1. Un viaje de negocios sin viáticos
Eran las dos de la mañana en la tienda 444. Lin Mo estaba sentado detrás del mostrador, contando sus posesiones más preciadas: cinco dedos pálidos y cortados con precisión quirúrgica que descansaban en una caja de bombones.
—A ver, tengo cinco aquí y cuatro de saldo en la tarjeta de autobús... Nueve en total —murmuró Lin Mo para sí mismo—. El gerente dice que me dará uno al mes como "beneficio de empleado". ¿A este ritmo cuánto tardaré en jubilarme? ¿Acaso los dedos cotizan para la pensión en el inframundo? ¿O es que espera que algún día pueda montar mi propio rompecabezas humano?
De repente, su teléfono vibró sobre el mostrador. No era un mensaje de WhatsApp, sino una notificación roja que bloqueó la pantalla: [Cuenta regresiva para nueva copia de seguridad: 00:00:10].
—¿Otra vez? —Lin Mo se levantó de un salto—. ¿Este sistema me ha confundido con un repartidor de Glovo? ¡Me mandan de viaje de negocios forzado cada dos por tres y ni siquiera me pagan el kilometraje! ¡Esto es explotación laboral interdimensional!
00:00:00.
La realidad se dobló como una hoja de papel quemada. La familiar náusea de ser succionado por un retrete cósmico lo golpeó de lleno. Cuando abrió los ojos, el olor a salchichas de la tienda había sido reemplazado por un hedor rancio a talco viejo y laca para el cabello.
Estaba en una barbería antigua. Afuera, el clásico poste giratorio de rayas rojas y blancas estaba cubierto de telarañas y se negaba a girar. La luz parpadeaba con un tono verdoso enfermizo. Frente a él, un espejo gigante cubría toda la pared. Lin Mo se miró y sintió que se le helaba la sangre: su reflejo estaba allí, pero el espejo no mostraba su sombra.
—¿Una barbería? ¿He venido a cortarme el pelo o a que me corten la existencia? —pensó Lin Mo con ironía—. Y lo de la sombra... ¿significa que ya estoy muerto o es que el espejo tiene mal el contraste?
2. Reglas de etiqueta para no perder la cabeza
Como si leyera sus pensamientos, el panel grisáceo apareció flotando en el aire:
> [Copia de seguridad: La Barbería de Medianoche]
> Reglas:
> * No se siente en la silla roja junto a la ventana. Esa está reservada para el "último cliente".
> * Si su reflejo sonríe, cierre los ojos inmediatamente. No los abra hasta que el espejo recupere la calma.
> * Si el barbero le pregunta qué corte desea, debe responder: "Corte mis remordimientos pasados". Cualquier otra respuesta hará que le corte las orejas.
> * El reloj de la pared siempre marca las 11:45. No pregunte por qué.
> * Al salir, deposite una moneda en la caja de limosnas de la entrada. Si no tiene monedas... aún le quedan dedos.
> [Violar cualquier regla lo convertirá en "Modelo de Peinado" permanente (de los que no necesitan cabeza)].
>
Lin Mo tragó saliva. —¿Modelo de peinado sin cabeza? Eso es básicamente un maniquí calvo. Qué falta de respeto por la estética —pensó, mientras evitaba mirar la silla roja.
De reojo, notó algo en el espejo. Su reflejo, ese que no tenía sombra, empezó a curvar las comisuras de los labios de forma antinatural. No era una sonrisa de felicidad, era la sonrisa de alguien que sabe que vas a morir pronto.
Recordando la regla número dos, Lin Mo cerró los ojos con fuerza. Contó hasta diez, sintiendo el sudor frío bajar por su nuca. Al abrirlos, su reflejo volvía a tener su habitual cara de "estoy harto de la vida".
—Casi me manda al otro barrio mi propio optimismo —suspiró—. Definitivamente, sonreír es peligroso para la salud.
3. El barbero que cortaba el aire
En el centro del local, un hombre con bata blanca estaba de espaldas, trabajando sobre una silla de cuero. Sus manos se movían con agilidad, y el sonido de las tijeras clac-clac-clac llenaba el silencio sepulcral, pero solo estaba cortando el aire.
Lin Mo se acercó con cautela. El barbero se giró de golpe. Su rostro era una pesadilla: la mitad derecha era la de un joven lleno de vida, mientras que la izquierda estaba marchita y gris como la de un cadáver. El panel de información se activó:
> [Información del Difunto]
> Nombre: Maestro Chen.
> Causa de muerte: Infarto agudo de miocardio el día antes de jubilarse, tras 40 años de servicio. Murió en esa silla roja.
> Obsesión: Quiere cortarle el pelo a su hija por última vez. Ella siempre lo evitaba de niña porque decía que su estilo era anticuado. Mañana es su boda y él quiere que luzca perfecta.
> Recompensa: Habilidad o artículo aleatorio.
> [Pista: Su hija se casa mañana. Si no lo logra hoy, nunca descansará en paz].
>
—¿Cortarle el pelo a su hija? Qué執念 (obsesión) tan sencilla para alguien que parece la portada de una película de serie B —pensó Lin Mo—. Señor Chen, ¿dónde está su hija?
El barbero señaló una foto amarillenta en la pared. Era una niña con dos trenzas.
—Ella ya no viene... —susurró el Maestro Chen con una voz que parecía papel de lija—. Ella odia esta tienda. Odia que yo nunca estuviera en casa por trabajar.
