Cherreads

Chapter 1 - Decision

Los restos de la Aguja Carmesí seguían cayendo como una tormenta de ruinas.

La torre, antes imponente y temida por todos los Soñadores de la Costa Olvidada, ya no era más que un cadáver de piedra quebrándose en su última agonía. Cada fragmento que se desprendía resonaba como un golpe de sentencia.

Y en su base, entre polvo, sangre y grietas ardientes, dos durmientes decidían el destino del otro.

O eso parecía.

Sunny había ganado.

Medianoche había trazado su arco final y el filo había abierto el abdomen de Nephis. La sangre brotó de inmediato, caliente, real, empapando la roca bajo su cuerpo. La había incapacitado. La había vencido en la Aguja Carmesí.

Pero no sintió alivio.

No sintió triunfo.

Solo un vacío amargo.

Había evolucionado en cada intercambio, adaptándose como una sombra viva, creciendo con cada herida. Sin embargo, incluso ahora, lo sabía.

Estrella Cambiante no caía así.

No ella.

Nephis yacía en el suelo, una mano presionando su herida, los dedos temblando mientras intentaba detener la vida que se escapaba de su cuerpo. Sunny la observó con una expresión cansada, casi ajena.

—Se acabó, Neph.

Ella alzó su rostro magullado, hermoso incluso cubierto de sangre y polvo.

—No… todavía puedo. Sé que puedo. Esto no ha terminado.

Sunny negó despacio.

—Se acabó. No puedes.

Su mirada se deslizó hacia el portal destellante. La salida. La libertad. El final de la maldita pesadilla.

Solo uno cruzaría.

Solo uno viviría.

El otro quedaría atrapado para siempre.

Un dolor crudo nació en su pecho y se expandió como fuego negro.

¿Por qué dolía?

Había luchado por esto.

Había sangrado.

Había sobrevivido a Gunlaug, al Señor Brillante, a Caster, al jorobado… a todos.

Era el último en pie.

Ni siquiera la última hija del clan de la Llama Inmortal había podido con él.

Estrella Cambiante.

Y aun así, algo se rompía dentro.

—Al diablo todo.

Sunny comenzó a caminar hacia el portal.

Detrás de él, Nephis dejó de intentar levantarse.

Lo vio avanzar encorvado por el combate, herido, exhausto, arrastrando su cuerpo hacia la salvación.

Un paso.

Dos.

La Aguja Carmesí se estremeció otra vez. La luz del sol agonizante se debilitó, como si el mundo mismo contuviera el aliento.

Sunny se detuvo.

Se giró.

Y en sus ojos de ónix apareció comprensión.

Regresó hacia ella con pasos inestables. Su sombra se alargó sobre el cuerpo de Nephis, cubriéndola bajo la luz moribunda. Se arrodilló frente a ella.

Y empezó a aplaudir.

Lento.

Rítmico.

Cruel.

—Felicidades, Neph. Casi logras engañarme.

Ella frunció el ceño, agotada.

—¿De qué hablas?

Las llamas blancas luchaban por sanar sus heridas, apenas conteniendo la muerte.

—Mientes —gruñó Sunny—. Casi me convences. Se te olvida quién te enseñó a mentir.

—Sunny… no sé de qué hablas.

La ira le subió como una ola oscura.

—¿Por qué lo hiciste?

¿Por qué dejaste de pelear?

—Nunca dejé de pelear…

Sunny negó bruscamente.

—De verdad que casi lo compro.

La torre crujió alrededor.

—Sé que puedes usar dos aumentos a la vez. Lo hiciste contra Gunlaug. Espada y cuerpo. Siempre lo haces. Cuando estabas herida, invocaste las llamas y te fortaleciste al mismo tiempo.

Su voz tembló de rabia.

—Pero contra mí solo usaste uno. Solo uno, Neph.

Silencio.

—Y en la cima de la Aguja… pudiste cortarme el brazo. Era la victoria inmediata. Pero no lo hiciste. Elegiste golpearme con la hoja plana.

Sus ojos ardían.

—Tú no cometes errores así.

