Su pulgar tembló ligeramente sobre el activador.

"¿Cazar un Andavias de Propagación?"

El eco de aquellas palabras le recorrió la espalda como una descarga.

"Y así reproducir el Enjambre."

Las puertas finales se abrieron.

"Para recibir a la Grandiosa."

Firefly ingresó a la sala principal.

La sangre putrefacta cubría el suelo como un lago oscuro. La luz se filtraba desde la cúpula superior, atravesando vitrales quebrados y bañando el centro de la sala.

Allí flotaba un enorme capullo gris metálico, suspendido en el aire siendo sostenido por hilos que parecían estar compuestos por carne.

Los ojos de Firefly temblaron.

"No hay duda…" Murmuró. "Este es el lugar."

Una voz resonó desde el frente.

"Así es."

Firefly levantó su vista para toparse con el Edicto.

Ella frunció el ceño.

"Entonces... ¿el otro camino también conducía aquí?"

"Ambos lo hacían." Respondió él. "No había una verdadera bifurcación. Sólo distintas formas de llegar al mismo final."

Firefly volvió a mirar el capullo.

"¿Qué es esta cosa?"

El Edicto se cruzo de brazos.

"Es el terror que habita en los sueños de la humanidad. Aquello que nadie se atreve a recordar conscientemente." Dijo con calma. "Un objeto nacido de la unión entre el conocimiento que el Maestro de los Sueños obtuvo al estudiar el cadáver de tu compañera legionaria y su comprensión del Stellaron."

Alzó la vista hacia la cúpula.

"Esta es la Crisálida de la Extinción de la Plaga."

Firefly chasqueó su lengua.

"¿Y pretendes decirme que todo esto es suficiente para traer de vuelta al Enjambre Devora Estrellas?"

"Oculto en lo más alto del vitral yace el golpe final del Maestro de los Sueños." Respondió. "El renacimiento está preparado."

Firefly negó con la cabeza.

"No importa cómo haya obtenido ese poder." Dijo con firmeza. "Tenemos que detenerlo. Ahora."

El Edicto se quitó los lentes. Los limpió con un paño blanco antes de volver a colocarlos en su rostro.

"¿Detenerlo… o detenerme?"

Firefly exhaló lentamente.

"Como se esperaba. Parece que fue correcto jamás confiar en ti."

"El trabajo lo completaré yo. En nombre del Maestro de los Sueños."

Firefly lo miró sin comprender.

"Todo lo que viste en este camino no fue para ti." Dijo el Edicto. "Fue para mí. Para que pudiera juzgarlo y hacerte justicia."

"Eso no es justicia." Respondió Firefly.

"Después de todo lo que has experimentado en tu camino hasta este lugar, déjame preguntarte Cazadora de Stellaron ¿Has pensado en el destino?" Preguntó él.

"No uses el destino como un excusa conveniente para justificar tus actos dementes." Replicó ella con molestia. "Aunque el final esté escrito, todavía podemos elegir cómo llegar a él."

El Edicto negó con la cabeza.

Sus ojos se abrieron por completo, mirándola con una lástima.

"Tus palabras son hermosas." Dijo. "Pero no son más que un tonto autoengaño. Nadie puede cambiar el curso de los acontecimientos ya dictados por el destino."

Extendió su mano hacia ella.

"No importa cuántas veces enfrentes una encrucijada. No importa cuántas veces regreses al inicio. Siempre elegirás lo mismo. Porque tu pasado ya te moldeó. Tus pensamientos te guían inevitablemente a creer que tomaste la decisión correcta."

La observó con calma.

"El futuro ya fue definido por aquello que dejaste atrás."

Firefly apretó sus puños.

"Esa legionaria intentó huir de su destino." Continuó él. "Y aun así encontró el mismo final. A mis ojos, no eres distinta."

"No." Dijo Firefly con firmeza. "La persona que tienes delante ya reescribió su destino."

El Edicto inclinó la cabeza.