—Otro drama familiar de los que no se arreglan con terapia, sino con una sesión de espiritismo —pensó Lin Mo—. Está bien, veré qué puedo hacer.
4. Una moneda de carne y hueso
El Maestro Chen sacó una invitación de boda de un cajón. La dirección estaba cerca. Lin Mo decidió ir a buscarla, aunque en este mundo distorsionado, "cerca" podía significar cualquier cosa.
Al llegar a la puerta para salir, recordó la regla cinco. Se palpó los bolsillos. Nada. Ni una moneda de cinco céntimos. Sin embargo, Lin Mo era un empleado precavido. Sacó un dedo de repuesto que llevaba en el bolsillo de la chaqueta (un "extra" que no estaba en su caja de bombones).
—Lo siento, amigo —le dijo al dedo antes de lanzarlo a la caja de madera—. Tú pagas el peaje.
[Saldo actualizado: 4 dedos en tarjeta + 5 en caja física. El dedo de reserva ha sido consumido].
Afuera no estaba la calle de la ciudad, sino un espacio retorcido donde los edificios parecían derretirse. Caminó siguiendo la dirección de la invitación hasta llegar a una capilla abandonada. Dentro no había rastro de una boda, solo una foto de una mujer vestida de novia junto a un Maestro Chen vivo. En el reverso de la foto decía: "Papá, te perdono".
Lin Mo comprendió entonces la amarga verdad: la hija no se casaba en el mundo de los vivos. Había fallecido un año atrás en un accidente. La "boda" era un evento en el plano espiritual que ocurriría mañana.
5. La última voluntad del Maestro Chen
Lin Mo regresó a la barbería y le entregó la foto al barbero. El Maestro Chen la tomó con manos temblorosas. Sus dos mitades de rostro, la joven y la vieja, lloraron al unísono.
—Ella me perdonó... me perdonó...
En ese momento, la puerta de la barbería se abrió con un chirrido. Una mujer joven, vestida con un velo blanco y translúcido, entró en el local. Era la hija de la foto. No dijo nada, solo se sentó en la silla frente al espejo.
—Papá, hazme el corte más bonito que sepas —susurró ella.
El Maestro Chen tomó sus tijeras de plata. Durante los siguientes minutos, Lin Mo fue testigo de una danza de metal y nostalgia. Aunque el cabello era humo y luz, el barbero lo manejaba con la precisión de un maestro. Al terminar, la hija sonrió, le dio un beso en la mejilla marchita y ambos empezaron a desvanecerse en una neblina blanca.
Antes de desaparecer, el Maestro Chen le tendió sus tijeras a Lin Mo.
> [Regalo del Difunto]
> Objeto: Las Tijeras del Maestro Chen (Uso único).
> Descripción: Unas tijeras que han trabajado durante 40 años. Pueden cortar cualquier "vínculo".
> Efecto: Permite cortar la conexión entre el usuario y una regla, un fantasma o una obsesión (puedes escapar de una restricción del sistema una vez).
> Nota 1: Úsalas con sabiduría, no tienen garantía.
> Nota 2: Están muy afiladas, no intentes cortarte las uñas con ellas.
>
—¿Cortar reglas? ¡Esto es oro puro! —pensó Lin Mo—. Mucho mejor que el muñeco sustituto. Aunque lo de "no usar conmigo mismo"... ¿tan mala cara tengo que el sistema piensa que quiero cortarme el cuello?
6. Galletas con sabor a misterio
Flash.
Lin Mo estaba de vuelta en la tienda 444. El olor a caldo de la máquina de oden lo recibió como un viejo amigo. Miró el reloj: 03:47 AM. Ni un minuto más, ni un minuto menos.
Abrió el cajón. Los cinco dedos seguían allí. Revisó su bolsillo: el dedo de reserva que usó en la barbería había desaparecido, tal como esperaba.
Su teléfono vibró de nuevo. Era un mensaje de WeChat del Gerente:
“Lin Mo, me han dicho que el Maestro Chen te dejó un buen recuerdo. Su técnica es impecable, ¿verdad? Por cierto, prepárate para la tarea de mañana.”
A Lin Mo se le erizó el vello de los brazos. —¿Cómo sabe dónde estuve? ¿Acaso me ha implantado un GPS en el cerebro? —tecleó rápidamente: “Gerente, ¿quién es usted realmente?”
La respuesta fue inmediata: “Solo un jefe que se preocupa por sus empleados.”
Seguido de otro mensaje: “El tipo del congelador me pide que te diga que la próxima vez que vayas a la barbería, le traigas algo de picar. Le gustan las galletas de dedo (Finger biscuits).”
Lin Mo se quedó de piedra mirando la pantalla. Lentamente, giró la cabeza hacia el congelador. La puerta se abrió apenas unos milímetros por sí sola. De la rendija salió una mano pálida y larga que sostenía, efectivamente, una galleta de chocolate con forma de dedo. La mano la agitó a modo de saludo y se retiró rápidamente, cerrando la puerta con un golpe seco.
Lin Mo se quedó en silencio tres segundos, abrió su caja de gyozas calientes, se comió una de un bocado y suspiró.
—Necesito terapia. O un aumento de sueldo. Probablemente ambas.
[Calificación de Lin Mo esta noche: 4 estrellas. Se resta 1 estrella porque los mensajes del jefe dan más miedo que los fantasmas. Se recomienda añadir servicio de asesoramiento psicológico para empleados].
[FIN DEL CAPÍTULO 5]
