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Synopsis
Sunan, quinto heredero de la familia más poderosa de Japón, vive solo en una mansión heredada de su abuelo, aislado del mundo y de sus propios padres. Su única compañía es María, su fiel sirvienta, y su piano, que guarda secretos que nadie más escucha. Cada viaje a Tokio para sus conciertos lo enfrenta a una ciudad brillante y despiadada, donde el peligro y los secretos acechan en cada esquina. Entre soledad, lujo y misterios, Sunan descubrirá que su vida está a punto de cambiar, y que nadie está preparado para lo que vendrá.
Table of contents
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Chapter 1 - Prolongó

Si tan solo…

Las luces se apagaron.

El estadio entero contuvo el aliento.

Un único reflector descendió lentamente, iluminando el piano negro en el centro del escenario.

Parecía un altar.

Y cuando sus dedos tocaron la primera tecla…

Lee Sunan desapareció.

No era el heredero.

No era el hijo olvidado.

No era la pieza estratégica de una familia poderosa.

Era música.

La primera nota tembló en el aire como un suspiro que llevaba años atrapado en su pecho.

La segunda fue una herida abierta.

La tercera… fue libertad.

Cerró los ojos.

Y el universo cambió.

Cuando tocaba el piano no estaba en la Tierra.

No estaba en esa mansión fría donde el eco era su única compañía.

No estaba en esa familia donde siempre era suficiente… pero nunca necesario.

Estaba en otro mundo.

Un mundo donde lo llamaban por su nombre con orgullo.

Un mundo donde el amor no era una obligación.

Un mundo donde no tenía que fingir que no dolía.

La melodía creció.

Y el estadio explotó.

—¡LEE SUNAN!

—¡LEE SUNAN!

—¡LEE SUNAN!

Su nombre no era un susurro.

Era un rugido.

Miles de luces brillaban como estrellas inclinándose ante él.

—¡TE AMAMOS, LEE SUNAN!

—¡TE AMAMOS!

—¡TE AMAMOS!

Su pecho se apretó con una fuerza insoportable.

Sonrió.

Ahí sí lo querían.

Ahí sí lo necesitaban.

Ahí sí era suficiente.

Terminó la última nota.

El silencio que siguió fue sagrado.

Y luego… el aplauso más grande del mundo.

Se puso de pie lentamente.

Observó ese océano de personas que gritaban su nombre como si fuera eterno.

Sus ojos brillaban.

Pero nadie vio la sombra detrás de esa luz.

—Gracias por amarme… —susurró.

Por un segundo deseó que el tiempo se rompiera.

Que el concierto nunca terminara.

Que pudiera vivir para siempre en ese instante.

Pero los conciertos siempre terminan.

En el camerino, su celular vibró.

"Llamada personal."

El nombre en la pantalla pesaba más que cualquier aplauso.

El eco del estadio aún retumbaba en su mente:

—¡LEE SUNAN!

—¡TE AMAMOS!

Sus dedos temblaron.

Rechazó la llamada.

No quería que esa voz lo devolviera al mundo donde era invisible.

La mansión lo recibió en silencio.

Oscura.

Fría.

Imponente.

Las puertas se cerraron detrás de él con un sonido definitivo.

El eco del público se desvaneció.

Allí nadie gritaba su nombre.

Allí nadie decía "te amamos".

Cuatro figuras lo esperaban.

Las mismas que prometieron quedarse.

Las mismas que juraron protegerlo.

Las mismas que decían comprenderlo.

El aire cambió.

Algo se rompió.

El tiempo dejó de avanzar con normalidad.

Uno de ellos levantó el arma.

Lee Sunan no retrocedió.

El disparo resonó en la mansión.

El impacto lo hizo inclinarse hacia atrás.

Bajó la mirada lentamente.

La tela de su ropa comenzaba a mancharse.

Sus dedos tocaron su abdomen con incredulidad.

Entonces sus piernas cedieron.

No cayó por miedo.

Cayó porque su cuerpo ya no podía sostenerlo.

El techo se veía distante.

Las sombras más profundas que nunca.

Levantó la vista.

Ellos seguían ahí.

Sin correr.

Sin gritar.

Solo mirándolo.

Lee Sunan alzó la mano con dificultad…

como si todavía estuviera sobre el escenario.

—Gracias… —susurró— por liberarme…

Una lágrima descendió silenciosa.

—Perdónenme… si no fui suficiente…

En su mente, el estadio volvió a rugir.

—¡TE AMAMOS, LEE SUNAN!

—¡TE AMAMOS!

Y entonces entendió algo.

Tal vez nunca fue suficiente para quienes tenía cerca.

Pero fue el universo para millones que jamás tocarían su mano.

Una sonrisa débil curvó sus labios.

No era una sonrisa feliz.

Era una sonrisa tranquila.

—Yo… también los amo…

Su mano descendió lentamente.

El silencio lo envolvió como una manta.

Y en algún lugar del mundo, miles de personas salían del estadio con lágrimas de felicidad, diciendo que había sido el mejor concierto de sus vidas.

Celebrando.

Sonriendo.

Guardando recuerdos.

Sin saber que, mientras ellos lo amaban con todo su corazón…

Él, por primera vez, se sentía libre.

Lee Sunan.

Si tan solo…

hubiera sido distinto.