"Entonces recibe mi más sentido pésame." Respondió. "Ya que sólo conozco una forma de lograr tal cosa. Renunciando a tus propios deseos y a tu camino. Sólo así puedes alterar no sólo tu destino, sino el de los demás." Sus ojos se endurecieron. "Pero desde ese momento, te habrás matado a ti misma. Aunque tu cuerpo siga vivo, tu espíritu estará muerto."

Firefly avanzó.

Su mirada no vaciló.

"Ese es el precio." Dijo. "El precio que deben pagar aquellos cuya codicia los obliga a desafiar el destino en busca de un mejor resultado."

Parandose en el centro de la habitación su mirada chocó con la del Edicto.

"No todos pueden darse el lujo de rendirse y levantar sus manos en alto. Con nuestros propios ojos elegimos ver el mundo como es y cargar con ese peso. Eso es el sacrificio."

El Edicto la observó en silencio.

"Tu convicción es admirable." Dijo finalmente.

Una leve sonrisa se dibujó en su rostro.

"Y ya que el sacrificio no es un problema…¿Por qué no intentas detener mi siguiente ataque?"

Firefly sostuvo la mirada del Edicto sin retroceder un solo paso.

"No importa si tu ataque es inevitable." Dijo con calma. "No me moveré ni huiré. Si este paraíso que intentas crear exige una muerte, entonces será la mía."

El Edicto la observó en silencio durante un instante.

"Tu valor es comparable al brillo del oro puro. Inalterable incluso cuando se aproxima su fundición." Sacudió su cabeza, mientras le ofrecía su dictamen.

"11 45. El Paraíso caerá en un mundo de tristeza, y al llegar el amanecer, se hará añicos a la luz del día. ¿Acaso todo lo que es de oro guarda su gloria para siempre?"

Firefly no respondió.

"El último remanente del Imperio verá con sus propios ojos el verdadero rostro del Orden. Y con manos mortales, deberá enfrentar el castigo de la Grandiosa."

Su mirada se alzó, como si contemplara algo lejano.

"Los insectos volverán a devorar todas las cosas..."

La armadura de SAM respondió de inmediato, desplegándose alrededor de su cuerpo mientras adoptaba una posición de combate óptima para la resistencia.

"Y a llenar los corazones de todos aquellos perdidos con el más profundo de los temores..."

El Edicto alzó ambos brazos con reverencia.

"Primero debe haber alguien que desate su ira."

A su espalda, los ventanales comenzaron a brillar mientras finas grietas se extendian junto con el sonido del crujir del vidrio.

"Todo ser viviente muere."

La pared entera cedió junto a los ventanales, despedazada por la irrupción de una mano de porcelana sostenida por hilos dorados de un tamaño descomunal.

"Y a pesar de todo…"

Firefly giró su cabeza ante el inquietante chillido de un insecto.

El capullo gris metálico se expandía con movimientos espasmódicos, palpitando con una euforia grotesca. Los hilos de carne que lo sostenían se tensaron mientras la superficie comenzaba a resquebrajarse desde dentro, lista para eclosionar.

"Rezaré por mi supervivencia."

El cuerpo del Edicto comenzó a desvanecerse desde sus piernas mientras un fuego azul comenzaba a consumirlo.

"Puedo hacerlo, ¿verdad?"

Pronto su mitad inferior fue tragada por las llamas.

"Sin embargo, la muerte llegará porque tú, entre toda la multitud…"

El fuego alcanzó su torso.

"Eres la primera en buscar la vida."

El destino cerró sus premoniciones y llegó a su debido tiempo.

La Mansión de los Roble estalló.

El impacto sacudió el espacio mismo. Muros, columnas y vitrales fueron reducidos a fragmentos incandescentes que se dispersaron en todas direcciones, mientras el rugido de la destrucción engullía cualquier sonido restante.

"Tarde o temprano, la muerte nos alcanzará a todos."

*********

Tras un largo recorrido, Marzo, Himeko y Stelle finalmente alcanzaron el interior del Gran Teatro de Penacony.

Marzo miró a Stelle de reojo.

