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Chapter 6 - Desobediencia

Capítulo 6

21 de junio del año 2445 D.C. – 11:17 a.m.

—Señor Kaptein, Mikaela decidió desobedecer las órdenes y escapar de la barrera. En el caso de que regrese con vida, será condenada a ejecución por violar la Ley del Equilibrio y la Ley de la Sangre —dijo el Mediador Supremo con voz fría y carente de emoción.

Kaptein permaneció en silencio.

El salón del consejo estaba iluminado por una luz blanca artificial que no proyectaba sombras. Aun así, el peso de la decisión parecía oscurecerlo todo. El Estratega Supremo observaba una proyección holográfica: la grieta por la que Mikaela había salido. Un punto rojo parpadeaba… y luego se apagaba.

—¿Confirmación visual? —preguntó el Guerrero Supremo.

—Perdida —respondió un técnico—. El Centro del Mundo interfiere con todo sistema de rastreo.

Kaptein apretó los puños lentamente.

—Está bien —dijo al fin—. La ley es clara. No hay defensa posible.

El Mediador asintió.

—Entonces queda registrada como traidora en potencial. Si vuelve… deberá ser ejecutada.

Un silencio incómodo se apoderó de la sala.

—¿Nada más que agregar, Kaptein? —preguntó el Estratega.

Kaptein tardó unos segundos en responder.

—Sí. —Alzó la mirada—. Que nadie intente seguirla.

—¿Por compasión? —ironizó el Guerrero Supremo.

—No. —Kaptein giró levemente la cabeza—. Porque si sigue viva… el Centro del Mundo ya la está cambiando.

Nadie respondió.

Lejos de la barrera, bajo un cielo de nubes tóxicas y relámpagos verdes, Mikaela yacía entre escombros ennegrecidos. Su cuerpo estaba cubierto de heridas recientes. La caída había sido brutal.

Tosió sangre.

Intentó moverse… y gritó.

El suelo vibró. No por bestias. No por tormentas.

Algo más profundo.

—Así que este es… el infierno… —susurró, forzándose a ponerse de rodillas.

El aire quemaba los pulmones. Cada respiración era como inhalar vidrio. A lo lejos, estructuras retorcidas emergían de la tierra, restos de ciudades fusionadas con carne y metal. Cadáveres antiguos… humanos y bestias, indistinguibles.

Mikaela apretó los dientes.

—Shi… —murmuró—. No voy a morir aquí.

Una sombra se movió.

No atacó.

Observó.

Desde lo alto de una estructura colapsada, unos ojos brillaron tenuemente.

El Centro del Mundo había notado su presencia.

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