Cherreads

Chapter 3 - Capítulo 3— La bruja salvaje.

El atardecer teñía el bosque de naranja y sombras largas. Jherka abandonó el pueblo saltando de techo en techo, sus botas apenas rozando las tejas. Una vez en la espesura, usó las ramas como trampolines naturales, impulsándose con saltos precisos hasta aterrizar con un impacto sordo en una zona plana.

Escaneó el entorno: nada en un radio de 200 metros. Subió a una roca alta y divisó una choza aislada, distinta a las del pueblo: estructura de madera retorcida, cubierta de enredaderas que parecían vivas.

—¿Qué raro? Mi radar no la detectó... debe haber algo que obstruya la señal —murmuró Jherka, dudoso—. Sería una pena no ir a investigar.

Se acercó sigiloso, alerta. Por una ventana vio a una mujer joven de cabello blanco y largo. El traje analizó automáticamente: edad aproximada 19 años, datos innecesarios pero curiosos. Lo que realmente captó su atención fueron los destellos de luz y energía que brotaban de un enorme caldero. ¿Era esa la fuente de su poder... o era ella misma la fuente? La demostración lo dejó asombrado.

Contemplaba cómo realizaba el hechizo: sus manos trazaban runas luminosas en el aire; el ambiente crepitaba con una energía azulada que hacía vibrar el cristal de la ventana.

Jherka, arrastrado por la curiosidad, bajó la guardia y se dejó ver por completo. Quería esa energía. Pero al tocar la superficie de la ventana con la mano, el vidrio cristalizó de golpe con un crujido seco. El sonido la alertó.

Ella giró la cabeza con rapidez y sus ojos se clavaron directamente en el intruso.

—Oh, no... esta es la señal de decir adiós —murmuró Jherka, dando un giro veloz en dirección contraria—. Maldición, esto me pasa por perder el tiempo. Esa hembra podría alertar a quien sea de mí.

Pero algo inesperado lo detuvo en seco.

—¿Qué es esto? —gruñó, chocando con un muro invisible.

Una enorme pared translúcida se alzaba a su alrededor, bloqueando el escape. No era solo una pared: todo el perímetro de la choza, en un radio de unos ocho metros, estaba cubierto por un domo semitransparente que vibraba con energía azulada.

—Jajaja... así que este es su poder —rió Jherka, impresionado a su pesar—. Aunque también quiero saber de qué está hecho.

Extendió la mano y tocó la superficie: una corriente fría y eléctrica le recorrió los dedos.

De pronto, su traje emitió un pitido de alerta. La mujer lanzó una bola de fuego directo desde las palmas. Jherka esquivó por centímetros; el calor le rozó la piel y el olor a quemado llenó el aire. Ella siguió disparando ráfagas; él rebotaba contra la barrera, usando su superficie como apoyo para saltar y desviar ataques con movimientos fluidos.

—¡No te muevas, por un demonio! —gritó ella.

—Pff, qué mala palabra elegiste cuando me tienes encerrado como un insecto —replicó Jherka con sarcasmo.

Cegada por la desesperación y la ira, la bruja cambió de táctica. Juntó las manos y murmuró un hechizo: una luz verdosa brotó de la tierra. Lianas gruesas y espinosas surgieron del suelo, serpenteando hacia él a gran velocidad.

Eso lo tomó por sorpresa. Aumentó su velocidad, zigzagueando entre las raíces vivientes hasta encontrar un claro momentáneo dentro del domo.

Ahora era su turno de contraatacar.

—¿Muy bien con que quieres jugar rudo no? — respondió al tronarse el cuello. — Primero te capturare y luego tomare posesión de tu poder. —Balbuceo.

En el segundo en que una liana se abalanzó hacia él, Jherka extrajo del traje un cuchillo hecho de hueso afilado y, con un movimiento inhumano, lo arrojó directo a la bruja.

Ella, al notar el proyectil, retiró parte de las lianas que atacaban para bloquearlo. Cuando las bajó, su expresión cambió a una de preocupación. El sujeto ya no estaba sobre el domo.

Entonces comprendió: había sido una distracción.

Volteó justo a tiempo para ver un puño descendiendo lentamente hacia su cara. El tiempo pareció detenerse en fracciones de segundo. Jherka sonreía con cinismo bajo el casco; ese golpe sería su victoria absoluta.

Pero ella también sonrió, una sonrisa de triunfo puro.

El puño y el cuerpo de Jherka se detuvieron en seco. Lianas gruesas y espinosas lo envolvieron por completo desde todos lados. Había caído en su trampa.

