El segundo día del examen amaneció distinto.
El aire era pesado.
No por el clima…
sino por la intención.
Los genin se reunieron frente a una inmensa reja de metal. Detrás, el Bosque de la Muerte se extendía como una boca abierta, lista para devorar a cualquiera que entrara sin preparación.
Un ninja del clan Nara avanzó al frente.
Alto, mirada cansada, expresión analítica.
—Soy Nara Seiji —dijo con voz firme—. Estaré a cargo de la segunda prueba.
El murmullo se apagó de inmediato.
—Aquí no hay preguntas.
No hay trampas mentales.
No hay segundas oportunidades.
Clavó la mirada en los presentes.
—En este bosque… si dudan, mueren.
Varios genin tragaron saliva.
—Cada equipo recibirá un pergamino. Tierra o Cielo.
Su objetivo es conseguir el opuesto y llegar a la torre central en cinco días.
Una breve pausa.
—Pueden robarlos.
—Pueden engañar.
—Pueden matar.
Esa última palabra cayó como un golpe.
Mitsu no se movió.
Así que empieza de verdad…
Cuando les entregaron el pergamino, confirmó lo esperado.
—Pergamino Tierra —murmuró.
Chiva lo apretó con fuerza.
—¿E-entonces tenemos que…?
—Conseguir el Cielo —respondió Mitsu—. Y volver vivos.
Antes de que las puertas se abrieran, se giró hacia su equipo.
—Hablen ahora —ordenó—. Fortalezas y debilidades.
Ryo dudó, pero habló.
—Tengo buen taijutsu… pero poco chakra.
—Puedo usar genjutsu básico —dijo Chiva—, pero si me presionan… me bloqueo.
Mitsu asintió.
—Bien. Yo me encargo del frente. Ustedes solo hacen lo que diga. Nada de heroísmos.
Ambos asintieron con nervios.
Mitsu no apartó la mirada del frente.
Demasiado silencio…
Demasiada gente observando sin hablar.
Recorrió el lugar con la vista sin llamar la atención.
Equipos formados al azar.
Genin de clanes.
Otros… como ellos.
Esto es el examen chūnin…
y los equipos débiles siempre cumplen el mismo rol.
Apretó los dedos lentamente.
No nos están mirando como rivales.
Nos están mirando como presas fáciles.
Miradas calculadoras.
Evaluaciones rápidas.
Gente midiendo fuerzas sin siquiera ocultarlo.
Tres ninjas civiles… sin apellido, sin respaldo, sin reputación.
Para muchos, somos el objetivo perfecto.
Respiró hondo.
Así funciona este examen.
Los fuertes cazan a los débiles desde el primer minuto.
Mitsu avanzó con la mirada atenta.
Bandanas distintas.
Ropas que no pertenecían a Konoha.
No vinieron solo a aprobar…
Vinieron a matar.
No dijo nada.
Desde ese instante, entendió algo importante: el examen ya había comenzado, incluso antes de que se diera la señal oficial.
Los más débiles serán cazados primero.
Ajustó la correa de su bandana sin que nadie lo notara.
Y nosotros estamos en esa lista.
Entonces—
Las puertas se abrieron con un estruendo metálico.
El sonido retumbó en todo el lugar, marcando el inicio real de la prueba.
Los equipos comenzaron a moverse de inmediato, dispersándose como animales liberados en un terreno de caza.
Avanzaron durante casi una hora, hasta que Mitsu encontró el lugar perfecto: un claro estrecho, rodeado de raíces gruesas y árboles altos que bloqueaban la visión.
Levantó el puño.
El equipo se detuvo.
—Escuchen —susurró—. Nos van a seguir. No ahora… pero lo harán.
Chiva tragó saliva.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque nos miraban desde que entramos.
Se agachó y dibujó rápidamente sobre la tierra.
—Cuando entren acá, bajarán la guardia.
Chiva: apenas aparezcan, lanzás la ilusión. Con que los confundas un segundo alcanza.
Ella asintió.
—Ryo, atacás al de la izquierda con todo. No frenes.
—¿Y vos?
Mitsu alzó el kunai.
—Yo voy por el tercero.
El tiempo pasó.
Minutos.
Luego…
Pasos.
Tres ninjas aparecieron entre los árboles.
—Qué suerte —rió uno—. Equipo de civiles.
Mitsu no respondió.
Cuando pisaron el centro del claro—
—¡Ahora!
—¡Genjutsu: Niebla Ilusoria!
Una distorsión cubrió el área.
—¿Qué mierda…?
Ryo gritó y cargó.
—¡AAAAH!
Su golpe impactó de lleno en el estómago del enemigo izquierdo.
Mitsu ya no estaba allí.
No fue un jutsu.
Fue velocidad.
Saltó entre ramas, usó el tronco como impulso y apareció detrás del tercer ninja.
—¿Eh?
No dudes.
El kunai atravesó.
Sangre.
El cuerpo cayó de rodillas antes de desplomarse.
—¡Fūton—!
El segundo enemigo lanzó el jutsu al ver morir a su compañero.
Mitsu rodó, se impulsó y lanzó tres kunai.
Uno falló.
El segundo rozó.
El tercero dio en el cuello.
El ninja cayó boqueando.
Solo quedaba uno.
Ryo respiraba con dificultad.
Chiva temblaba.
Mitsu apareció frente al último enemigo en un parpadeo.
—¿C-cuándo…?
Un golpe seco.
Taijutsu directo al mentón.
El cuerpo cayó inconsciente.
Mitsu no dudó.
Un movimiento final.
Silencio.
El bosque volvió a quedar quieto.
Chiva cayó de rodillas.
—Y-yo… yo nunca…
Ryo vomitó.
Mitsu observó los cuerpos.
Su primera batalla real.
Su primera sangre.
No sintió placer.
Pero tampoco arrepentimiento.
Así es este mundo.
Apoyó la mano sobre los cadáveres.
[Contacto confirmado]
[ADN obtenido – Genin enemigo]
[Semilla del Origen creada]
Entre sus pertenencias encontró lo que buscaban.
Pergamino Cielo.
—Tenemos lo necesario —dijo.
Chiva lo miró con miedo… y respeto.
—Mitsu… ¿vos ya sabías que esto iba a pasar?
Él apretó el pergamino.
—Sí.
Y continuaron hacia la torre.
