Bajo su velo,
perfume y misterio,
reposan promesas,
pecado y imperio.
Sus ojos,
abismos de un fuego mortal,
encienden las noches del viejo portal.
Cortezana del arte,
del verbo y del vino,
conoces los hilos del hado divino.
Mas tras tu risa,
de seda y cristal,
late un suspiro,
dulce y mortal.
Te amé sin nombre,
sin reino ni altar,
como se ama el ocaso frente al mar.
Y aunque tu beso fue condena temprana,
mi alma aún danza...
bajo el velo de la cortezana.