—¿No me lo puedo creer? Jajaja —rió Jherka, asombrado—. Ella también previó mi ataque sorpresa... jojo. Cuando me libere, la felicitaré... y luego me la comeré.

—Por fin te atrapé, vándalo —dijo Thamara jadeando—. No sabes el gasto de energía que tuve que usar.

Retorció las lianas espinosas con más fuerza, clavándolas en la armadura de Jherka.

—¡Vamos, habla! ¿A qué vienes? ¿Quién te envía? ¡Contesta!

Jherka giró la cabeza lentamente hasta tenerla frente a frente. Contempló el miedo mezclado con ira en sus ojos. No era el terror de una simple habitante; había algo más profundo en esa interrogación.

—¿Tú crees que con estas plantas me ganaste? —dijo con una voz profunda e imponente—. Ja... es mejor que me liberes, mujer... si realmente valoras tu vida.

—¿Y cómo vas a hacerlo si te tengo dominado? —rió ella, apretando aún más las lianas—. Responde y tal vez te deje vivir.

—¿Te atreves a amenazarme, tú, una simple hembra humana? —replicó Jherka, forzando su cuerpo a levantarse entre el apretón—. Verás que estos trucos serán inútiles cuando me libere... y te devore.

Activó el sistema térmico del traje. Un calor intenso brotó de las placas, empezando a quemar las lianas.

—¡No tan rápido! —gritó Thamara—. ¡Restricción!

Un pulso de luz verdosa recorrió las lianas, envolviéndolas en un brillo que las hizo invulnerables al fuego. El traje de Jherka emitió un pitido agudo de sobrecarga. Bay-ohma se apagó al instante, dejando al invasor totalmente desprotegido.

—Otra vez esa fuente de energía... —murmuró Jherka, observando la luz que palpitaba sobre las plantas—. ¿Será eso a lo que llaman "magia"?

Frunció el ceño, por primera vez genuinamente desconcertado. Sin embargo, Jherka sonrió bajo el casco. Y activando una de las cuchillas diminutas, desde su muñeca las dirigió a puntos estratégicos en las lianas de una forma muy sutil e indetectable: cortes limpios, que facilitarían su escape, mientras él haría lo posible distrayéndola.

—¿Y bien? —dijo ella.

—¿Bien qué?

—¿Quién te envió?

—Ja, ¿crees que me importa lo que digas? Solo vi lo que hacías. No tiene nada de malo.

—No mientas. Eres uno de esos «héroes» que cazan brujas.

—¿Brujas y héroes? Esto se pone cada vez más raro —pensó Jherka—. Oye, no soy lo que llamas héroe, quedó claro... pero durante nuestra pequeña interacción, pasaste a incendiar tu propia casa por error.

(Mentira.)

Thamara se tragó el cuento y volteó instintivamente hacia la choza. Dio los segundos perfectos que Jherka necesitaba: las cuchillas retráctiles de su muñequera ya habían cortado las lianas clave. En un arranque de ira, se liberó por completo.

La bruja cayó de nuevo al suelo. Jherka la agarró con violencia por ambos brazos y la azotó contra la tierra. Thamara sintió cómo el aire se le escapaba de los pulmones en un jadeo ahogado.

Luego, sin piedad, usó las mismas lianas que lo habían apresado y las volvió contra ella, enroscándolas en su cuerpo en una atadura vergonzosa y provocativa que la dejaba expuesta e inmovilizada.

Ella forcejeó, pero él ya había ganado.

—Fuaa, eso estimulante, casi haces que muestre el 10% de mi poder humano, jeje, en fin, ahora voy a matarte. —Proclamo al acercarse a una inconsciente Thamara. Pero ella volvería en sí de golpe.

—¡Pero qué! Ay, no, se me ve todo. —Chilló al verse muy desprotegida y exhibicionista. —¡Tú! Bastardo pervertido, ¡suéltame en este instante!

Ella exclamó con gritos y reclamos tan fuertes que Jherka olvidó momentáneamente su idea inicial de ejecución. Tanta fue la molestia que recogió una de las mismas lianas y se la colocó en la boca como mordaza.

—A ver si te encanta esto —dijo con burla—. Por fin un poco de silencio... sí que tienes buenos pulmones.

Crujió su cuello al girarlo, relajando los músculos tensos por la pelea.

—Bien, quédate ahí. Iré a investigar tu hogar. Tal vez tome la fuente de tu poder y me largue de una vez.

Mientras ella forcejeaba desesperadamente, los gritos amortiguados vibrando contra la liana, Jherka se dirigió a la choza.

—Bay-ohma —dijo en voz baja—, creo que tengo algo que empieces a analizar.

Fin del capítulo.

More Chapters