"¿Le avisaste a Aleph o seguimos confiando en que aparecerá por arte de magia?"

"Dice que ya viene." Respondió Stelle con su habitual tono plano. "No debería tardar."

Marzo chasqueó la lengua.

"Claro. Promete acompañarnos hasta aquí y decide llegar tarde. ¡Qué sorpresa! ... Tonto desconsiderado."

Avanzaron unos pasos más.

"Este lugar da escalofríos. ¿Por qué está tan ridículamente vacío?" Comentó Marzo. "Y eso que falta una hora para el Festival Carismonia."

Stelle observó alrededor.

"No hay nadie. Ni siquiera personal."

"¡Literalmente acabó de decir eso! ¿Que no estabas prestando atención?"

"Ahora no, Marzo. Hay cosas más importantes de por medio." Comentó Stelle.

"Esto es lo preocupante." Respondió Himeko. "Manténganse atentas e intenten cubrir los puntos ciegos de la otra, hay que prevenir posibles 'accidentes'."

A medida que continuaban adentrándose en el teatro los maniquíes comenzaron a aparecer a ambos lados del pasillo, en la boletería y sentados en los asientos cercanos, todos ellos tenían distintos tamaños y proporciones. Algunos tenían cuerpos esbeltos con una aureola suspendida detrás de la cabeza y pequeñas alas brotando desde la nuca. Otros eran más bajos, con extremidades infantiles y grandes pompones en la cabeza que contrastaban con rostros inexpresivos. Algunos más estaban formados por placas metálicas doradas, rígidas y angulosas, mientras otros mostraban orejas alargadas y colas cubiertas de pelaje.

"Esto…" Murmuró Marzo mientras tragaba saliva. "Esto no me gusta nada."

"M-Marzo." Dijo Stelle. "¡M-Mira detrás de ti!"

"¡Ahhhh! ¡¿Que?!" Pero al voltearse no había absolutamente nada detrás de ella.

Cuando volvió a mirarla, Stelle ya se estaba riendo.

Marzo le lanzó una mirada fulminante.

"Eres insufrible."

Avanzó un paso y le puso el pie justo cuando Stelle estaba caminando, haciéndola caer de cara contra el suelo.

Ahora fue Marzo quien rió.

"Eso no es gracioso." Protestó Stelle mientras se levantaba y miraba a Marzo haciendo un puchero.

Himeko se llevó una mano a la frente.

"Tengo un muy mal presentimiento."

Marzo se cruzó de brazos.

"¿Y Sunday?" Preguntó. "Crei que al invitarnos tendría deseos de hacer una aparición increíble o algo así, y ni siquiera aparece, qué educación."

Stelle la miró inexpresivamente.

"¿Eso es lo que te molesta de verdad?"

Himeko suspiró.

Una voz resonó desde algún punto cercano.

"Vaya recibimiento."

Marzo dio un salto.

"¿Dónde estás?" Exigió mientras dirigía una mirada sospechosa a los alrededores. "¿Eres algún tipo de pervertido mirón o qué?"

Hubo un breve e incómodo momento de silencio que pronto fue seguido por un suspiro cansado.

"Detrás del telón rojo." Respondió Sunday. "A unos pocos metros de donde se encuentran."

Las tres se giraron.

"Acorde a las tradiciones de Asdana." Continuó Sunday. "Están invitadas a presenciar una obra de tres actos antes del inicio del Festival Carismonia. La historia refleja la verdadera esencia de las cosas. ¿Por qué no aprovechar esta oportunidad y adentrarse un poco más en la historia de Penacony y de los Aeones? En ella, como sabrán, el futuro toma forma."

Se miraron entre ellas sin estar muy seguras de que hacer.

Con cautela, avanzaron y cruzaron la cortina.

Mientras lo hacían, la voz de Sunday comenzó a narrar.

"Al principio de todo, tras las Guerras Crepusculares, emergió Ena El Orden. Quien restauró toda la existencia. Eso marcó el primer día."

El escenario se reveló ante ellas.

