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Chapter 23 - Capítulo 23: El Destello que no se Ve

El bosque era silencioso.

Una zona neutra, usada por ninjas para descanso, entrenamiento… y distracción.

Mitsu caminó entre los árboles hasta un claro apartado, lejos de miradas.

Respiró hondo.

—Bien… veamos qué heredé realmente.

Activó el chakra.

No abrió completamente sus ojos.

Solo lo justo.

El mundo cambió.

No se volvió rojo.

No apareció ningún brillo extraño.

Pero todo… se alineó.

Distancias.

Ángulos.

Sombras.

Sintió algo nuevo.

No era velocidad pura.

Era momento.

El instante exacto en el que el cuerpo debía desaparecer.

Mitsu dio un paso.

Y ya no estaba ahí.

Apareció tres metros más adelante.

Sin sonido.

Sin distorsión.

—…Así que esto era.

El parpadeo.

No un jutsu formal.

No un shunshin común.

Era un movimiento tan perfecto que el enemigo simplemente perdía la referencia.

Probó otra vez.

Y otra.

Entrar.

Salir.

Desaparecer entre sombras.

Era exactamente como lo recordaba de los relatos.

Las habilidades pupilares estaban ahí.

Pero no dependía de ellas.

Shisui no era temido solo por sus ojos.

Era temido porque nadie sabía cuándo ya estaba detrás tuyo.

Satisfecho, Mitsu cerró su chakra ocular.

Luego entrenó normalmente.

Taijutsu.

Golpes limpios.

Control.

Resistencia.

Dos días pasaron así.

Hasta que una voz lo interrumpió.

—Mitsu.

Era uno de sus compañeros de equipo Akemi.

—El capitán recibió una nueva misión.

Mitsu asintió.

—Vamos.

Mientras caminaban, hablaron poco.

Al llegar al punto de reunión, Tetsu ya estaba allí.

También el resto del equipo.

—Misión confirmada —dijo el jōnin—. Rastreo y eliminación.

Extendió el pergamino.

—Objetivo: supuesto chūnin fugitivo de la Aldea del Relámpago. Infiltrado en la Tierra del Fuego.

—¿Nivel? —preguntó Akemi.

—Chūnin… según la información.

Mitsu no dijo nada.

Solo escuchó.

Partieron de inmediato.

Cuatro días de rastreo.

Huellas falsas.

Sellos cortados.

Señales demasiado limpias.

El quinto día, lo encontraron.

Un claro rocoso.

Cinco presencias.

Demasiadas.

—…Esto no es un chūnin —murmuró Ryo.

Y entonces ocurrió.

El chakra explotó.

Tres presencias pesadas emergieron del bosque.

Dos más cerraron la retirada.

—Emboscada —dijo Tetsu sin levantar la voz.

Tres jōnin.

Dos chūnin.

El supuesto fugitivo sonrió.

—Cayeron completo.

Tetsu dio un paso adelante.

Miró a Mitsu.

Mitsu ya había entendido.

—Ryo, Akemi —dijo con calma—. Peleen con todo contra los chūnin.

Ambos tragaron saliva… y asintieron.

—Capitán —continuó Mitsu—. Yo me encargo de dos.

Tetsu sonrió apenas.

—Entonces yo tomo al tercero.

El combate explotó.

Mitsu se movió primero.

No abrió los ojos.

No los necesitaba.

Un genjutsu rápido envolvió a uno de los jōnin.

No ilusión compleja.

Solo una distorsión de percepción.

Un error de medio segundo.

Al mismo tiempo, Mitsu lanzó una gran bola de fuego.

El segundo jōnin saltó para esquivarla.

Justo lo que Mitsu quería.

El tercero ya estaba enfrentando a Tetsu.

Mitsu desapareció.

No con shunshin.

No con técnica visible.

Simplemente… dejó de estar.

El primer jōnin rompió el genjutsu y giró—

pero Mitsu ya estaba a su costado.

Un golpe seco al nervio del brazo.

El chakra se cortó.

—¿Cuándo…?

Patada al pecho.

El cuerpo voló contra una roca.

El segundo jōnin atacó con raiton.

Mitsu avanzó directo.

Atravesó el rayo antes de que terminara de formarse.

Taijutsu puro.

Precisión.

Un corte limpio en la pierna.

El jōnin cayó de rodillas.

Mitsu apareció detrás.

Golpe al cuello.

Inconsciente.

El primero intentó levantarse.

Mitsu no corrió.

Parpadeó.

Apareció frente a él.

Kunai al corazón.

Silencio.

Todo ocurrió en segundos.

Desde lejos, nadie lo vio claramente.

Solo movimientos confusos.

Sombras.

Cuando Tetsu terminó con su enemigo, giró…

y vio a Mitsu ya quieto.

Respiración estable.

Dos cuerpos a sus pies.

El jōnin no dijo nada.

Solo asintió.

Entonces Mitsu miró a sus compañeros.

Uno de los chūnin aún seguía peleando.

Mitsu apareció detrás de él.

Un golpe.

Luego otro.

El enemigo cayó.

Ryo y Akemi respiraban agitados.

—G-gracias… —dijo Ryo.

Mitsu solo asintió.

El combate terminó.

El bosque volvió al silencio.

Tetsu observó el campo unos segundos.

—Buen trabajo —dijo finalmente—. Reagrupen. Revisen heridas.

Mientras nadie miraba, Mitsu se agachó.

Un cabello.

Una gota de sangre.

Suficiente.

Nadie lo notó.

La misión había terminado.

Pero Mitsu sabía algo con absoluta claridad:

cada combate lo acercaba más…

no al poder.

Sino al punto donde ya no podría seguir ocultándose.

Y ese día… aún no había llegado.

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