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Chapter 74 - DISNEY

AEROPUERTO DE FLORIDA

Después de varias horas de viaje, los tres Snape finalmente pudieron abandonar el avión.

Anya fue la primera en salir, caminando rápidamente por el pasillo mientras miraba todo a su alrededor.

—¡Llegamos!

León la siguió con una sonrisa.

Severus caminaba detrás de ellos, cargando parte del equipaje.

—No corras, Anya.

—¡Pero estamos en Florida!

—Seguimos estando dentro de un aeropuerto.

Los tres recorrieron los pasillos hasta llegar a la zona donde debían recoger sus pertenencias.

Después de recuperar sus maletas, Severus esperaba que finalmente pudieran dirigirse al exterior.

Sin embargo, Anya y León intercambiaron una mirada.

Severus frunció el ceño.

—¿Qué están tramando?

—Nada —respondió León demasiado rápido.

—Eso no fue convincente.

Anya tomó la mano de su padre.

—Vamos, papá.

—¿A dónde?

—A buscar unas cosas.

Severus suspiró.

—¿Qué cosas?

Anya no respondió.

Los condujo hasta una sección especial del aeropuerto.

Cuando llegaron, Severus se detuvo.

—No.

Anya sonrió.

—¡Sí!

—No.

León tomó una de las cajas que estaban esperando.

—Papá, solo tienes que recogerla.

Severus miró las cajas.

Después miró a Anya.

Luego volvió a mirar las cajas.

—Les dije que no.

Anya tomó una de ellas.

—Pero también son parte de la familia.

Severus cerró los ojos.

Ya sabía perfectamente a qué se refería.

Durante semanas, Anya le había insistido en que debían llevar a Silver y Bond con ellos.

Severus había respondido que no.

Anya había insistido.

Severus había vuelto a decir que no.

Incluso había intentado explicarle que llevar dos lechuzas durante un viaje internacional no era precisamente sencillo.

Y cuando finalmente había pensado que el asunto estaba terminado, Anya había encontrado un nuevo argumento.

Loki tampoco había querido acompañarlos.

El elfo doméstico había explicado que debía quedarse en Spinner's End para cuidar la casa.

Por lo tanto, Anya había llegado a una conclusión.

Si Loki no podía cuidar a las lechuzas durante el viaje...

Las lechuzas tendrían que ir con ellos.

Severus miró nuevamente las cajas.

—El aeropuerto no permitirá que transportemos lechuzas como si fueran equipaje común.

—Lo sabemos —respondió León.

Severus lo miró.

—¿Entonces?

León señaló las cajas.

—¿Y si las transformamos en animales que sí puedan viajar en el avión?

Severus quedó en silencio.

Miró la caja que sostenía León.

Después miró la que sostenía Anya.

Finalmente, se acercó y observó el interior.

Allí había dos gatos.

Uno en cada caja.

Severus entrecerró los ojos.

Reconocía perfectamente aquellas miradas.

Una de las criaturas maulló.

—Miau.

Severus se quedó inmóvil.

—No puede ser...

Anya abrazó la caja con cuidado.

—¡Mira, papá! ¡Silver está muy tranquilo!

El otro gato soltó un pequeño maullido.

León sonrió.

—Y Bond tampoco se está quejando.

Severus se llevó una mano a la frente.

—¿Ustedes transformaron a nuestras lechuzas en gatos?

León asintió.

—Solo temporalmente.

—¿Y quién realizó la transformación?

—Yo.

Severus lo miró fijamente.

—¿Tu?

—¡si, Y funcionó!

Severus observó nuevamente a Silver.

El gato lo miraba desde dentro de la caja con una expresión que, de alguna manera, parecía bastante parecida a la de una lechuza.

—Esto es absurdo.

Anya sonrió.

—Pero están con nosotros.

Severus suspiró.

—¿Y cuándo pensaban decirme que habían hecho esto?

León respondió con toda tranquilidad:

—Cuando ya estuviéramos en Florida.

Severus cerró los ojos.

—Por supuesto.

Anya soltó una risita.

—No te enojes, papá.

Severus abrió los ojos y miró a sus dos hijos.

Quería regañarlos.

Realmente quería hacerlo.

Pero entonces Silver volvió a maullar.

—Miau.

Severus suspiró.

—Está bien. Pero manténganse cerca de ustedes en todo momento.

—¡Sí!

—Y nada de volver a hacer transformaciones sin avisarme.

—¡Sí!

León sonrió.

—Entonces podemos llevarlos.

Severus tomó una de las cajas.

—Sí.

Miró al gato.

—Pero cuando regresemos a Inglaterra, volverán a su forma original.

Anya sonrió.

—¡Claro!

Los tres comenzaron a caminar hacia la salida del aeropuerto para dirigirse al hotel.

-------------

A la mañana siguiente, los tres Snape llegaron finalmente a Disney.

Desde el momento en que cruzaron la entrada, Anya parecía incapaz de quedarse quieta.

Miraba hacia todas partes con los ojos completamente abiertos.

—¡León, mira eso!