Ella apartó la mirada.

—Nunca quisiste ganar —escupió Sunny—. Nunca.

El dolor le apretó la garganta.

—Y lo peor… me esperaste en la torre. Pudiste ir al portal en cuanto descubriste el Conducto del Alma. Pudiste salvarte sin mí.

Su voz se quebró.

—Pero me esperaste.

Sunny gritó:

—¿Por qué fingiste ir con todo contra mí si planeabas perder desde el principio?

El silencio pesó como una condena.

—Quizás… porque también estoy lejos de casa —susurró Nephis.

Sunny la miró con incredulidad.

—¿Eso es todo lo que tienes?

Ella sonrió débilmente.

—Vete, Sunny. Esta torre no durará mucho.

Las llamas se intensificaron, sanándola otra vez.

—¡Ni hablar! Dime la verdad.

—Porque si no peleaba contigo… no te irías.

Se giró de espaldas.

—Creé una situación donde pudieras ser despiadado. Donde me dejaras atrás.

Cada palabra fue una cuchillada.

—¿Por qué condenarte para salvarme? —rugió Sunny—. ¿Qué pasó con tu maldito objetivo?

Ella lo miró con tristeza.

—¿Solo tú puedes cambiar?

Las llamas blancas ardieron como un sol.

—Voy a destruir el Hechizo. Pero no sacrificando quién soy. Abandonarte sería convertirme en aquello que odio.

Sunny sintió algo romperse.

No alivio.

No comprensión.

Traición.

Había sido una batalla falsa.

Un teatro.

Ella había decidido su destino desde el principio.

—Entonces vete —dijo ella—. ¿Por qué dudas?

Sunny apretó los puños temblando.

—Porque me importas, idiota.

El portal crujió. Las runas se fracturaban.

—Déjame, Sunny…

—No quiero.

El silencio se volvió insoportable.

Sunny se giró.

—Si tanto te gusta este lugar… quédate.

Caminó hacia el portal.

Cada paso dolía más que cualquier herida.

Justo antes de cruzar, se volvió.

—Neph… yo también me quedo.

Las sombras envolvieron su espada.

Y golpeó el marco del portal.

La luz chilló.

—¡Detente! —gritó ella—

¡Perdido de la Luz!

El mundo se quebró.

El portal colapsó.

En lo profundo del alma de Sunny algo despertó, como cadenas cerrándose con un chasquido eterno.

Nephis invocó sus runas con manos temblorosas.

[Esclavo: Perdido de la Luz]

Sunny miró con horror.

—¿Cómo…?

La Aguja se derrumbaba.

—¡Corre!

Sunny la tomó de la cintura, saltó al vacío e invocó Alas Oscuras.

La torre murió detrás de ellos.

Cuando aterrizaron, solo quedaron ruinas.

Silencio.

Entonces Nephis sintió la furia crecer en su mar de almas.

Traición.

Amargura.

Sunny murmuró algo.

Ella no necesitó escucharlo.

—Cassie me lo dijo.

El polvo todavía flotaba en el aire cuando la Aguja Carmesí terminó de morir.

Fragmentos incandescentes se desplomaban a lo lejos como meteoros cansados, y el viento arrastraba ceniza y ecos de piedra rota. Donde antes se alzaba la torre del terror, ahora solo quedaba un cráter de ruinas.

Sunny respiraba con dificultad.

Cada músculo gritaba.

Cada herida ardía.

Pero nada dolía tanto como el hueco que Nephis había abierto en su pecho.

Ella permanecía de pie unos pasos más allá, observándolo en silencio. La furia que había surgido en su mar de almas se mezclaba con algo peor: culpa.

Sunny se dejó caer de espaldas contra una roca partida.

—Cassie me lo dijo…

Las palabras salieron sin fuerza.

Nephis cerró los ojos.

Por un instante, el resplandor de sus llamas tembló.

—Sí.

Sunny giró la cabeza bruscamente.

—¿Desde cuándo?

Ella tardó en responder.

—Desde antes de la Aguja.