Flotaba en medio de una inmensidad opulenta, digno del Gran Teatro del Planeta de las Celebraciones. Pero la belleza estaba ausente. La oscuridad devoraba la luz, mientras innumerables hojas arrancadas de un libro giraban a su alrededor como parte de un huracán silencioso.

"Reunió nebulosas y con ellas forjó picos." Continuó Sunday. "Creó una gran lira con teclas negras y blancas. Al tocar las blancas, el sol y las estrellas se alzaron. Al tocar las negras, la luna y los demás astros surgieron. Así nacieron el día y la noche. Marcando así el segundo día."

Miles de maniquíes se reunieron en el escenario, inclinándose y golpeando sus cuerpos contra el suelo en reverencia.

Marzo tragó saliva.

"Sigamos mirando. Quiero ver hacia dónde se inclinan."

Avanzaron hasta un marco solitario.

Al acercarse, su interior se abrió, revelando un portal azul que ondulaba suavemente.

"Entren. Y presencien el primer acto de la obra... Oda a los Prisioneros."

...

Al atravesar el portal, el entorno se disolvió en una oscuridad densa y silenciosa. No había paredes ni suelo reconocible, sólo plataformas suspendidas en el vacío, conectadas entre sí por tramos estrechos que obligaban a avanzar con cuidado.

Himeko observó a su alrededor con atención.

"Oda a los Prisioneros…" Murmuró. "¿Creen que esto sea sobre el pasado de Penacony?"

Marzo dejó escapar una risa nerviosa.

"Genial. En otras expediciones Trazacaminos logré esquivar la ley con bastante elegancia." Murmuró. "¿Quién diría que sería en Penacony donde yo, la legendaria 7 de Marzo, acabaría encontrando mi destino tras las rejas?"

Stelle se llevó ambas manos a la cabeza, visiblemente alarmada.

"¡Eso no tiene ningún sentido!" Exclamó con pánico. "¡Yo no debería estar en la cárcel! A diferencia de ti, yo soy una chica amable, servicial, de buen corazón. ¡No le haría daño ni a una mosca!"

Marzo y Himeko la miraron sin el menor atisbo de convencimiento.

"Stelle." Dijo Himeko con calma. "Eres una rompedora de reglas profesional."

"Y bastante talentosa." Añadió Marzo. "Si no fuera por el General Jing Yuan en el Luofu, habrías acumulado tantas deudas que ni volviéndote una raza de larga vida podrías pagarlas."

Stelle frunció el ceño.

"¡Cállense!" Replicó. "Sin pruebas tangibles todo eso es sólo difamación contra mi imagen integra y respetuosa de la autoridad."

La voz de Sunday resonó una vez más en el espacio vacío.

"Esta es la segunda razón por la que deseaba que presenciaran esta obra." Dijo con serenidad. "Lamento la ausencia de Aleph Avesta. Sin embargo, mi intención sigue siendo la misma. Evitar un choque irremediable entre nosotros. Por eso preparé estos tres actos antes de que la situación alcanzara un punto sin retorno. Ahora bien… ¿desde dónde debería comenzar?"

Hubo una breve pausa mientras reflexionaba, las tres avanzaron por las plataformas. A medida que lo hacían, comenzaron a aparecer maniquíes a ambos lados del camino. Sus cuerpos estaban torcidos en posiciones lastimosas, algunos arrodillados, otros encorvados, mientras eran azotados por figuras similares vestidas con ropajes que evocaban a guardias carceleros. Látigos descendían una y otra vez, congelados en el instante eterno de la violencia.

Sunday retomó la palabra.

"Comenzaré desde antes de que Penacony siquiera llevara ese nombre." Dijo. "Cuando sólo existía Asdana. El planeta prisión bajo el dominio de la Corporación."

Los maniquíes azotados comenzaron a retorcerse con más violencia.

"Durante la Guerra de la Frontera, Hanunue luchó por la libertad de todos. Tras una contienda brutal, emergió victorioso y rompió el yugo de la Corporación. Al final de aquella guerra, tres Anónimos que lo habían apoyado decidieron quedarse. Intentaron difundir entre los prisioneros los principios de los Trazacaminos. Pero fracasaron."