—Lo estoy viendo.

—¡Y mira aquello!

—También lo estoy viendo.

Severus caminaba detrás de ellos con las manos en los bolsillos.

—Recuerden que debemos permanecer juntos.

Anya tomó inmediatamente una mano de Severus y otra de León.

—¡Así no nos perderemos!

Severus miró sus manos.

—Supongo que funciona.

León sonrió.

—Entonces, ¿cuál será nuestra primera atracción?

Anya señaló una enorme montaña rusa.

—¡Esa!

Severus levantó la mirada.

—¿Esa es la primera?

—¡Sí!

—Podríamos comenzar con algo más tranquilo.

Anya negó con la cabeza.

—¡No!

León se rio.

—Papá, tú fuiste quien dijo que podíamos subir a todo.

Severus recordó sus propias palabras.

La primera montaña rusa terminó con Anya y León riendo a carcajadas.

—¡Otra vez! —gritó Anya.

—Hay muchas más —respondió León.

Severus bajó detrás de ellos intentando mantener la compostura.

Anya lo miró.

—Papá, estabas agarrado muy fuerte.

—Es una medida de seguridad.

—Yo también me agarré.

—Tú estabas gritando.

—¡Porque era divertido!

León se rio.

Anya comenzó a reír.

Después de la primera atracción, caminaron hacia otra zona del parque.

Anya vio un puesto de comida y se detuvo.

—¡Tengo hambre!

Severus miró el reloj.

—Acabamos de llegar.

—Pero las montañas rusas dan hambre.

León asintió.

—Tiene algo de sentido.

Severus los miró a ambos.

—Cinco minutos.

Anya sonrió.

Compraron algunos aperitivos y se sentaron en una mesa.

Anya comía mientras observaba el parque.

—Papá, ¿podemos comprar algo de recuerdo?

—Después.

—¿Cuándo?

—Cuando terminemos las atracciones.

—¿Todas?

Severus se quedó en silencio.

—No.

Anya sonrió.

—Entonces después de algunas.

León negó con la cabeza.

—Anya, estás negociando con él.

—Estoy aprendiendo.

Severus levantó una ceja.

—¿Aprendiendo de quién?

Anya señaló a León.

—De mi hermano.

León sonrió orgullosamente.

—Buena respuesta.

Después de comer, llegaron a una atracción mucho más tranquila.

Anya tomó asiento junto a Severus.

León se sentó detrás.

Mientras avanzaban, Anya miraba todo con fascinación.

—¡Papá, mira!

Severus siguió su mirada.

—Lo veo.

—¡Es precioso!

—Sí.

Anya sonrió.

—¿Te gusta?

Severus observó las decoraciones durante unos segundos.

—Es... interesante.

León intervino desde atrás.

—Eso significa que le gusta.

Severus giró la cabeza.

—No necesitas traducirme.

—Solo estoy ayudando.

Anya comenzó a reír.

Más tarde entraron a una tienda.

Anya quedó completamente fascinada.

Había juguetes, recuerdos, ropa y todo tipo de objetos relacionados con Disney.

—¡León!

—¿Qué?

—¡Mira esto!

Anya levantó un juguete.

León lo examinó.

—Está bonito.

Anya miró a Severus.

—Papá...

Severus ya sabía lo que venía.

—No.

—¡Pero ni siquiera he preguntado!

—Conozco esa mirada.

León soltó una carcajada.

—Papá ya está aprendiendo.

Anya volvió a mirar el objeto.

—Solo uno.

Severus suspiró.

—Está bien.

Anya sonrió ampliamente.

—¡Gracias!

Le dio un abrazo rápido.

Severus quedó inmóvil durante un instante.

—No conviertas esto en una costumbre.

León sonrió.

—Demasiado tarde.

Al salir de la tienda, Anya llevaba su nuevo recuerdo.

Pero entonces vio otra atracción.

—¡Esa!

Severus siguió la dirección de su dedo.

—¿Otra?

—¡Sí!

—Acabamos de salir de una tienda.

—Precisamente. Ahora podemos ir a esa.

León miró la atracción.

—Parece divertida.

Severus suspiró.

—De acuerdo.

Después de varias atracciones, los tres Snape decidieron hacer una pausa.

Anya caminaba entre Severus y León, mirando los diferentes puestos de comida.

De pronto se detuvo.

—¡Papá!

Severus siguió caminando un par de pasos antes de darse cuenta de que Anya ya no estaba a su lado.

—¿Qué sucede ahora?

Anya señaló un puesto.

—¡Quiero eso!

León miró hacia donde señalaba.

—Parece un helado.

—¡Exactamente!

Severus suspiró.

—Está bien.

Anya sonrió.

—¡Gracias!

Mientras esperaban, León observó los diferentes sabores.

—Creo que pediré uno de chocolate.

—Yo quiero uno de fresa —dijo Anya.

Severus miró la carta.

—Yo no quiero ninguno.

Anya lo miró sorprendida.

—¿No quieres?

—No.

—mira papa tienen sabor cafe —dijo Anya.

-_-

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