El silencio volvió a estirarse como una cuerda a punto de romperse.

—Explícate —gruñó Sunny.

Nephis inhaló profundamente.

—Cassie no ve el presente como nosotros. Ve fragmentos. Caminos posibles. Finales rotos. Al principio solo eran sombras confusas… pero después del Castillo Brillante empezaron a volverse más claros.

Sunny apretó los dientes.

—¿Y en uno de esos futuros… yo decía mi Nombre Verdadero?

Ella asintió lentamente.

—No lo escuchó con sus oídos. Lo vio escrito en tu alma.

Sunny sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Cuándo?

—En una visión donde morías.

El mundo pareció inclinarse.

—Siempre morías defendiendo a alguien —continuó Nephis en voz baja—. A veces a mí. A veces a cassie. Pero justo antes de desaparecer… tu Nombre Verdadero ardía como una herida de luz.

Sunny rió sin humor.

—Genial. Hasta mis muertes son útiles.

Nephis bajó la mirada.

—Cassie no quería decírmelo.

—Pero lo hizo.

—Porque vio este momento —susurró—. Vio la Aguja cayendo. Vio el portal rompiéndose. Vio el vínculo formarse.

Sunny cerró los ojos con fuerza.

—¿Y aún así me usaron?

—No —corrigió ella con firmeza—. Cassie quería advertirte. Decirte que huyeras antes de que esto ocurriera.

—Pero tú no la dejaste.

Nephis guardó silencio.

Eso fue respuesta suficiente.

—Lo necesitaba —dijo al final—. No para esclavizarte… sino porque sabía que intentarías destruir el portal. Y sabía que yo no sería capaz de detenerte.

Sunny abrió los ojos lentamente.

—Entonces todo estaba planeado.

—No todo —respondió ella con amargura—. Pero este final… sí era una de las posibilidades.

—¿Una de?

—En otras morías tú.

En otras yo.

En algunas, ambos.

La noche pareció volverse más pesada.

—Esta era la única donde los dos sobrevivíamos.

Sunny tembló.

No de miedo.

De rabia.

—¿Así que mi libertad era el precio de la supervivencia?

—Sí.

El silencio volvió a caer.

Solo el crujido distante de las ruinas rompiéndose terminaba de morir.

Sunny se incorporó lentamente.

Sus ojos oscuros ya no ardían… estaban vacíos.

—Me robaste la elección.

Nephis apretó los labios.

—Te salvé la vida.

—A costa de convertirla en una cadena.

Ella dio un paso hacia él.

—Sunny…

—No —la cortó—. No lo justifiques.

Su voz tembló por primera vez.

—Peleé contigo creyendo que luchábamos en igualdad. Crecí contigo. Sangré contigo. Y todo era una obra donde tú ya habías decidido perder.

Las sombras a su alrededor se agitaron inquietas.

—Eso es traición, Neph. Aunque tenga buenas intenciones.

Ella cerró los ojos.

—Lo sé.

—¿Y Cassie? —preguntó con veneno—. ¿Ella también decidió que yo debía ser esclavo?

—Cassie lloró cuando lo vio —susurró Nephis—. Suplicó que no dejáramos que pasara. Pero también vio que, si cambiábamos ese momento, tú no salías con vida.

Sunny soltó una risa rota.

—Qué bonito. Me encadenaron por amor.

Nephis alzó la vista, con lágrimas brillando como fuego blanco.

—Prefería que me odiaras a enterrarte.

El viento pasó entre las ruinas como un lamento.

Sunny no respondió de inmediato.

Cuando lo hizo, su voz fue baja.

—No te odio.

Eso pareció dolerle más.

—Pero tampoco puedo confiar en ti ahora.

Nephis asintió lentamente.

—Lo entiendo.

El vínculo en sus almas latía, pesado, irreversible.

Dos supervivientes.

Unidos por una cadena que nunca pidieron.

Y muy por debajo de la rabia, del dolor y de la traición…

Sunny entendió algo peor:

Cassie no solo había visto su Nombre Verdadero.

Había visto su destino.

Y este… apenas comenzaba.

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