Las plataformas continuaron desplegándose ante ellas.

"Asdana volvió a sumirse en la guerra. Esta vez no contra un enemigo externo, sino contra sí misma. Los prisioneros siguieron luchando, no por vivir en libertad, sino por sobrevivir a ella."

El diálogo se extinguió lentamente.

Un poco más adelante, una figura destacó entre los maniquíes. Era más alta que las demás con una silueta bastante femenina. En su mano izquierda sostenía un látigo cubierto de pinchos y en la derecha, una tonfa de apariencia lujosa. A sus pies, otros maniquíes se retorcían en el suelo, cubriéndose la cabeza como si intentaran protegerse de un castigo inminente.

La figura inclinó ligeramente la cabeza, como si sintiera desdén por ellos.

"¿Disfrutan su libertad?" Preguntó con una voz burlona. "¿Les agrada arder en las llamas de la anarquía?"

Sunday habló de nuevo.

"Como pueden ver, los prisioneros obtuvieron su llamada libertad tras cumplir sus condenas y expulsar a los guardias del planeta. Pero siguieron siendo esclavos. Ya no de fuerzas externas, sino de los límites de sus propias mentes. La libertad no puede sanar los corazones frágiles de quienes no creen en ella."

La figura femenina alzó su arma.

"¡Esta es mi orden para ustedes, sucios y patéticos prisioneros!" Gritó. "¡Aprendan el verdadero significado de la libertad y enséñenles a los demás a luchar por sus vidas!"

Los maniquíes se pusieron de pie al unísono.

"¡Nadie puede encerrarnos!" Gritaron al unísono. "¡La libertad es nuestra!"

Sunday concluyó con calma.

"Y con esto, el primer acto llega a su fin. La prisión fronteriza comenzó entonces su transformación. Asdana dejó de ser una cárcel… para convertirse en la tierra de los exiliados."

Las plataformas condujeron hacia un tramo final.

Himeko habló en voz baja.

"Parece que Sunday no sólo quiere contarnos la historia de Penacony." Dijo. "Está poniendo el énfasis en las aflicciones espirituales de los prisioneros, más que en sus pobres condiciones."

Marzo se rascó la cabeza con algo de vergüenza.

"No sé. Esto es un poco demasiado intelectual para mí. Pero las peleas se entendieron perfecto." Señaló hacia adelante. "Además, ya encontramos el portal de salida. Sigamos."

Se giró para llamar a Stelle.

"Vamos, Stell—"

Se detuvo al ver que Stelle estaba forcejeando con la figura femenina, intentando arrancarle la tonfa dorada.

"¡Mira nada más esta belleza!" Exclamó. "Esto se vería increíble en mi colección."

Antes de que pudiera reaccionar, Marzo y Himeko la tomaron de los brazos.

"Suéltala." Dijo Himeko con firmeza.

"¡Oigan, esperen!" Protestó Stelle mientras era arrastrada lejos del maniquí.

...

Tras cruzar otro portal, el espacio volvió a transformarse en una dimensión similar. Nuevas plataformas flotaban en la oscuridad.

Marzo frunció el ceño y miró a su alrededor.

"¿Y ahora qué?" Preguntó. "¿Cuál se supone que es el siguiente acto?"

La voz de Sunday respondió mientras avanzaban.

"Transmutaron caudales de estrellas en plumas entintadas, creando símbolos para pronunciar y contar. Convirtieron el polvo estelar en ríos, asignando las aguas de arriba a los justos y las de abajo a los injustos. Así, todas las cosas quedaron marcadas y el mundo comprendió la diferencia entre el bien y el mal. Con ello concluyeron el tercer y el cuarto día."

Las plataformas comenzaron a avanzar hacia la penumbra y el telón volvió a alzarse.

"Es hora de que presencien el segundo acto de la obra. La Oda al Ignorante."

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